martes, 27 de diciembre de 2016

Epílogo


Epílogo: Recapitulación de lo dicho en un discurso o en otra composición literaria o de lo realizado en una etapa de la vida.

No debe de ser tan malo esto de la ENSEÑANZA, si uno llega a los sesenta años con ganas de dar la última lección del curso ‘con la brillantez que le caracteriza’ y si no impide que vosotros, alumnos y alumnas de 2º Curso de Bachillerato del Instituto Miguel de Cervantes, de Granada,  hayáis llegado hasta aquí  incólumes, casi intactos, tan hermosos que no me queda más remedio que decir con vuestro conocido Jaime Gil de Biedma:

A qué vienes ahora,
juventud,
encanto descarado de la vida?
¿Qué te trae a la playa?
Estábamos tranquilos los mayores
y tú vienes a herirnos, reviviendo
los más temibles sueños imposibles,
tú vienes para hurgarnos las imaginaciones.

Resiliencia llaman los físicos a la resistencia de un cuerpo a la rotura por golpe. La resiliencia es la que consiente que estéis hoy aquí oyéndome, tan lindos y contentos e inconsciencia , llaman los psicólogos al hecho de que yo, que ya debería de haber aprendido a callarme, tenga aún ganas de hablaros.
            Porque yo, ahora, tendría que estar, si no triste, al menos preocupado porque a partir de ahora, voy a perder el lazo más vivo de contacto con la realidad , el contacto con vosotros. Y, además, a quién contaré a partir de ahora las última tontería que se me ocurra. Nunca tendré un publico tan paciente y agradecido como vosotros. Además quiero confesaros una cosa, que tendréis que olvidar si no queréis tener problemas con vuestros profesores en el futuro, ellos os deben a vosotros mucho más que vosotros a ellos. Las ideas más brillantes, más productivas se les ha ocurrido mientras os daban clase. No lo olvidéis.
            La retórica llama a esto que he leído hasta aquí: Prólogo.  En el que la figura más sobresaliente del hablar en público utilizada ha sido la “captatio benevolentiae”, para conseguir que me atendáis con benevolencia y sin ira.
¿Pero cómo seguir ahora? En el prólogo del Quijote, Cervantes recibe los consejos de un buen amigo sobre cómo se han de componer  los prólogos, pero de epílogos, que yo sepa, Cervantes no dice nada.
Se me ocurre que tendría que daros algún consejo para cuando abandonéis este nido pedagógico que os ha acogido hasta ahora, pero en la novela de Nikos Kazantzakis, Zorba el griego (1946), aprendí que no hay que dar consejos a nadie, si no está uno dispuesto a estar disponible siempre que el que los recibe lo necesite. Por tanto me contentaré con deciros, si me quiero poner sentimental, aquello que Luis Goytisolo escribió para su hija Julia:



PALABRAS PARA JULIA
 (José Agustín Goitisolo)

 Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante un muro ciego.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida y sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en tí como ahora pienso.

Un hombre sólo una mujer
así tomados de uno en uno
son como polvo no son nada.

Pero cuando yo te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otros hombres.

Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en tí como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.





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Un buen profesor, hijo del Mayo francés, que sin embargo, no estaba en París, en aquella ocasión, sino haciendo la mili en la marina, en Madrid, que como todo el mundo sabe es puerto de mar, no puede despedir a sus alumnos sin un poquito de CARPE DIEM, este tópico tiene parte de la culpa de la situación en que se encuentra ahora la enseñanza. El profesor progre, asqueado de la educación represiva del franquismo, hacía de policía bueno del sistema escolar y mientras que la institución le mantenía a los alumnos sentaditos y atentos en las sillas del aula, los adoctrinaba para la vida y para la revolución haciéndoles ver con Salvatore Quasimodo que Ognuno sta solo sul cuor della terra, trafitto da un raggio di sole, ed é subito sera. Por lo que había que coger las rosas de la vida, como Góngora aconsejaba en su letrilla:

Por eso, mozuelas locas,
Antes que la edad avara
El rubio cabello de oro
Convierta en luciente plata,
Quered cuando sois queridas,
Amad cuando sois amadas,
Mirad, bobas, que detrás
Se pinta la ocasión calva.

Hoy los profesores progres, han tenido que hacer también de policías malos y enfrentarse con al la agreste pubertad no socializada y sacar sus peores maneras autoritarias para hacer frente a la situación. Y hemos renunciado, a enseñar, adaptándonos a la fuerza al papel de guardianas de la lene juventud, a la que a partir de que salen del Instituto, educa el mercado, que no admite ni malas formas, ni réplicas, ni insumisiones.
            Este epílogo tenía que tener, también, su poquito de tono apocalíptico. Pero en el fondo de la caja de Pandora, está la esperanza. Porque vosotros educaréis a vuestros hijos con más seriedad de la que hemos empleado nosotros en educaros y posiblemente perfeccionéis la idea de egoísmo inteligente que tan poco practican las grandes potencias y sus lacayos, enseñando a la nuevas generaciones que la felicidad plena se alcanza cuando la mayor parte de tus contemporáneos son felices y pueden vivir dignamente.
            Tan mal veía yo la conclusión de este epílogo y tan metido me veía en moralismos, con olor a moralina  que hube de pedir, como Cervantes, ayuda a un buen amigo para concluirlo. Y el hombre me aconsejó que os leyera un texto de miedo y esperanza que redacté hace muchos años en el que contemplaba con preocupación el principio de un nuevo curso académico. Pensaba entonces que :
De entre tantos intereses, de entre tantos agentes sociales, como se reúnen en torno a la Escuela, sobresalen, como cimas del plegamiento educativo que se consuma en septiembre, los profesores y los alumnos a los que, tras la conmoción inicial, en la que todos participamos, apagados los focos de la atención pública, dejamos solos, cara a cara, como a esos amantes nuevos que se adentran trémulos y asustados en un laberinto del que no saben con qué estigmas prodigiosos o indeseables saldrán a luz del desamor o de la vida.

Y también me indicó mi buen amigo, que este poema de José Carlos Rosales , tan músico y peregrino, podría muy bien servir de colofón a tantos años de relación con los jóvenes. Ellos y yo hemos sido:

Como débiles bolas de billar
que se rozan despacio, levemente,
y se alejan después, y quedan quietas
esperando el final de la partida.
Distantes y acercándose, midiendo
la distancia, las horas, el peligro,
los amantes se alejan o se atraen
como dóciles bolas de billar
que rozaran con miedo la fortuna.

Gracias (lágrimas abundantes). 

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