jueves, 13 de abril de 2017

Este valle de nieblas

Recargando vida interior
Los periodos de sequedad espiritual por los que pasaban muchos místicos me han consolado siempre de mi insensibilidad ante ciertos hechos espirituales que conmocionan y extasían a muchas personas. Bueno, por decirlo de otra manera, que en lo que viene siendo mi ser predomina mucho más lo corporal que lo espiritual. También lo achaco a que casi carezco de vida interior. Esto le pasa a más gente pero pocos lo confiesan e, incluso, hay algunos que fingen unos deliquios que realmente no sienten. Y no me refiero sólo a los cofrades, costaleros y señoras con mantilla de las procesiones que se transfiguran cuando  los enfocan las cámaras de Canal Sur  y ponen caritas de arrobo. La misma cara  se me debe de poner a mí  con la copa Gadea de Los Italianos, a la que mi querida y añorada Cecilia  consintió, a regañadientes, que la rebautizara ocasionalmente como “Tetillas de novicia”, porque se compone de dos bolas de helado de vainilla, coronadas por dos sangrantes guindas que le dan al conjunto un aire perversamente monacal y deliciosamente vampírico. Pero este fingimiento de profunda y arrebatada espiritualidad costalera, que yo nunca alcancé, si no es a través de placeres corporales, es muy parecido al que simulaba Max Weber, el padre de la sociología moderna, que decía derretirse oyendo música clásica o viajar al norte de Italia para “entregarse por completo a la profunda devoción de los cuadros con fondo de oro”.  Sufrí una gran desilusión y, paradójicamente, un gran consuelo cuando me enteré de que el sociólogo alemán tenía la sensibilidad de un marmolillo, aunque sí se conmovía bastante, al igual que este bloguero, ante una pinta de cerveza y entendí los arrebatos místicos de costaleros  y cofrades después de oír a uno de ellos comentarle a su novia que lo de llevar pasos era su hobby. Las creencias, los hobbies, no deben ser discutidos. Cada uno se arregla como puede en este valle de nieblas. Pero si se vuelven -creencias y/o hobbies- expansivos, colonizadores, misioneros, imperialistas, exterminadores, excluyentes arrogantes, pueden molestar. Aborrezco que se hable de que hay que respetar las creencias ajenas. Más que respetuoso hay que ser daltónico. Pasar de ellas. Siempre que no sean absolutas. Que no ocupen ciudades, obstruyan la circulación, se vuelvan violentas, al saberse fuertes y respaldadas por mucha gente; me asustan un poco, sobre todo, cuando apabullan a otros hobbies y tienden a arrasarlos. La Semana Santa es muy positiva, da de comer a media Andalucía y, gracias a ella, los jóvenes desfogan.  Y además si entramos en alguna de las guerras de Trump, seguro que a los costaleros les convalidan el periodo de instrucción. Yo, he de confesarlo también tengo un hobby: los rotuladores de tinta indeleble de dos puntas, pero no teman, no pienso ponerlos a todos ustedes a dibujar con ellos. Sigan a lo suyo.

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