lunes, 16 de septiembre de 2013

Las flores de los moteros

Ofrenda floral a la Virgen de las Angustias
Hay, hoy en día, una multitud itinerante que se concentra en el campo del Granada C.F. para ver jugar a su equipo, que en Semana Santa saca a las calles a los titulares de las cofradías, que los fines de semana disfruta religiosamente de los botellones, que se pone en cola para la ofrenda floral a la Virgen de las Angustias y que, si se le pide que vaya a Madrid a rellenar los actos del Papa, se desplaza ágil y cooperante.  La Iglesia Católica contabiliza como fieles a los integrantes de estas avalanchas humanas. Las masas paganas y bacantes que buscan placer y diversión -y sentirse vivos- son el opio del clero. Pero ellos, si se les oye con atención, explican el porqué de su itinerancia placentera. En la web de moteros, fracción amantes de la vespa, ‘Vespacito. Com”, se puede leer: “Pues como ya es costumbre en nuestro club todos los 15 de Septiembre nosotros también aportamos nuestro granito de arena aunque sea en forma de flores a nuestra patrona. Una tradición muy granadina y no vamos a ser menos… por lo tanto si eres católico, ateo, musulmán, judío, etc. Y desde luego cualquier moto club o motero solitario que se quiera adjuntar a nosotros estás invitado ese día a acompañarnos a hacer la entrega”. Hay que remontarse al siglo XIII, para encontrar una actitud tan ‘mix’, tan receptiva, tan omnicomprensiva. Cuentan que en la puerta del Hospital de Peregrinos de Roncesvalles, de donde partía el ramal francés del Camino de Santiago, estaban esculpidos estos versos: “La puerta se abre a todos, enfermos y sanos; /no sólo a católicos, sino aún a paganos; / a judíos, herejes, ociosos, y vanos; /y más brevemente, a buenos y profanos”. Parece que por encima de religiones y creencias, está la insoslayable marea de la vida que acoge en su seno, o lo pretende, a la mayor cantidad posible de peregrinos. Quizá porque soñamos con la posibilidad de que, si conseguimos juntarnos todos en algún rito, en alguna fiesta, la insidiosa muerte no se atreverá con tantos. Que será arrollada por la poderosa corriente de la vida. ¡Ingenuos!

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