martes, 15 de julio de 2014

La estatua de la cautividad

Aves rapaces
Como los motivos éticos que llevan a la mayoría social de Granada, representada por el PP, a no retirar la estatua dedicada a José Antonio, no parecen fáciles de defender,  el presidente de la Diputación, se agarra a la estética. La estatua no se retira de bonita que es. Y además no sólo para los expertos granadinos que la han analizado, sino que es obra de arte reconocida  en todo el mundo. No me explico entonces por qué no se ha expuesto ya en el MoMa, en el Louvre, en el Prado o en  el Guggenheim de Bilbao. ¿Por qué en lugar de retirarla de la circulación no se le presta a estos museos que se mueren de ganas de exponerla?  ¿Por qué lo bello ha de ser bueno? Muchas estatuas conmemoran hechos crueles. ¿Es hermosa una violación?, pues ahí tenemos las mil representaciones pictóricas y escultóricas de la violación de la romana Lucrecia.  ¿Es u rapto algo agradable de ver? Pues ahí tenemos a Zeus disfrazado de toro, arrebatando a Europa de sus  inocentes juegos adolescentes para  abusar de ella. Pues, ¿qué decir de la decapitación de Holofernes o de la mutilación de Santa Gadea? Y revientan los museos con representaciones de estos horrores. Acaso, lo horrible de la estatua de Bibataubín no resida en su factura, en su estética, sino en el hecho de que se alce en el centro de una ciudad, con miles de muertos enterrados todavía en cunetas y zanjas, y que los que se oponen a su desaparición se sientan herederos de los vencedores de la guerra civil. ¿No la querrán ahí para recordarnos que seguimos viviendo en una democracia otorgada graciosamente?  

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