martes, 12 de agosto de 2014

El ébola como pretexto

En la película Criadas y Señoras, las damas del Sur de los Estados Unidos recogen fondos para hacer el bien a los negritos, en África, lejos de Missouri. Pero cuando los negritos se convierten en negros y los tienen sirviendo en sus casas entonces los mandan al patio a hacer sus necesidades. ¿Por qué se va la gente tan lejos a hacer el bien?  Para ayudar a los ignorantes, a los enfermos, para extender por todo el mundo la buena nueva, para remediar, de hecho, y no de palabra, el dolor de los más desgraciados. ¿Qué importa? Nada de eso tiene que ver con la espectacular repatriación de los misioneros atacados por el ébola. Estos casos los aprovechan algunos para descubrir su lado más oscuro, lleno de rencor y de odio. Hay quienes sienten lo mismo pero, sensatamente, se lo callan, porque no queda muy bien el que aprovecha la enfermedad o la muerte de otro para mostrar impiedad. ¿Cómo no salvar una vida humana, si se puede? También florecen, en estos casos,  los paladines de todas las nobles causas. Pero estas operaciones no están movidas por la compasión sino por la razón de estado. Uno tan carencial como el nuestro, que hasta cobra por receta a los pensionistas, no se puede permitir dar la sensación de que no atiende a sus nacionales desperdigados por el mundo. Los repatría, los libera, paga el rescate, hayan caído en manos de un virus, de unos piratas o de los yihadistas. Pero es incapaz de montar el dispositivo de protección adecuado para que no se infecten los sanitarios que atienden a los enfermos. Si la infección se extiende morirán muchas personas, y el ébola se convertirá en emblema señero y putrefacto de la Marca España, los turistas dejarán de venir y  nos volveremos más pobres. Y cada vez encontraremos menos motivos para aguantar tranquilos tanto despropósito.

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