jueves, 4 de junio de 2015

Los virgos zurcidos


El valor del virgo va más allá de su delicada textura de tegumento. El virgo es una de esas poderosas metáforas que, arraigadas en el inconsciente colectivo,  tienen más fuerza de realidad que lo que nombran. Alguien, antes del descubrimiento del ADN y del código de barras, encontró que el virgo servía de marca de propiedad, de precinto de lo no usado e intacto. También de llamada. De rótulo que informaba de que el cuerpo de la mujer era tierra de conquista y colonización. Todo eso es el virgo y mucho más. También es literatura, en la Celestina, uno de cuyos oficios, como informa Pármeno, el criado de la vieja alcahueta, a Calixto,  está relacionado con el himen: “Esto de los virgos, unos hacía de vejiga y otros curaba de punto. Tenía en un tabladillo, en una cajuela pintada, unas agujas delgadas de pellejeros e hilos de seda encerados y colgadas allí raíces de hojaplasma y fuste sanguino, cebolla albarrana y cepacaballo. Hacía con esto maravillas; que, cuando vino por aquí el embajador francés, tres veces vendió por virgen una criada que tenía”. Pero, ¡si fuera sólo esto! ¿A qué se refiere, sino al virgo, San Juan de la Cruz cuando en su poema “La llama de amor viva”? Allí, nos dice, sin decírnoslo: “¡Oh llama de amor viva / que tiernamente hieres /de mi alma en el más profundo centro! / Pues ya no eres esquiva /acaba ya si quieres, / ¡rompe la tela de este dulce encuentro!”. Pero es Cervantes, sin apartarnos del ámbito de la escritura más subida de estilo,  el que adelanta la prodigiosa historia de la virginidad recompuesta de Leticia Sabater, cuando, en capítulo noveno de la primera parte, nos habla de que “doncella hubo en los pasados tiempos que, al cabo de ochenta años, que en todos ellos no durmió un día debajo de tejado, y se fue tan entera a la sepultura como la madre que la había parido”. Pero no es sólo Leticia Sabater la que lleva el virgo averiado a que se lo zurzan. Las elecciones han servido de Celestina, componedora de hímenes, de muchas virginidades democráticas mancilladas por la corrupción, por el clientelismo, por la utilización de las mayorías absolutas, no para facilitar la vida a los contribuyentes, sino para impedir las comisiones de investigación, para redactar leyes de defensa de la usurpación, como es la Ley Mordaza, para salvar a los bancos y hundir a los ciudadanos o para mentir descaradamente, como se hace en Andalucía, donde Susana Díaz presume de haber blindado los servicios públicos, mientras se tiene a una anciana de 90 años sentada en un sillón de observación de urgencias 26 horas, antes de darle una cama, o donde se habla de la salvaguarda de la Educación Pública, mientras se le aplican recortes feroces en profesorado y medios. Muchos políticos, aun habiendo perdido votos e influencia, presumen ahora de su virginidad democrática recuperada. Pero al final, parece que vamos aprendiendo diferenciar los virgos zurcidos, de los intactos.

4 comentarios:

  1. Gracias, Mark de Zabaleta. Un abrazo.

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  2. No sé si la virginidad tiene algún significado en la actualidad, pero lo que sí sé es que todos estamos zurcidos en nuestras concepciones y prácticas políticas. Quizá sea propio de la democracia, ese intento constante de convivir y mejorar, el zurcido permanente.

    Graacias y saludos.

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  3. Este es el verbo emblemático de la democracia española: Zurcir, amigo Independiente Trashumante. Gracias, un saludo cordial

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