jueves, 6 de octubre de 2016

Rousseau y los relatos


HACÍA tiempo que no oía a nadie meterse con Rousseau. Me dicen que Pérez Reverte, en su última novela, Hombres buenos, lo llama hipócrita. Es bastante menos de lo que le llamó José Antonio Primo de Rivera en el teatro de la Comedia de Madrid, el 29 de Octubre de 1933. Según le escuché en la adolescencia a mi hermano el mayor, uno de sus profesores de Derecho de la Universidad de Granada, comenzaba sus clases con este fragmento del discurso del fundador de la falange: "Cuando, en marzo de 1762, un hombre nefasto, que se llamaba Juan Jacobo Rousseau, publicó El contrato social, dejó de ser la verdad política una entidad permanente (…) Juan Jacobo Rousseau vino a decirnos que la justicia y la verdad no eran categorías permanentes de razón, sino que eran, en cada instante, decisiones de voluntad", de los votantes. De mis hermanos mayores no sólo se me pegó algo de Derecho, también solían recitar frases en latín para deslumbrarnos. Porque hace ocho o nueve Leyes de Educación, no había reválida ni PREU ni COU, había algo más fuerte que se llamaba "Examen de Estado". Y los alumnos que quería aprobarlo, tenían que saber latín y griego y matemáticas y física y ciencias naturales. Me han venido a la mente unos versos de Ovidio que le confirmarían a Pedro Sánchez que lo que le está pasando ahora con muchos de sus amigos, le ha sucedido de siempre al perdedor. Subiendo por el barranco de las Adelfas, en el otro lado del Genil, en Cenes, oí por primera vez a uno de los mayores recitar en latín algo que nos tradujo al momento, debajo de un pino, a los menores. Lo que dijo Ovidio, más o menos, es que cuando eres afortunado y poderoso, se te pegan multitud de amigos, pero que si el tiempo se nubla, y pierdes el poder o la fortuna, te quedas más sólo que la una. Las familias numerosas tenían sus ventajas para los chicos. Socializabas rápido, si no querías quedarte sin pipirrana, pan o amor. Los hermanos mayores, o más brillantes, lideraban el grupo. Te preparaban para la vida pero, también te tiranizaban. Por eso me encantó a mí, el quinto de nueve hermanos, saber por mi profesor de filosofía de PREU que había alternativas a la tiranía y a la monarquía. Este texto de Rousseau, que nos leyó en clase, me hizo comprender por qué el fascista Primo de Rivera lo consideraba nefasto: "Un defecto esencial e inevitable que hará siempre inferior el gobierno monárquico al republicano, es que en éste el VOTO popular casi siempre lleva a los primeros puestos a hombres esclarecidos y capaces, que hacen honor a sus cargos, en tanto que los que surgen en las monarquías no son a menudo sino chismosos, bribonzuelos e intrigantes, talentos mediocres que una, vez en el poder, no sirven sino para demostrar al público su ineptitud". "Casi siempre", afirma Rousseau, no siempre. Porque puede suceder, como pasa ahora en España, que los bribones, los tramposos, los ladrones y los mediocres hayan sido entronizados por los votos. Y es que la condición humana no deja de darnos malos ratos.

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