jueves, 31 de diciembre de 2015

Las croquetillas de Pánfilo

La Toma
LO que menos aguanto de mi amigo Pánfilo es que se pase todo el día publicando en la red los horrores de lo que él llama 'la derechona'. Él cree que a esa Gorgona depredadora se la va a quitar de encima acumulando denuncias de sus errores y que, gracias a sus acusaciones, va a caer la venda de los ojos de los que la votan. Luego, Pánfilo, tiene una cosa muy fea, y es que de los comentarios de política que se escriben en la red sólo le pone "me gusta" a los que atacan al PP. Será de los pocos que creen que, de haber triunfado la otra pata del podrido banco del bipartidismo, el PSOE, los arroyos manarían leche y miel, la igualdad se instauraría automáticamente y la explotación entraría, de pronto, en standby. Mi Pánfilo, mi jubilado disruptivo y faccioso, en el nuevo escenario político, se ve obligado a disparar también en otras direcciones. La semana pasada se obsesionó con la CUP catalana y les lanzó esta andanada: "Esquema bíblico: La Independencia se convierte así en la Tierra Prometida, que nos ha sido dada por una entidad superior al principio de los tiempos y de la que fuimos expulsados por nuestro pecados y por la avaricia insana de nuestros vecinos. Cuando la reconquistemos, con la ayuda de nuestros aliados, naturales o antinaturales, los arroyos manarán leche y miel, la igualdad se instaurará por sí sola, cesará la explotación y el Barça seguirá ganando todos los torneos. El día de los inocentes se trasladará del 28 al 27 de diciembre para celebrar el prodigio de la votación del empate. Y eso sin pagar a las farmacias y sin haber vencido a los responsables del robo y la extorsión que, ahora, serán nuestros socios y nos llevarán a las puertas de la Tierra Prometida, donde se retirarán prudentemente y nos dejarán disfrutar de ella a nosotros, los trabajadores, sus dueños". Cuando soltó esta presa, mordió, ayer mismo, a Vamos Granada, molesto con las explicaciones que este partido dio en un pleno municipal sobre su abstención en el asunto de la Toma. Vamos Granada había argumentado "que era una decisión del conjunto de la gente. En este caso no se trata de mayorías y bandos. Se trata de una cuestión cultural, de 'soluciones inclusivas' fundamentadas en la cultura, que contribuye a mejorar la convivencia". Pánfilo escribió en su muro: "Yo, inclusive, me pregunto, ¿por qué los "listos" resultan tan limitados cuando intentan explicar, inclusivamente, lo que nunca debieron de incluir en su discurso político?". Me dice por WhatsApp que cuando tuvo escrito este comentario en su muro de Facebook, le dio al botón "Publicar" y se puso a liar unas croquetas.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Dolor de Estado

Purrusalda transcendental
El barracón de madera, cargado de humanidad doliente, está lleno de palabras, de recuerdos y de otro dolor. Heimweh se llama en alemán este dolor, es una bella palabra y quiere decir «dolor de hogar».  Este sufrimiento, así lo ha contado Primo Leví en su libro Si esto es un hombre, es uno más de los dolores que experimentaban los prisioneros en Auschwitz. Salvando las distancias, es el un dolor parecido al que puede sentir un niño de 10 años, separado de sus padres y confinado en un internado durante toda la adolescencia. Dolor de hogar, dolor de madre. Como lo queramos llamar. Si alguien le pregunta a este chico, ya de mayor, que por qué duerme siempre abrazado a una almohada, que por qué sólo se duerme en el sofá, después de comer, si abraza un cojín, mientras en la tele ponen un melodrama quizá conteste: “bueno, yo era el quinto de nueve hermanos, privado de madre en la adolescencia, peregrinito del amor de las mujeres, que no siempre encontré; pero un cojín, una almohada me consuela”. Dolor de Estado por no vivir en una casa propia, este es el sufrimiento que aqueja a muchos vascos, catalanes, valencianos y gallegos, confinados  en un Estado que consideran ajeno: el español. Ellos no supieron o no pudieron o no quisieron en su momento -cuando fundar un estado/nación salía más barato que un quilo de tomates en pleno verano- constituir el Estado vasco o el Estado catalán o el Estado gallego o el Estado valenciano y viven abrazados a la almohada identitaria, al cojín  milenarista que, como el oro para el avaro, les da calor y esperanza. Abrigados por sus mitos, son auténticos misioneros y propagandistas de la fe nacionalista. Una tortilla de Betanzos,  una purrusalda de Navarra, una escalivada o un arroz socarrat  adquieren significados transcendentes que van más allá de la humildad vegetal de sus ingredientes. Y aunque estas logomaquias a quienes benefician realmente es a las burguesías locales, también acaban seduciendo a los trabajadores y a sus organizaciones que terminan asumiendo que Artur Mas es el Ho Chi Minh del delta del Ebro y pasando por alto – en un tiempo en el que el Estado español resulta tan hosco y  deshilachado como ahora- que la explotación a que están sometidos no difiere mucho de la de los trabajadores granadinos. Tan poderosa droga, la del nacionalismo, que aplaca todos los dolores, todas las corrupciones y todas las inevitables fallas de la condición humana, se expende sin receta ni instrucciones de uso. Debe de ser infalible, como lo es el doctor, esa eminencia, que curará a la enfermita del corazón del melodrama televisivo de las tardes. De bueno que es este estupefaciente, a lo mejor nos consuela a todos hasta del dolor de haber nacido, para morir, en este raro planeta que nos alberga.

jueves, 17 de diciembre de 2015

El cambio inmutable

Magdalenas de las monjas
El Señor nos va a castigar a los que no tenemos que salir a defender a nuestros líderes cada vez que dicen una inconveniencia. ¡Lo que tiene que sufrir el militante o simpatizante de un partido político que tiene que pasarse todo el día denunciando las sandeces que dicen sus adversarios y callándose las de sus correligionarios! Estoy seguro de que a nosotros, el Señor, nos los restará en gloria y a ellos, se lo aumentará en bienaventuranza. Nosotros, como si lo estuviéramos mirándolo todo desde arriba, a vista de dron, sin compromiso. Pero seguro que los tibios no nos vamos a ir de rositas. En Apocalipsis, 3: 15,16, se lee: “Como no eres ni frío ni caliente voy a escupirte de mi boca”. En mi caso, yo votaría a Alberto Garzón, para dejar de ser tibio y permanecer dentro de la boca de Dios. Es, en mi opinión, el mejor candidato para presidente del Gobierno. Este joven político parece radicalmente honesto. Es inteligente. Tiene una formación sólida. No se ha apuntado al Club de la Comedia. Ni canta ni baila ni juega al parchís ni al futbolín. No busca parecer el hombre más sensato del mundo ni se escora al centro para recibir votos que no le corresponden. Pero Izquierda Unida en Andalucía tuvo la mala cabeza de pactar por un plato de lentejas con la ultrapopulista Susana Díaz y está estancada electoralmente. Ni la enorme valía de Alberto Garzón logrará cambiar esa tendencia. La rabia y la rebeldía se encauzan ahora por PODEMOS que parece ignorar que sus filosofías impresionan poco a los votantes que lo que quieren es que acabe el bipartidismo indecente que el lunes pasado dejó ver su desastrada cara en el debate de la Sexta. Y tampoco nos molestaría que, si es posible, durante un tiempo no se nos robe desde las mafias organizadas del Estado. A mucha gente le gusta Alberto Garzón, pero desconfía profundamente de su partido. Una lástima. Izquierda Unida debería de copiar de la Iglesia Católica que es la única institución que no pierde adeptos, haga lo que haga. Y es por su habilidad para camuflarse y cambiar, sin moverse del sitio. Ejemplo: Las Comendadoras de Santiago del Realejo venden sus tradicionales dulces de navidad en el zaguán de su convento. Pero ahora las magdalenas las hace una monja de la India con la receta de una anciana religiosa de las Alpujarras. Buenísimas. Les resulta fácil vender los dulces de siempre, amasado por manos nuevas. A Izquierda Unida, no, pese a disponer de Garzón. Porque pocos creen que esta organización  le permita cocinar las auténticas recetas de la izquierda. Su inclinación por los platos de lentejas la pierde.

jueves, 10 de diciembre de 2015

La seriedad de un cómico


Mi familia me quiere sacar del mercado totalmente, o quizá sólo del Facebook, donde suelo colgar algunas ocurrencias sin que nadie me pague por ello. Me han pedido que me vaya a Madrid y que me coloque en alguno de los bares que tienen un espectáculo parecido al de El club de la comedia y que las ‘bocanás’ que suelto en el Facebook las diga en el pequeño escenario de alguno de esos locales.  Me informan de que la entrada es bastante barata, sólo 8 €. Y que todo es muy relajado, porque, por ese precio, el público no te exige que seas muy gracioso.  Les he dicho que, si gana Rajoy, me van a despedir, porque seguramente aprobará una reforma constitucional para obligarnos a tomarnos a España tan en serio como él se la toma. Mis chistes, humildes y sosos, habré de guardarlos y pasar a la clandestinidad esperando que llegue de nuevo un tiempo de carnaval y alborozo. He mandado mi currículo a varios de esos clubes con una lista de chistes, por si gustan. Pienso que no me va a resultar fácil que me cojan, porque por ahora están muy bien surtidos con las solemnidades que Rajoy les está suministrando. Parece que a la gente le ha hecho mucha gracia que mande una sustituta a los debates con los otros candidatos, mientras que él anda dando mítines por algún agujero negro del cosmos.  Me gustaría que me contrataran y así me quito del vicio del Facebook y además gano consigo algún dinero por si el “Míster Serio” gana las elecciones y seguimos recuperándonos al ritmo habitual. Les he mandado sólo estos cuatro textos:
1. Yo que Pedro Sánchez, el día del debate con Rajoy, me hacía el longui y no aparecía por el plató. Seguro que subía algún punto, aunque se comprara un chándal de borra, de esos que sueltan pelotillas,  en un todo a cien en lugar de ir en modo “maniquí que no pestañea”.
2. Los candidatos del PSOE y del PP, la mayoría candidatos de repetición, parecen interesados más en mantener sus cargos que en gestionar nuestros encargos.
3. La cursilería de los niños sabios de PODEMOS ha  estado a punto de frustrar mi deseo de votarlos. Pero he recordado que, cuando yo era profesor en la Universidad, como ellos,  era igual de bobo, o más. Iba de fino y le dije a una chica que me gustaba, cuando me la presentaron, que estaba 'muy satisfacido de conocerla', todavía oigo sus carcajadas. Se fue con otro participio menos pasivo.
4. Voy a votar a PODEMOS porque soy muy poco exigente y,  en principio, lo único que les voy a pedir es que a todo aquel que robe -incluidos los miembros de PODEMOS-, lo manden a Siberia a la espera de que el cambio climático la inunde [...].

Ya hace días que mandé el currículo. No me ha comentado nada. Me temo que me estoy volviendo un poco Rajoy. Algo serio, algo malafollá, algo insonrible. Y eso en Madrid tiene poco futuro.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Juego de presidentes

Alfonso X de Castilla
Viendo a Rajoy jugar al futbolín ayer noche con  Bertín Osborne, el politólogo equino de moda, podríamos pensar que hemos dado un salto atrás, que la humanidad ha entrado en modo “vuelta a los orígenes”, a la infancia. La sensación se puede agudizar si vemos a Monedero intercambiando picardías y revelaciones de acusica escolar con Albert Rivera. O a Sáenz de Santamaría dando saltitos chocolateros en el Intermedio. Yo desde luego no votaré a Rajoy ni a nadie que prefiera el futbolín al ajedrez.  Tampoco votaré a Albert Rivera al que acabo ver en una foto de propaganda electoral en pelotas, como un bebé, tapándose con las dos manos el fruto de varón que, como el toro, lleva marcado/colgado en sus ingles. El chico me cae bien, pero sí ponemos a este hombre al frente de la nave del Estado y le entregamos el timón, existe el peligro de que se le caiga un huevo. Porque al menos una de las manos habrá de emplearla en mantener el rumbo de la patria. No sé por qué han desembocado todos en ese adanismo suicida. Susana Díaz, empeñada también en ganar al parchís siempre. El vetusto juego infantil por excelencia, una vez que los jubilados no lo practican y se enlodan defraudando a Hacienda en bingos clandestinos de a dos euros la línea y de a tres, el cartón.  Alguna cosa buena ha hecho el hombre desde que empezó a emigrar de un lado a otro hace millones de años. Hasta hace poco las personas no se desplazaban más allá de un kilómetro de su lugar de nacimiento (lo cuenta S. Pinker en su libro Los ángeles que llevamos dentro), no sabían nada de la inmensidad del cosmos, de la prehistoria, de la civilización, de la genealogía de los seres vivos, del código genético, del microscopio o de los componentes de la materia y de la vida. Ni de las grabaciones musicales ni de los libros asequibles ni de las noticias instantáneas que nos permiten saber que Rajoy miente una vez más cuando dice que no puede comparecer en un debate electoral porque tiene mucho trabajo y, todos nos enteramos al momento, de que ha dejado plantados a los otros candidatos para conceder, a la misma hora,  una entrevista en otra cadena.  ¿Y las décadas adicionales de existencia de que disfrutamos muchos? Por eso no entiendo por qué hay miembros de Podemos  que quieren partir de cero. Inventárselo todo en sesiones escolares. O fundar una cosa  tan inefable –la CUP lo propone- como una República feministas (sic). ¿En  qué se diferenciaría de una República regida sólo por hombres, si en esta etapa de transición,  las mujeres, en el terreno del poder, se han dedicado a imitar aplicadamente a los hombres? En fin, unos y otros están en lo mismo, por motivos diferentes: en romper la baraja y pedirle una nueva al croupier. ¡Hagan juego, señores y señoras! Queremos que la partida comience de nuevo.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Como si la humanidad no hubiera roto nunca un plato

Lo mejor del sexo
no es siempre el orgasmo,
sino la cara de paz de mi amiga
tras la refriega,
como si la humanidad entera
no hubiera roto nunca un plato
ni un hombre 
ni una mujer
ni un niño
ni un viejo. 
Algo muy parecido a un cielo
pero con los ángeles de la guerra
 
de permiso.

(Sé benévolo, lector paciente, sólo he escrito dos poemas en toda mi vida)

lunes, 16 de noviembre de 2015

La esponja del centurión

Il nostro Gadafi (Agencia Efe)

Las masas, en algunos países árabes, les están ocupando las plazas a los tiranos. Y estamos todos un poco asustados.  Más que por lo que les pueda pasar a las masas, por lo que nos pueda pasar a nosotros, si nuestros capataces en la zona desaparecen antes de que los hayamos sustituido por personas de nuestra confianza. No somos muy exigentes a la hora de elegir a los  manijeros (si no, no hubiésemos dejado a Gadafi plantar su jaima en nuestro jardín), ahora sólo les vamos a pedir que se declaren demócratas.  Para estos países no tenemos nada más que remedios inviables: nuestra  democracia de los ricos o el fundamentalismo islamista de los pobres.  Desde la Revolución Francesa, a la gente le ha dado por invadir las aceras y las calzadas con un proyecto, más o menos elaborado,  en la cabeza: acabar con la diferencia abismal que hay entre ricos y pobres.  Y hubo que adaptar las calles, las doctrinas, la policía, el ejército, las encíclicas y los discursos a la nueva situación. En París los arquitectos hicieron las calles muy anchas para que las masas, afluidas desde les banlieus,  no pudieran aprovechar cualquier excusa para arrancar los adoquines y hacer barricadas. A Ganivet, en 1896,  le molestaba que los pobres se fueran a vivir al extrarradio. En su obra  Granada la Bella, propugna que ricos y pobres sean vecinos en la ciudad. Que las casas de pobres y ricos, si no adosadas, sean contiguas. Nada de ensanches, que lo único que consiguen es “poner frente a frente dos centros de combate”. La Iglesia Católica volvió sus ojos compasivos hacia los desprotegidos y les sirvió  en las homilías la sopa boba de las encíclicas sociales. La burguesía asustada, usó de cierta manga ancha y dejó que los nazismos y los fascismos incorporaran a su currículo propuestas de mejora de las masas, tomados del pensamiento socialista. Y les dieron carta blanca para repartir leña y tener a las masas ocupadas. La cosa no fue bien y todo terminó en una guerra mundial.  Y tras la reconstrucción de Europa, con los comunistas y sus soluciones agazapados tras el muro, las masas pudieron comer, trabajar muchas horas, poner a sus niños a estudiar y disfrutar de un mes de vacaciones.  Y con esto, -que no es poco comer tres veces al día, lavarse ,  poder llevar a los hijos a la escuela y descansar unos días- las masas  han permanecido los pasados años  “estabilizadas”. Pero no así en el mundo árabe. Donde vuelven a emerger poderosas, golpeadas, bombardeadas,  pero derribando tiranos. Y, para su sed,  de siglos, de libertad y de justicia, no tenemos nada más que la esponja del centurión impregnada de mitos y de promesas.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Diosecillos de paritorio: Rouco y Cañizares

Diario de Frida Kahlo
En el siglo XIX se escribían intimidades tan frenéticamente como lo hacen hoy millones de internautas en Facebook.  Sobre todo, las mujeres. Las mujeres han sido relegadas durante miles de años a la condición de lectoras de las cosas que escribían los hombres. Y han sido aplicadas y voraces y se han leído todo lo que ha caído en sus manos.  Pero también ellas han escrito, con fruición,  abundantes diarios íntimos  que no debía de leer nadie, secretos,  pero que acababa conociendo todo el mundo. Es uno de los recursos de las novelas: el secreto robado o conocido por casualidad que, al explotar, en un momento de la narración lo pone todo patas arriba.  En el Facebook  se cuelgan ahora las turbadoras verdades que antes se ocultaban –provisionalmente- en el secreto de los diarios. Se escribe mucho de bragas, de partos, de las 10 mejores maneras de satisfacer a tu pareja, del placer que experimenta una teniendo al recién nacido unos días sin lavar, y se cuelgan fotos sangrantes, como  un desafiante anuncio de lo que cuesta parir un hijo. Desconozco si mantener a la criatura emborrizada en sangre y deshechos un tiempo es beneficioso, pero sí debe ser placentero y, sin duda, reivindicativo: a los machos de la especie se les explica que ellos no tienen mucho que ver con este momento doloroso e inaugural. Que parir cuesta sudor y sangre y que la fábrica, por ahora, está en manos de la mujer que proclama a los cuatro puntos cardinales de la nube su excelencia: “Si yo he sido capaz de fabricar algo de tanto valor, imaginen lo que valgo yo misma”. Simone de Beauvoir hablaría seguramente de narcisismo femenino. Pero sí, la mujer que enseña en la red la foto de su cuerpo para el placer de la mirada de los hombres, también lo muestra ahora recién parido, maltrecho, para certificar dónde  reside el poder de dar la vida. No en viejos caducos del talante de Cañizares y Rouco que remedan a un dios que nunca vieron, personándose en los momentos en que surge, se glorifica y extingue la vida. Portavoces de un dios, sin voz, ridículos, nos dicen que ellos trabajan desde siempre por mantener y dignificar la vida, teniendo, como tienen,  los armarios de la historia llenos de cadáveres y de pavesas. Y remueven sus hisopos antes del parto, en el parto y después del parto, para hacerse con los derechos de autor de la vida, diosecillos de paritorio.  Movimientos feministas últimos se quejan de tanto exhibicionismo, de tanto cuerpo malbaratado, de lo fácil que la mujer se lo ha puesto al hombre. De cómo le ha entregado, de balde, lo que el varón más quiere, por lo que mata y por lo que crea obras de arte: el cuerpo de la mujer, que ha entendido que se liberaba imitando el comportamiento sexual del hombre, abrupto, insaciable  y perentorio. Y se ha olvidado de profundizar en la construcción de su propio deseo. Ha convertido al hombre en dueño de su secreto. Por nada. Lo de enseñar los  cuerpos emborronados de bebés y de madres quizá signifique: stop. 

jueves, 8 de octubre de 2015

Reloj, no marques las horas

Los mazos de los cuartos de hora
RECUERDO a mi padre, subido en una silla baja, dándole cuerda al carillón que regulaba la vida familiar desde sus inicios, en 1932. Ahora ese reloj está colgado en mi casa; es uno de los objetos que heredé de mis padres, junto con el armario de mi abuela, fabricado con la madera de un cerezo que cortó mi bisabuelo cuando se casó su hija. En él se han mirado, y admirado demoradamente, todas las hermosas y presumidas mujeres de mi familia: mi mujer, mi hija y mi nieta; y yo mismo, antes de salir a la calle, para ver si estoy bien peinado. 

El sonido del reloj sigue siendo el mismo de mi infancia. Ahora está dando la hora, mientras que en la radio una concejala de Vamos pide que se pongan límites espacio-temporales al ocio de los jóvenes. Y de pronto me viene a la memoria el pregón que di en las fiestas de Peligros en los noventa. En el balcón de Ayuntamiento proclamé, entre la algazara generalizada y la atención mínima del público, que había que reventar los relojes con un arcabuz. Hoy cuido con mimo el reloj de mi padre, le doy cuerda, lo equilibro, lo silencio a la hora de la siesta. Luego lo pongo en funcionamiento llevando el péndulo con cuidado hacia la izquierda y soltándolo, dulcemente, hasta oír el tic tac que me indica que funciona de nuevo. 

Pero en Peligros yo estaba muy molesto con los relojes y así se lo comuniqué al auditorio: "Porque debéis saber, amigos, que era Saturno el dios del tiempo al que adoraban los romanos, y, bajo su designio, los mortales medían el tiempo en grandes ciclos que se correspondían con los de la naturaleza... Cuando llegó la época en que muchos hombres tuvieron que trabajar para unos pocos, que los controlan y explotan, nacieron los relojes que cuentan las horas implacables de suplicio y se instalan visibles para todo el pueblo en las torres de la iglesias y en más alto de los edificios públicos". En ese momento de la perorata fue cuando, con el puño cerrado, mirando el reloj del Ayuntamiento pedí que lo reventaran. Desde entonces se han producido cambios notables. Los que han reventado los relojes son los explotadores, los patronos, para que los trabajadores esclavizados no reparen en que trabajan de 12 a 16 horas diarias. Y se ha agudizado algo que ya se apuntaba en los años noventa: que Andalucía se ha convertido en una tienda abierta las 24 horas del día en la que se vende lo único que producimos: diversión. Servicios. 

Los progres de entonces queríamos hacer desaparecer los relojes que regulaban el tiempo del trabajo, los progres de ahora, los de Vamos Granada, piden que los relojes vuelvan a discernir entre las horas de trabajo y las de ocio. Y yo me entretengo enderezando el mazo de los cuartos que se ha desplazado un poco y golpea torpemente la campana del carillón: mimando los relojes, intentando vanamente distraerlos para que los momentos felices se eternicen entre sus campanadas.

jueves, 1 de octubre de 2015

Del mito a la razón

A los ilustrados del Siglo XVIII, les gustaba pensar que la humanidad progresaba, que el ser humano cada vez sería mejor, guiado por el conocimiento que le ayudaría a alejarse de los mitos y regirse por la razón. Pero hay ciertos síntomas de que todavía estamos en una etapa de transición entre el mito y la razón. Por ejemplo: pese a que Obama, un negro, sea presidente de los EEUU, todavía hay gente que se refugia en el genoma para obtener beneficios en la vida sin hacer nada. Y se empeñan en que los blancos somos superiores  y que tenemos derecho a disfrutar, desde que nacemos, de ciertos bienes que se les niegan a los negros. Pese a que hoy sabemos que los blancos no somos nada más que negros africanos a los que se nos ha aclarado la piel después de vivir miles de años refugiados en Europa. Cuando el sociólogo alemán Weber se paseó a principios del siglo XX por el Sur de los EEUU, tuvo la impresión -y así consta en la biografía de Weber escrita por su esposa, Marianne- de que los negros que trabajaban en las plantaciones eran "medio simios" (sic) incapaces de aprovechar los beneficios de la instrucción. Obama -y un rumbero negro que pasa ahora mismo delante de mi casa tocando tres tambores que lleva colgados del cuello dentro de la procesión cívica de las fiestas del pueblo- son la prueba de lo desacertado de las reflexiones de Weber. Si naces catalán, se te amontonan las virtudes y los dones en la cuna (en el pensamiento de nacionalistas como Junqueras), como les sucedía a las princesitas de los cuentos de hadas, favorecidas por sus madrina. El debate identitario tan de moda entre los teólogos de la emancipación -y sus oponentes- me resulta menos interesante, para abonar la idea de que aún navegamos entre el mito y la razón, que una fineza que le oí el otro día a una señora en una tienda de ultramarinos de la Plaza de la Pescadería de Granada, que resiste, con sus enormes latas de atún en aceite de 3 kilos, como sacos terreros del pequeño comercio ante el embate arrollador de las grandes superficies. La señora justificaba el que no hubiera guardado las horas de ayuno previas a la extracción de sangre para una analítica, argumentando que a ella, desde chica, la acostumbraron a ayunar unas horas antes de comulgar para que el plato de patatas en bicicleta, engullido en la cena, no se mezclara con el Cuerpo de Cristo que había de recibir en la misa de por la mañana; pero que, ya de mayor, la Iglesia había suprimido esta tregua gastronómica. "Si ya se puede comulgar sin ayunar", me decía la mujer, "¿por qué no se va a poder acudir a la extracción de sangre hartica de magdalenas?". Esta mujer se encuentra a caballo entre los mitos antropofágicos cristianos y las ordenadas colas de la sala de extracciones de los ambulatorios. Es natural que esté confundida. ¡Los cambios se han producido de una forma tan rápida! El que Junqueras, buscando argumentos para la secesión, afirme que el genoma de los catalanes es más parecido al de los franceses que al de los españoles, no se debe a ninguna confusión milenaria, se trata simplemente de una estupidez interesada.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

¡A la historia, Aguirre, a la historia!

Algo pinchado en un palo
Desde que supe que la fregona, el futbolín y el chupa-chups eran inventos españoles, busco sin descanso en los libros de historia para escola­res una referen­cia a sus inventores Manuel Ja­lón Corominas, Alejandro Cam­pos Ramírez y Enric Bernat. Ni una sola línea para estos auténti­cos héroes españoles, para estos tres hombres beneméritos que han hecho más por el buen nom­bre de nuestra patria que el Dos de Mayo y  Esperanza Aguirre juntos.
Y sin embargo, el Dos de Mayo y, ahora, Esperanza Aguirre, al menos en la Comunidad de Madrid, sí se estudian en las escuelas.  Pero ni una sola palabra para el inventor del chupa-chups,  Enric Bernat, al que bastó pinchar un caramelo en un palo para levan­tar un imperio. Su implanta­ción en China,  aprove­chando la antigua ruta de las especias, fue precedida de una frase lapidaria de Enric Bernat: “Siempre hemos visto a los chi­nos utilizar palillos para comer. Yo quiero enseñarles a usarlos también para comer caramelos”, dijo.
Los libros de texto que he con­sultado se extasían, por ejemplo, ante la bravura de la mujer española en la guerra de la independencia: “¡Mujeres!”, leo en Guirnaldas de la Historia (1947), del inspector de Enseñanza Primaria Agustín Serrano de Haro, “asombro de los si­glos y orgullo de la raza, nues­tras mujeres de la guerra de la independencia. ¡Gloria y honor a las mujeres que, como Agustina de Aragón, supie­ron luchar y morir por España!”.
Pero a Alejandro Campos Ramírez, inventor con 17 años del futbolín, ni caso. La gesta ocu­rrió en 1937. Cam­pos inventa el futbolín para entretener a los pequeños ingresados, como él, en un hospital de sangre de Madrid y fabrica el primer modelo en el que los futbolistas eran de madera de boj, un material que permite to­do tipo de efectos y de sutilezas cuando la pelota es de corcho aglomerado. Aquello fue mano de santo: los chicos se volcaron sobre el nuevo juguete, dejaron de romper cosas y hasta los niños mutilados, que no eran pocos, podían participar y, a menudo, ga­nar.

Hasta el corazón más rudo se emocionará al enterarse de que el libro de Sociales de la editorial Macmillan-Edelvives que deberán estudiar este curso niños de 11 años de la Comunidad de Madrid, considera a Esperanza Aguirre como una “figura nuclear” de la historia contemporánea, pero no entenderá que se haya quedado fuera de esa historia Manuel Jalón, inventor en 1956 de la fregona, unos de los adminículos que, junto con el lenguaje, más han ayudado a la emancipación de la mujer. De nuevo algo pinchado en un palo, en este caso un trapo, daba fe y era signo de la inteligencia práctica de un natural de estas tierras. En consecuencia,  los tres inventores deben figurar ya en los libros de texto. E incluso, la misma Esperanza Aguirre, al fin y al cabo, ella descubrió la manera de dejar  las arcas de la  Comunidad de Madrid más secas que una mierda pinchada en un palo. No se la puede excluir, en justicia.

martes, 15 de septiembre de 2015

Los nacionalismos, ¿la cagada de una mosca?

Tomando tierra
Los nacionalismos, como las religiones, como las personas mismas, son muy contradictorios. Las religiones, mitologías irracionales, se han tenido que ir adaptando a la ciencia tocapelotas para sobrevivir. Es inconcebible que el cristianismo haya sobrevivido a Galileo, pero ahí está. Y los nacionalismos, mitologías milenaristas en estado puro, son ideologías guerreras y combativas pensadas para hacerse primero, con un territorio por la fuerza, después, para expandirse y conquistar a las tribus vecinas y, finalmente, constituir una nación-estado consolidada. Pero, los tiempos, las democracias burguesas, con sus racionalizaciones tocapelotas, los obligan a pasar por las urnas, aunque piensen que someterse al voto reglado es un herejía; y se inventan plebiscitos a su gusto; elecciones que se diseñaron para elegir al presidente de una comunidad de vecinos, terminan convertidas, por arte de birlibirloque, en ese platillo volante que llevo a suicidarse, el 25 de marzo de 1997 en el Rancho Santa Fe, a dos horas de Los Angeles y cerca de San diego, a 39 miembros de la secta de los davidianos. Esperaban, tras su muerte, subirse en marcha a la nave espacial que viajaba oculta en la cola del cometa Hale-Bopp y que los llevaría a su nueva patria, en otro planeta, limpio y deshabitado. Luego resultó que el platillo volante que los sedujo no era nada más que la cagada de una mosca en el negativo de una fotografía. Una ilusión vana, un error. Pero vivir resulta trabajoso, si se hace sin la esperanza de la salvación eterna.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Las edades del hombre


ALGUIEN, el azar o la necesidad, apretó el botón rojo del Big Bang y se desplegó el Universo en el mapa del tiempo y del espacio: el origen del mundo, de los mundos. Delante del cuadro El origen del mundo de Courbet, en el museo de Orsay de Paris, un chico de 11 años, al que han llevado sus abuelos a visitar la exposición, se queda paralizado ante el pobladísimo pubis de la chica del cuadro. Mira para atrás para ver donde se encuentran sus abuelos, se tapa los ojos con las manos, para de inmediato ir apartando un dedo, luego dos, por fin toda la mano; en un momento, de la mano del arte, ha aprendido de la anatomía femenina más que en todas las pelis porno o eróticas que de soslayo ha entrevisto, aprovechando que sus padres, fuera del horario infantil, avivaban el rescoldo de la pasión mustia con uno de esos films. Por fin la abuela llega a la altura del nieto paralizado y le pregunta qué le causa tanto asombro, el chico sólo musita: "Abuela, ¡cuánto pelo!". Más adelante, descubrirá, si es cuidadoso y ha tenido buenos mentores, adentrándose en el bosque, el botón eréctil que desencadena, cuando es pulsado con oficio y mimo, el big bang del gozo en muchas mujeres. Quizá los botones que pulse, ya casado -y este fin de semana he visto algunos casos en IKEA-, serán los botones de su móvil o de su tableta, mientras descuidadamente tira del carrito del bebé y hace como que atiende a su mujer. Es posible que los botones de sus gadgets electrónicos lo estén poniendo en comunicación con botones lejanos, los de sus amantes a los que está mandando mensajes encendidos, mientras que su mujer, mide una mesita de noche que vale solo 4.50 euros para ver si le cabe entre la cama y la librería del despacho, donde a veces suele dormir este hombre que ahora la traiciona, cuando a ella le duele la cabeza o cuando el hastío empaña los fulgores del deseo. Botón, botones. Delibes en La hoja roja, narra cómo Eloy, el anciano protagonista, le propone a Desi, la joven pueblerina que le ayuda en las tareas domésticas, que se case con él. Un matrimonio de conveniencia. El jubilado le dice a Desi: "Tendrás estorbo por poco tiempo, hija. A mí me ha salido ya la hoja roja en el librillo de papel de fumar". Como no fumo, no sé si los librillos de fumar siguen trayendo esa última hoja roja de papel de aviso. Ahora -cambia la tecnología pero no la condición humana- uno recibe, con la tarjeta 'Sesentaicinco' de la Junta de Andalucía, la invitación a hacerse con un botón rojo para llamar a los servicios sociales, si te caes por las escaleras. La hoja roja, el botón rojo... Advertencias de que se está uno fumando, dándole las últimas 'galpás', a las huidizas horas. El peor momento para echarse una novia formal. O contraer nupcias.

martes, 25 de agosto de 2015

¿Está todo en la Wiki?

Antes de que el saber estuviera alojado en  la Wikipedia o en las series de televisión, todo se podía encontrar en los libros. Aunque, el mundo del libro, pese a los filtros académicos de calidad, también era inabarcable, si uno tenía siete vidas como los gatos o una sola, pero larga, podía hacerse la ilusión de que leería, no todos los libros, pero sí los fundamentales.  El lector ávido iba comprobando, conforme más leía, que la mayor parte de las cosas que se le iban ocurriendo se encontraban ya en los libros. Y sufría curas de humildad cada dos por tres. Hasta llegar al convencimiento de que todo estaba escrito y que no había nada nuevo bajo el sol. Hoy, conforme los saberes se han ido volcando en la red, en forma de enciclopedias digitales o de colecciones inabarcables de libros electrónicos o de tesis doctorales, de artículos universitarios o de divulgación científica, se agudiza la sensación de que todo está en Internet y de que jamás llegaremos a abarcarlo. Y lo que no está en las redes sociales, se refugia en las series de televisión. Estoy viendo la primera temporada de True Detective y cosas que yo creía (claro, por ignorancia), que se me habían ocurrido sólo a mí, las oigo en boca de uno de los dos detectives -en la del ligeramente anarquista y algo disruptivo-, que investigan unos crímenes satánicos. ¡Qué desilusión! La idea de que uno es muy original, que ya con la invención de la imprenta sufrió un tremendo golpe, ahora con las series y las enciclopedias digitales, se desvanece del todo, porque todo está en ellas y lo poquito que no está, te lo puedes encontrar en cualquier libro. 

viernes, 21 de agosto de 2015

No permitamos que las bragas no nos dejen ver los bosques

A principios del siglo XVI, Juan de Flores, escritor a sueldo en la corte de  los Reyes Católicos,  refleja en su tratado “Triunfo de Amor”, algo parecido al escandaloso asunto de las bragas malagueñas. Cuenta que los amante, cansados de los viejos usos amorosos que obligaban al hombre a pretender y perseguir a las mujeres mientras que éstas tenían que esperarlos en sus torreones o en las rejas de las ventanas de sus casas, pidieron al Cupido, el dios del amor,  que le diera la vuelta a la tortilla para que fueran las mujeres las que tuvieran que perseguir y pretender a los hombres que las esperarían encerrados en sus virtuosas moradas. El mundo al revés. Las niñas de Málaga, esgrimiendo sus bragas en la mano, según ha declarado una concejal del ayuntamiento de la capital, suponen un cambio total en las recatadas costumbres del vestir femenino en nuestra Patria.

vídeo

La sección Femenina impuso para la gimnasia un pudoroso y feo pantalón, el pololo, para que incluso la torsión más violenta no mostrara del cuerpo femenino lo que, según Pilar primo de Rivera, no había que mostrar.  Veo tambalearse el patriarcado y sus reglas para controlar el cuerpo de la mujer. Aunque no creo que la sangre llegue al río. Cuenta Juan de Flores que, pasado un tiempo, las mujeres de su "Triunfo" volvieron a sus encierros y los hombres a buscarlas  y a recuestarlas. Alguna chica, entrevistada en la Feria de Málaga, ha declarado que ella está de coitos hasta el moño y que lo que quiere es un buen amor con el que hablar y contarle cómo va la rehabilitación de la cadera de su madre. La sexualidad industrial, abundante y sin el gusto que le da lo prohibido, puede llegar a cansar. Y las bragas volverán a su sitio. No dejemos que las bragas no nos dejen ver los bosques.

miércoles, 29 de julio de 2015

La elegancia del chorizo

La elegancia del chorizo
Se esperaba una declaración del Vaticano después de que Torres Hurtado  avanzara su tesis sobre la elegancia de las mujeres desnudas. Una cierta inquietud se vivió esos días en el entorno de la Patrona. Se temía que, vestida ella hasta el sofoco, no entendiera muy bien que uno de sus hijos predilectos, el alcalde de la ciudad, la descalificara de una forma tan taxativa. ¿Sólo las mujeres desnudas pueden ser elegantes? Y esto ocurría en un verano en el que cualquier manto sobra y cualquier cofia de encaje plisado empece. Las modistas granadinas, tampoco estaban muy contentas. Y menos mal que ya había pasado la época de las primeras comuniones y que  los trajes de las bodas de verano habían sido despachados. Si estas declaraciones se producen en febrero una sublevación de agujas y perifollos hubiera podido tener lugar. Lo que no hay que descartar todavía es algún movimiento telúrico o corrimiento de tierras en las zonas de la provincia dadas a los terremotos, como castigo divino al lenguaraz Torres, y, por ende, a la ciudad que él gobierna con su cómplice Salvador, ese peregrinito de cualquier poder.  Las repercusiones de las palabras del alcalde se han multiplicado, en alguna  piscinas granadinas han desaparecido los carteles que prohibían bañarse desnudos a los veraneantes y el gremio de metrosexuales, depilados al láser, piensan lanzar un manifiesto en el que se muestre la discrepancia con el alcalde por haber dado al traste con lo que venía siendo la exhibición de los cuerpos de la que este colectivo hace gala en fiestas y procesiones cívicas. Azotados por la sospecha de que sus horas de gimnasio y de cultivo al cuerpo no han servido para nada. Aterrorizados por ser considerados inelegantes, ellos que gustan de ir ligeros de ropa. Una vez que el alcalde, árbitro innegable de la elegancia, sostuvo que los hombre cuanto más tapaditos mejor. Una cierta calma vivió después la ciudad, hasta que hace unos días se activó en un pleno la reprobación al alcalde por machismo y sexismo. Tirios y troyanos coinciden en que Torres Hurtado no se prepara las intervenciones públicas y que le está tomando gusto a hablar a la pata la llana. Parece que los seres humanos conforme nos vamos acercando a la vejez vamos dejado abierta la puerta del servicio después de nuestras deposiciones. Acertada metáfora que le viene bien a los últimos “peos de lumbre” del alcalde. Tanto descuido me lleva, a mí también, a no controlarme mucho  a la hora de transcribir una frase que corre estos días por Facebook y que se puede aplicar a las actitudes que venimos comentando. Dice así: “Los hombres elegantes, cuando pasa una chica, se llevan la mano a la bragueta”. Y esto no sólo pasa en España: vayan al Google, escriban en el buscador: “American Girl in Italy”, 1951. Ruth Orkin,  y verán de qué estoy hablando.

jueves, 16 de julio de 2015

Esperpentos

HASTA ayer por la mañana estuve convencido de que proponer a Pezzi para director de la Alhambra había sido una argucia de su partido para que, al ser rechazado por aclamación, como lo ha sido, si Juan García Montero pretendiera ser nombrado gerente del Centro Lorca, estallara una sublevación parecida a la que ha provocado el caso Pezzi y que el concejal se viera obligado a desistir, sobre todo, si se impone la sensatez y el director del Centro es seleccionado en un concurso internacional de méritos. 
Y no es que yo piense que en Centro Lorca no estaría bien dirigido por un hombre de la talla de Juan García Montero, pero sus reticencias a que se retirara de la plaza de Bibautabín la estatua dedicada al fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera, quizá juegue en su contra, si el jurado internacional llega a enterarse de que la zona dónde fue fusilado García Lorca estaba controlada por la Falange. Tampoco, creo, le vendrá bien, para ser nombrado gerente de ese Centro, el haberse manifestado a favor de la retirada de las humildes placas que los familiares de los asesinados en la tapias del cementerio, tras la rebelión militar, colocaban año tras año en memoria de sus allegados. No hay que descartar que algún miembro de ese jurado internacional relacione la muerte de Lorca con la de los ejecutados en el cementerio. Pero ayer por la mañana me enteré de que lo de Pezzi no era una broma ni una enredo, de esos que se inventa Luis Salvador para reírse de los granadinos y para que se rían de todos nosotros en el Planeta; no, era una propuesta seria y con otra bala en la recámara, por si fallaba el primer alarde. Me informaron de que también se barajaba el nombre de Pedro Benzal para la Alhambra, y entonces me he dicho: al PSOE ya no le queda nada más que pólvora caducada en la santabárbara. La Granada oficial es desde hace tiempo, y los últimos movimientos de piezas parece que lo confirman, la Granada del esperpento. Y para tener de ella una visión aproximada habrá que pasarla, como prescribía Valle Inclán, por el Callejón del Gato, que era una atracción de feria madrileña de espejos deformantes que a los gordos convertía en flacos; a los altos, en bajos y a los guapitos de cara, en seres monstruosos. Los políticos deformes del reinado de Isabel II, según Valle, había que pasarlos por el Callejón del Gato a ver si la terrible distorsión de los espejos conseguía restaurar un poco de humanidad en ellos. En Granada, el novio del poder hasta la muerte, el tránsfuga titiritero, el trapisondista, enredado en su loca trapisonda, el que anuncia que se va, que se va, pero que termina quedándose, tendrían que pasarse por una caseta de espejos deformantes del ferial, a ver si los reflejos del azogue devuelven algún resto de humanidad, de compasión o de sensatez a sus caras.

jueves, 9 de julio de 2015

Lo próximo, ¿el yogur griego?

Yogur
EL pasado día 6, en la COPE, después de un vapuleo tremendo a Grecia por el 'no' en el referéndum, le quitaron también el sirtaki. También hicieron una encuesta en la que el 99% de los oyentes consultados se manifestaron en contra del 'no'. En ocasiones, y de manera incomprensible, escucho esta emisora. Siempre he tenido que dar explicaciones detalladas a mis amigos y familiares de por qué la sintonizo. También fui lector clandestino del Hola en casa de mi madre, para evitar que se enterara la intelectualidad granadina y que me arrojara a las tinieblas exteriores. Incluso conseguí publicar en Olvidos de Granada un trabajo sobre los 12 números que la revista Lecturas sacó a la calle el año 1936. Claro que la Lecturas de entonces no tenía nada que ver con la de ahora. Era el magazín literario de El Hogar y la Moda. Me tragué los discursos de Carrero Blanco y recibí las correspondientes regañinas de camaradas y amigos. He oído Radio María, porque el fontanero me pone en las facturas el dial de la emisora de su puño y letra. La COPE la oía para ver como Jiménez Losantos lograba superar cada día las barbaridades que había contado el día anterior. Pero dejé de oírla hace unos años, en Segovia, porque un periodista justificó el magnicidio, a las tres de la madrugada. Me asusté y temí por la integridad de Zapatero. Y pensé que era demasiado. Pero con estos calores, en las casas con varios cuartos y muchas camas vacías, uno va buscando un poco de frescor, en las madrugadas incendiadas. Y el peregrinar de cuarto en cuarto y de cama en cama, me llevo a una habitación que tenía en la mesa de noche una radio reloj, con las pilas gastadas, que había perdido las presintonías. Sintonicé las emisoras habituales: la Voz de Granada, la Ser, Radio Nacional, Onda cero, la COPE. Al día siguiente, me metí a dormir la siesta en el cuarto de la radio recién sintonizada, porque resultó ser el más fresquito, le di al botón de encendido y me saltó la emisora de los obispos, en el momento en que el locutor informaba de que muchos ecuatorianos habían gritado: "¡Fuera, fuera!" al presidente Correa mientras que el Papa había logrado reunir en Guayaquil a un millón de fieles que le mostraron "un entusiasmo infinito". El Papa abogó por los pobres. Fue entonces cuando el locutor se la lió parda a los pobres griegos por no pagar su deuda. Y, crecido, dijo que ni siquiera el sirtaki actual era un invento heleno y que la lentitud de este baile fue cosa de Anthony Quinn que tenía una pierna renqueante, cuando rodó Zorba el Griego, y pidió que se moderara la velocidad de la danza primitiva para poder bailarla. Lo próximo será el yogur.

viernes, 3 de julio de 2015

Y el que no lo sepa es que tonto es

El 9
MI primer contacto con la tontería, como concepto, fue de chico, aprendiendo la tabla de multiplicar en la escuela de Cenes de la Vega: "Siete por siete, cuarenta y nueve" /, cantábamos los niños, "siete por ocho, cincuenta y seis, / siete por nueve, sesenta y tres / y el que no lo sabe es que tonto es". Tonto era el que carecía de conocimientos. Pero además tonto era, al menos en La Rambla de Córdoba, donde viví unos años, aquel que tenía sus facultades intelectuales disminuidas. Este tonto, si se hacía muy presente, se convertía en el tonto del pueblo y se le tildaba de 'faltusco', con la crueldad y la transparencia de las hablas populares poco dadas a los eufemismos. Pero para Sócrates, que era un profesor particular de Atenas, maestro de Platón, y que se ganaba la vida dando clases a los niños ricos de la ciudad, mientras se paseaba con ellos a la vera del río Cefiso, tonto sería el efebo que en lugar de formarse en sus clases dialogadas, lo aprendía todo en los libros. Sócrates se maliciaba que los libros leídos en soledad, sin la mediación del maestro -comadrona del conocimiento-, podían llevar a creer a los jóvenes que eran pequeños sabios, cuando en realidad eran unos perfectos ignorantes. Es natural que un maestro que se ganaba la vida enseñando a sus alumnos todo en 'clases presenciales' -¿no se llaman así, hoy?- viese como una amenaza la escritura, porque temía que su auge mandase al paro a profesores dialogantes como él. Umberto Eco, el autor deEl nombre de la rosa, acaba de decir algo parecido a lo de Sócrates: que las redes sociales convierten al tonto del pueblo en portavoz de la verdad. E inmediatamente, este tonto tuneado, compite con los sabios de toda la vida. Otra cosa es el 'tonto del culo', que es como ha llamado la directora de la Alhambra, poco antes de recorrer el calvario policial, a posibles votantes del PP que, manipulados por este partido, no son capaces de captar el auténtico y profundo sentido del Atrio de acceso al monumento que proyecta construir: de las cafeterías, las guarderías y de la marquesinas para proteger del sol y de la lluvia a los turistas que hacen cola para sacar sus entradas. Los convencidos de que lo que proponen es el único camino posible, los fanáticos, los integristas, los beatos, suelen considerar que el que no piensa como ellos es un tonto del culo. Y siempre encuentran algún tonto útil que propaga sus ideas. Un concejal de Ganemos comentó en mi muro de Facebook que los que criticamos alguna cosilla de Podemos, estamos "lobotomizados [sic] por la prensa capitalista". O sea, que nos hemos quedado tontos porque nos hemos dado un golpe en la cabeza. ¡Qué razón tenía Flaubert cuando daba a entender que hay que temer la tontuna ajena, pero que lo que de verdad nos debe de preocupar es la estupidez propia!

domingo, 28 de junio de 2015

Hay un hombre en España que lo hace todo

Mejide, examina a Monedero
AHORA se puede ser intelectual de nuevo, tan sólo con que Risto Mejide te siente en su rincón de pensar. Esta actividad ha estado últimamente bastante desprestigiada. El siglo XX demostró que la cultura, la sabiduría, el conocimiento, no todo el mundo lo usa bien. El país más culto del mundo, Alemania, ha sido de siempre patria de filósofos, científicos e intelectuales de prestigio, que no pudieron o no supieron o no quisieron evitar que la idea de eliminar a judíos, gitanos, polacos, comunistas, enfermos… germinara en la cabeza de unos salvajes y, lo que es peor, que esa idea tomara cuerpo en un proyecto asesino que se llamó 'La solución final' que se puso en práctica con notable éxito. Después de Auschwitz ha sido difícil presumir de intelectual o escribir poemas o diseñar planes de mejora de la Humanidad, sin que recayera sobre la cabeza de los intelectuales la sospecha de que lo hacían en su beneficio y en contra de los demás. La Cultura -y los intelectuales, desde la Ilustración, son los sacerdotes de esa nueva creencia- se han convertido en un bien más, del que se presume, que se exhibe, como un buen coche, un diamante, un yate o el cadáver de un elefante recién abatido. Ciertos "movimientos de liberación", también con un armario lleno de cadáveres, han concedido, de siempre, una gran importancia a la Cultura y a sus creadores y predicadores. "Ser culto para ser libre", era su lema. Aunque en España, ahora que tenemos a miles de licenciados sin trabajo, hemos comprendido que puedes ser una lumbrera cultural y, al mismo tiempo, un esclavo, laboral. El título de "Intelectual", prestigioso o desprestigiado, no se da en ninguna universidad ni lo conceden los jesuitas ni la FAES de Aznar. El título lo concede la gente, que es la que empieza a decir, cuando se topan con uno de ellos "por ahí va un intelectual". En las redes sociales ser intelectual no es un mérito. Si te dedicas a colgar en tu blog o en tu muro de facebook tu tesis doctoral, por entregas o reseñas elogiosas de tus libros o tus artículos de periódico y luego desapareces y no interactúas con los amigos, no te comes una rosca. Y esto molesta a los intelectuales a la antigua que llegan a afirmar, como ha hecho hace poco, Umberto Eco que "el drama de Internet es que ha aprobado al tonto del pueblo como el portador de la verdad". Pero ahora, de nuevo, puedes ser intelectual, sin necesidad de que te lo reconozca nadie -quizá tu madre o, en el peor de los casos, sólo, tú mismo- , porque hay en España un hombre que lo hace todo, como canta el grupo Astrud, y se llama Risto Mejide. Si tienes la suerte de que te invite a su programa, Al rincón de pensar, sales ungido intelectual para los restos. Ahí está Monedero.

jueves, 18 de junio de 2015

Fuera de contexto

Leo en un diccionario que contexto  es el entorno físico o de situación, ya sea político, histórico, cultural o de cualquier otra índole, en el cual se considera –y se explica- un hecho.
Penélope acosada por los pretendiente
Si se pierde de vista el contexto en que se producen los hechos, se están descontextualizando y, para entenderlos, habrá que proceder a contextualizarlos, es decir, a situarlos de nuevo en su contexto. Contextualizar y descontextualizar son dos operaciones muy corrientes desde que se inventó la escritura y, autores anónimos, dispersos en el espacio y en el tiempo, trasladaron a los Grandes Libros las leyendas y saberes que se habían forjado durante miles de años de oralidad, sin escritura. No todo el mundo está seguro de que existiera Homero, el supuesto redactor de la Odisea y la Ilíada, ni de que la Biblia  la escribiese Yahveh de una sentada. El Corán fue escrito utilizando las notas que los discípulos de Mahoma recogieron de sus predicaciones en hojas de palma y huesos de animales. La operación de pasar todo el material de transmisión oral, desde que se inventó el lenguaje hasta que se inventó la escritura, supone una descontextualización notable. Sobre todo cuando se quiere que aparezca escrito por una sola mano o inspirado por una sola mente. Si asistes a una boda, alguien te lee una epístola de San Pablo, en la que se habla del amor, como si hubiera sido escrita por el apóstol cinco minutos antes para los contrayentes. Un hombre encorbatado, con una fea sortija en su mano derecha, explica en la televisión un versículo de la Biblia como si hubiera sido escrito media hora antes especialmente para los que le escuchan en ese momento. “Dice Mahoma, dice Yahveh, dice Homero”… Autores desconocidos, que escribieron en contextos lejanos, recogiendo leyendas dispersas, inventadas durante miles de años, son a diario contextualizados y descontextualizados para ofrecerlos como muñidores de las verdades eternas que dan sentido al deambular de este rebaño desnortado, de origen incierto, que es la humanidad. De contextualizar y descontextualizar esas supuestas verdades, esos hechos ocurridos supuestamente hace miles de años,  han vivido los santos padres, los misioneros, los ulemas, los profesores, los exégetas, los predicadores, los vendedores de biblias, los vendedores de libros. También los políticos. Cuando alguno mete la pata y por su boca salen barbaridades que en un momento dado le echan en cara sus adversarios, su primera línea de defensa consiste en afirmar que sus palabras, o sus hechos, han sido sacados de su contexto e, inmediatamente, procede a ordenarlas, según su interés, en un discurso tan coherente, tan verdadero, tan lineal, tan verificable como el del Corán, el de la Biblia o el de la Ilíada. Nada nuevo. Todavía vivimos en tiempo de leyendas. Contextualizando y descontextualizando constantemente.

jueves, 11 de junio de 2015

Fervor rentable

Cuenca, del PSOE, fervoroso
He asistido últimamente a varios entierros y a alguna Primera Comunión. Y me he dado cuenta de que, en clase pobre y a título personal,  mi comportamiento en esas ceremonias ha sido semejante - aunque no haya usado un chaqué como el de los munícipes para no parecerme a un novio de reboda-, al de Paco Cuenca, Pepe Torres o Juan García Montero en la procesión del Corpus. No creo que Granada sea una ciudad levítica y santurrona. Por el contrario, estoy convencido de que  la ciudad vive en un venturoso paganismo, con miles de ídolos, en el que la gente” (“como diría Podemos) le ha arrebatado a la Iglesia Católica todos sus símbolos y ritos y los pasea triunfante, competitiva y arrogante por las calles “tomadas”.  Porque todo el empeño de la casta sacerdotal, desde Moisés, en quedarse con la administración de lo sagrado, se ha venido abajo y que ahora los sacerdotes, los que reciben las partes del cordero del sacrificio religioso, los diezmos y primicias,  son los hermanos mayores de las cofradías, los cofrades, los costaleros y todos los figurantes.  Hay una poderosísima industria de complementos religiosos que va, desde la costosísima corona de una virgen,  hasta el último alhelí arrancado del florido pensil de los viveros para adornar los pasos, que da de comer a mucha gente, en una ciudad que vive de la Sierra, de la Alhambra y de las procesiones. Los curas hacen todo lo posible en las ceremonias para que se les vea entre la multitud que les ha arrebatado las herramientas de santificación, pagándoles, a cambio, un módico precio. Pero ellos ya no dirigen ni controlan. Simplemente, decoran. El clero traga porque si no, se queda sin público, y el público los soporta, porque sin el clero, se quedaría sin brillo ni protocolo (que es como se llama ahora a la liturgia).  En eso llegan Cuenca, Montero y Pepe Torres,  a los que nunca se les ha visto entrar en una iglesia a rezar solos, sin fanfarria, alboroto y fajines, y se dicen,  como los curas, “aquí están los votos, aquí está la gente,  aquí están los que nos sustentan, ¿en dónde estaríamos mejor?”  Y se agregan a la procesión. No puedo juzgarlos con severidad. Simplemente, se han dado cuenta que ahora la medición religiosa, no es cosa del sacerdote, sino de la multitud. Ya lo decía al principio,  yo, que no soy creyente,  también he asistido estos días a primeras comuniones y entierros de familiares y amigos. Sin chaqué, pero con mi mejor ropica. Y me he levantado y sentado cuando lo pedía el protocolo de la misa, porque no quiero sentirme sólo, porque necesito de la gente, lo mismo que curas, alcaldes y concejales. Yo, para que la gente me quiera; ellos, para que la gente los mantenga.

jueves, 4 de junio de 2015

Los virgos zurcidos


El valor del virgo va más allá de su delicada textura de tegumento. El virgo es una de esas poderosas metáforas que, arraigadas en el inconsciente colectivo,  tienen más fuerza de realidad que lo que nombran. Alguien, antes del descubrimiento del ADN y del código de barras, encontró que el virgo servía de marca de propiedad, de precinto de lo no usado e intacto. También de llamada. De rótulo que informaba de que el cuerpo de la mujer era tierra de conquista y colonización. Todo eso es el virgo y mucho más. También es literatura, en la Celestina, uno de cuyos oficios, como informa Pármeno, el criado de la vieja alcahueta, a Calixto,  está relacionado con el himen: “Esto de los virgos, unos hacía de vejiga y otros curaba de punto. Tenía en un tabladillo, en una cajuela pintada, unas agujas delgadas de pellejeros e hilos de seda encerados y colgadas allí raíces de hojaplasma y fuste sanguino, cebolla albarrana y cepacaballo. Hacía con esto maravillas; que, cuando vino por aquí el embajador francés, tres veces vendió por virgen una criada que tenía”. Pero, ¡si fuera sólo esto! ¿A qué se refiere, sino al virgo, San Juan de la Cruz cuando en su poema “La llama de amor viva”? Allí, nos dice, sin decírnoslo: “¡Oh llama de amor viva / que tiernamente hieres /de mi alma en el más profundo centro! / Pues ya no eres esquiva /acaba ya si quieres, / ¡rompe la tela de este dulce encuentro!”. Pero es Cervantes, sin apartarnos del ámbito de la escritura más subida de estilo,  el que adelanta la prodigiosa historia de la virginidad recompuesta de Leticia Sabater, cuando, en capítulo noveno de la primera parte, nos habla de que “doncella hubo en los pasados tiempos que, al cabo de ochenta años, que en todos ellos no durmió un día debajo de tejado, y se fue tan entera a la sepultura como la madre que la había parido”. Pero no es sólo Leticia Sabater la que lleva el virgo averiado a que se lo zurzan. Las elecciones han servido de Celestina, componedora de hímenes, de muchas virginidades democráticas mancilladas por la corrupción, por el clientelismo, por la utilización de las mayorías absolutas, no para facilitar la vida a los contribuyentes, sino para impedir las comisiones de investigación, para redactar leyes de defensa de la usurpación, como es la Ley Mordaza, para salvar a los bancos y hundir a los ciudadanos o para mentir descaradamente, como se hace en Andalucía, donde Susana Díaz presume de haber blindado los servicios públicos, mientras se tiene a una anciana de 90 años sentada en un sillón de observación de urgencias 26 horas, antes de darle una cama, o donde se habla de la salvaguarda de la Educación Pública, mientras se le aplican recortes feroces en profesorado y medios. Muchos políticos, aun habiendo perdido votos e influencia, presumen ahora de su virginidad democrática recuperada. Pero al final, parece que vamos aprendiendo diferenciar los virgos zurcidos, de los intactos.

jueves, 21 de mayo de 2015

Esta es mi gente


Esa es mi gente señores
Esa es la Puebla del Río
Esa es la Puebla del Río
Viva quien le reza y canta
A la Virgen del Rocío
(Los Romeros de la Puebla)

Ahora mismo la actitud más conveniente ante la actividad política debe ser de sospecha, de control, de desconfianza. No hay por qué confiar lo más mínimo en que Podemos, Ganemos, Vamos, o cualquier otro grupo nuevo, sea capaz de vencer, si gobierna, las espesas inercias de corrupción y degradación democrática del sistema político. Hay que votarlos y agradecerles que hayan despertado la esperanza, sin perderlos de vista y sin pasarles lo más mínimo. Ya que nos han despertado, permanezcamos despiertos y vigilantes. Resulta curioso, si esa vigilancia la ejercemos sobre los eslóganes de la campaña electoral, comprobar cómo los partidos que intentan expulsar al Partido Popular de los ayuntamientos y diputaciones,  coinciden en usar, para referirse a los votantes,  un término rancio y casetero, casi mafioso,  como “gente” en lugar del tradicional “pueblo”  o “ciudadanos”.  Antonio Machado escribía en 1937: “En España lo mejor es el pueblo. En los trances duros, los señoritos invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva”. Machado, en plena guerra civil, oponía "pueblo" a "señoritos". Ayer comprobé en los eslóganes de los carteles electorales de La Zubia, que la palabra "pueblo" ha sido sustituida por la palabra “gente”. Al menos en los carteles de lo que antes se llamaba "partidos de izquierdas" o "partidos progresistas". Dos palabras, izquierda y progresista, también en trance de desaparición. El Partido Popular en su cartel ni mienta al pueblo ni a la gente, simplemente afirma que "La Zubia avanza". Pensé en lo que le decía Rafaela Aparicio, en su papel de Milagros, la tata del Agustín, el protagonista de la película El Sur, a Estrella, la hija de éste: “Con la cantidad de cosas que han pasado desde, y la cantidad de muertes que ha habido, todas por las ideas, eso sí". Y ahora resulta que el pueblo prefiere llamarse, como los señoritos sevillanos llaman a los compañeros de caseta en la feria, o de carreta en el rocío o de hermandad en la semana Santa. La explotación en Andalucía cada vez es más inclemente. Pero el pueblo, sin derechos y sin trabajo, con unos sindicatos claudicantes,  y sin rebeldía, el pueblo, casi esclavo, sí ha conseguido arrebatarle a los señoritos su palabra insignia: la palabra “gente”. O los señoritos se la han dado voluntariamente para disimular  la derrota del pueblo. Ahora todos somos gente. “Somos de la gente”, reza el cartel del PSOE de la Zubia. “Ganemos para la Gente”, se puede leer en el cartel de otro partido de izquierdas.  Puentedura, de IU, quiere ganar el Ayuntamiento de Granada “para la gente”. Iban a tomar el cielo por asalto, decía Pablo Iglesias, pero por ahora lo único que ha conseguido  es un sitio en la carreta, con la gente.

lunes, 18 de mayo de 2015

Obra completa (traducción al griego)


Τώρα που ξέρω ότι θα είμαι και πάλι φτωχός /

βλέπω αλλιώς τα ασήμαντα  πράγματα της ζωής /
τα οποία θα με βοηθήσουν να ζήσω :
η κουβέρτα, το ψωμί και η λέξη;
η συμπόνια, η ταπεινότητα και τα σύννεφα /
ο ήλιος , η στέγη του σπιτιού μου, και η αγάπη σου/
που ακόμα φαίνεται ως εκ θαύματος   ανέπαφη

Traducción de Ana Gámez Tapias



Obra Completa:

Ahora que sé que volveré a ser pobre,
miro de otra manera las cosas triviales
de la vida, las que me ayudarán a vivir:
la manta, el pan, y la palabra;
la compasión, la humildad y las nubes,
el sol, el techo de mi casa, y tu amor,

que, todavía, parece milagrosamente intacto.

sábado, 16 de mayo de 2015

Xeito



Xeito
(en castellano: gracia, donosura, encanto)


Agora que sei que volveré a ser pobre,

vexo de outro xeito as cousas sinxeles
da vida, as que me axudarán a vivir:
A manta, o pan e a palabra,
a compasión, a humildade e as nubes,
o sol, o teito de miña casa e o teu amor
que, ainda, parece milagrosamente intacto.


Versión gallega de Gloria Taibo y Susana Rodríguez Taibo del poema 

Obra Completa:

Ahora que sé que volveré a ser pobre,
miro de otra manera las cosas triviales
de la vida, las que me ayudarán a vivir:
la manta, el pan, y la palabra;
la compasión, la humildad y las nubes,
el sol, el techo de mi casa, y tu amor,
que, todavía, parece milagrosamente intacto.


jueves, 14 de mayo de 2015

La reconciliación de las dos Granadas

Autorretrato de Juan Vida
El pasado lunes me perdí por una selva oscura de políticos y de asesores de campaña electoral, en la inauguración de la exposición del pintor granadino Juan Vida en el Cuarto Real de Santo Domingo. Estaba la flor del bipartidismo. Cosa rara. Normalmente en Granada los concejales y diputados provinciales del Partido Popular acuden, sobre todo, a las procesiones para darse pisto, al pregón de Semana Santa para figurar y a la interpretación de alguna romanza de zarzuela en el Teatro Isabel la Católica, para beber en las raíces de su formación musical. Ellos no suelen alejarse mucho de la calle Ganivet y de las cervecerías de la calle Navas. Los del PSOE celebran sus fastos culturales por la Biblioteca de Andalucía, donde suelen organizar sus actos chiripitiflauticos de lecturas, presentaciones de libros, exposiciones y sesiones reivindicativas de los derechos de la mujer o actos en defensa de cosas muy buenas para todo el mundo. Hace poco me convocaron para leer un texto, en la una sala de la Biblioteca de Andalucía, en contra de los malos tratos a la mujer, que no me dejaron elegir y que me dieron poco antes del comienzo del acto, aunque yo les había pedido que me lo enviaran por correo, para ensayarlo. El texto no tenía nada que ver con los malos tratos a la mujer y además había que leerlo delante de un enorme cartel con las siglas del PSOE. Cuando vi que un acto tan necesario se organizaba para estrujarlo políticamente, eché a correr en mi moto. Sentí la misma sensación de alivio, conforme escapaba, que cuando me largaba del rezo del Santo Rosario en los Maristas de Jaén. Es muy difícil verlos juntos. Pero en la exposición “Vida en el Cuarto Real” de pasado día 11, se juntaron todos, como se juntan, en el Festival de Música y Danza en la heladería de los Italianos. Las dos Granada reconciliadas en torno a nuestro pintor más conocido y a las especialidades de Cecilia di  Rocco. Hubo esa noche un momento muy emotivo; fue cuando el alcalde, que  lleva un cámara de TG7 acoplado a su hardware, a solas con él, en mitad del patio que da entrada al Cuarto, le hablaba posiblemente de la pintura de Vida. Pensé que el responsable último de que estatuas tan feas como la dedicada a la Sanidad Pública o la del tío bestia ese de la Fuente de las Batallas, ese endriago de bronce apelotonado y deforme que asusta a los paseantes en la Fuente de las Batallas, hubiera disfrutado con los cuadros del pintor granadino era un síntoma de que su educación estética mejora. Estoy seguro de que, si sale reelegido, se ocupará, al menos,  de que los pedestales de las estatuas con las que estropea la educación estética de nuestros escolares, no contengan faltas de ortografía que no queda bonito que una Ciudad de Literatura, como la nuestra, no sepa ni siquiera escribir.