domingo, 16 de febrero de 2014

El oficio de albañil


ESTAN en el cuarto piso de una casa en construcción. Es la hora del bocadillo. Son muy jóvenes. Es difícil saber cuál de ellos es el maestro. O quizá el maestro se ha quedado resguardado en la oficina de la constructora. Ninguno de estos ocho o nueve albañiles lleva casco protector. Están sentados, temerariamente, al borde mismo de la obra, con las piernas balanceándose al aire: ni una simple cuerda los protege del vacío. Han mandado al menor de ellos a la tienda de frutos secos y ahora abren todos con los dientes las pipas y luchan con los «kikos» y con el pistacho que viene en cada paquete de «revuelto». Beben cerveza directamente de dos o tres «litronas».
Compiten entre ellos para encontrar en sus memorias la frase ingeniosa (tomada del género folclórico del piropo) que obligue a la chica que pasa por la acera de enfrente a mirar hacia arriba y a sonreír, agradecida, o a volver la cabeza ofendida por la reciedumbre ancestral del lenguaje de los alarifes. El cenero ha encontrado la perla de más éxito: «Niña, te comía hasta la gomilla de las bragas».
Para la prospección de las terrazas próximas echan mano de aparatos ópticos de tecnología punta. Al de Maracena le han traído de Ceuta unos prismáticos muy potentes que ahora presta al muchacho de Peligros para que éste se recree en la contemplación de unas chiquillas que toman el sol casi desnudas enla azotea de una urbanización cercana. Las niñas, que se han dado cuenta, se levantan y les enseñan fugazmente lo que ellos querrían observar con más cuidado. Luego se meten en la casa.
Estos ocho o nueve albañiles han construido casas en toda Granada. Bloques del Zaidín, de Almanjáyar, de la Redonda se han levantado con su colaboración. Chalés del Albaicín, de la Carretera de Jaén, de Haza Grande, tienen algún tabique alzado ladrillo a ladrillo por esta gente. A veces, sienten que nadie les reconoce lo que han hecho por la ciudad y por Andalucía. Han pensado marcharse de aquí y establecerse en Barcelona o en Madrid. Romper la cartilla de «La General» y meter las 80.000 pesetas que tienen ahorradas en «La Caixa». Pero no están seguros de encontrar trabajo o casa o calor.
Se van a quedar en la obra, con las piernas al aire, con las pipas, con los prismáticos, con el rescoldo de los cuerpos atisbados a lo lejos y que desaparecen. Se van a quedar, aunque están seguros de que no los quiere la Junta de Andalucía y de que no van a obtener de ella ninguna concesión, ninguna licencia para abrir un casino, ni siquiera una emisora de FM [...].
GRANADA 2000, 14 de enero de 1990. (Ver artículo completo).

2 comentarios:

  1. Hay pruebas (y están en tu estupendo artículo del año 1990) de que todas las mentiras que nos rodean empezaron hace más de 20 años. Por decir una cifra.

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    1. Entonces las emisoras de FM estaban de moda. Recuerdo que dimos una charla en las Mercedarias, José Carlos, que nos llevó Mariano Maresca, con el título "Literatura en la FM", en el salón de actos del colegio, a una chiquillas muy vivas y uniformadas que nos hicieron una caricatura, que todavía conservo. Relacionamos "Mi agüita amarilla" de Toreros Muertos con el poema de León Felipe "Como tú". Salimos a lleno y tuvimos un exito inexpicable. No sé si fue antes o despues de que organizaras en Guadix un bolo sindical que se tituló, más o menos, "Qué hace un chico como tú en una Enseñanza como esta". ¡Cosas!

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