jueves, 11 de julio de 2013

Un príncipe, feo, para Corina

Corina y su feo
LA comedia de Aristófanes La asamblea de las mujeres (392 a. C.) está llena de sorpresas. Desde el punto de vista del estilismo, nos habla de depilación, de barbas, de perfumes, de aceites para el bronceado, de las toquillas de las mujeres y de los mantos de los hombres. Desde el punto de vista sociológico, no tiene desperdicio: en Atenas se vivía bien gracias a los esclavos. Cuando las mujeres proponen un régimen comunista dirigido por ellas, dejan fuera a los esclavos. Menos asilvestradas que la diputada del PP Andrea Fabra que en sede parlamentaria expresó su deseo de que los parados se jodieran, las mujeres atenienses necesitaban tanto a sus esclavos que no querían joderlos especialmente, simplemente explotarlos. El matriarcado que propugna la protagonista de La asamblea, Praxágora, se parece mucho al que el fotógrafo y periodista Ricardo Coler encontró en Loshui, poblado mosuo a orillas del lago Lugu, apartado de "la Civilización" hasta 1972. En su crónica El reino de las mujeres, Coler informa de que entre los mosuo, las mujeres están al mando y cuenta lo que ocurre en esta comunidad china de veinticinco mil habitantes con los roles masculinos y femeninos, con la familia, el trabajo, el amor, la sexualidad, la política y la violencia. No sabemos cómo sería hoy nuestro mundo si se hubiera hecho caso a las propuestas de Aristófanes que propugnaba la igualdad absoluta y la desaparición de la violencia. Lo cierto es que los feos y las feas, hubiéramos salido muy beneficiados: las mujeres de La asamblea proponen que para hacer el amor con personas hermosas, previamente, hombres y mujeres tendrían que consolar y satisfacer a un feo o a una fea. En este blog, cuando hablamos de que algunos hombres feos gustaban a mujeres hermosas los imaginábamos favorecidos por el "bono de Venus", caso Rubalcaba, al que hasta Pepa Fernández, la excelsa conductora del programa de RNE No es un día cualquiera, encontraba atractivo, hasta el punto de confesar en las ondas que: "a mí Rubalcaba, me pone". De haberse implantado esta interesante propuesta de las mujeres atenienses, Corina, la protagonista del programa de La Cuatro, hubiera tenido que entregarse, antes de terminar en brazos del guapo policía andaluz, al simpático Andrés Martín, mucho menos agraciado. Estoy dispuesto a cambiarle el nombre al bono y, en honor, del comediógrafo ateniense llamarlo desde ahora el "bono de Aristófanes".

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