jueves, 20 de febrero de 2014

Ni envidiado, ni envidioso

Como decíamos ayer... (Cátedra de Fray Luis de León)
Actualmente, tenemos los jubilados mejor preparados de la historia (de España), para sostener al Estado moderno que ha decidido especializarse en cobrar impuestos para pagarle a sus funcionarios y servidores –del Estado, no de la gente- y dejar lo demás al contribuyente. El Estado somos, por tanto, cada uno de nosotros. En la cima de ese Estado se encuentran los jubilados que cobran religiosamente de Madrid. Cuando los jubilados dejen de cobrar un mes sus pensiones, habrá que prepararse para el éxodo. El jubilado es visto desde el poder como una ayuda imprescindible para la llevanza del día a día de la gente. Él tiene en nómina a sus hijos parados, atiende a los trámites y recados que no pueden hacer sus hijos empleados, con horarios de 10 a 12 horas, o más. Lleva a los niños al colegio. En el caso de los jubilados varones, aprenden a guisar con la ayuda de la thermomix, que es una máquina inventada por los machos para, cuando se meten en la cocina, conseguir unos niveles de calidad aceptables, simplemente aplicando las variables tiempo, temperatura y velocidad, las mismas que en el sexo. Pero el jubilado es normalmente un incomprendido. Consciente de su importancia, dice lo que se le ocurre. Esto no ha de durar mucho porque, cuando se le chafe a Gallardón el macabro juguete del aborto, es muy posible que se invente una ley para acallar a los jubilados díscolos. Pero, entretanto, los ciudadanos en activo, blanco de sus críticas, no saben a qué atribuirlas. Nunca ha habido tantos individuos, todavía sanos y lúcidos, con mucho tiempo para pensar y sin miedo a que los echen del trabajo o que los suspendan de empleo y sueldo. Y todo lo achacan, los criticados, a la envidia del jubilado. Si ridiculizas a un político presuntuoso, que le da más importancia, cuando juega el Granada, a que él esté viendo el partido desde el palco (y así lo proclama en facebook) que a los raros goles que mete el equipo local, inmediatamente te acusa de envidioso. Si tachas a un best-seller ginecológico de pornográfico, lo haces porque envidias los 500.000 ejemplares que el libro vendió en las Navidades. Si criticas la endeble literatura granadina, embadurnada de sentimentalidad obvia o empapada de lluvia de adjetivos: envidioso. Eso quiere decir que muchos ciudadanos en activo se mueven para ser envidiados y no entienden que haya jubilados que, con Fray Luis de León, prefieren vivir, “ni envidiados ni envidiosos”.

2 comentarios:

  1. Aprovecha mientras dure la envidia de los que quedamos en activo, porque cuando se pase la ciclogénesis de la prohibición del aborto va a llegar el anticiclón de la LMIM (Ley de Matanza de los Inocentes Mayores).

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  2. Trasindependiente, mayores inocentes, con esa segunda inocencia que da en no creer en nada. Gracias y saludos.

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