miércoles, 5 de junio de 2013

¡Mira que nos acechan todavía!

Hay antropólogos diletantes que les cuelgan a los granadinos el sambenito de la malafolla, como cosa del paquete genético, pero pocos reflexionan sobre si el mal carácter que muestran, a veces, tiene algo que ver con problemas del pasado, enterrados y no resueltos. En Francia, comenzaron muy tarde a reflexionar sobre la colaboración con los nazis en la segunda guerra mundial. Tuve la suerte de asistir en el 1994 a la celebración del cincuentenario de la liberación de París. El 25 de agosto, por la noche, organizaron los parisinos una fiesta en la que los únicos que se mostraban alegres eran los viejos ex-combatientes norteamericanos que habían venido con sus nietos para celebrar su participación en aquel acontecimiento. Una procesión de actores bajó desde la plaza de Denfert-Rochereau hasta la del Hotel de Ville, escenificando los últimos días de la ocupación alemana. Los malos integraban, según se podía leer en el programa de mano, 'el ejército de las sombras' -¿los alemanes, los colaboracionistas franceses?-, y eran derrotados por los buenos, 'el ejército de la luz' -¿la resistencia, el buen pueblo de Francia?-. Los organizadores, -cincuenta años después- no podían llamar a las cosas por su nombre: no se atrevieron a ponerle a cada facción sus uniformes y a declarar paladinamente que gran parte de la población de París se cruzó de brazo ante la ocupación nazi. Pero los historiadores aprovecharon la ocasión para avanzar en el estudio de las causas de la colaboración de muchos franceses con Hitler. Si Granada se plantease en este 115 aniversario del nacimiento de Lorca, no quiénes integraban el ejército de la luz y el de las sombras en 1936, sino por qué la obra de su poeta está llena de expresiones de miedo y de cautela, se habría adelantado bastante. Todavía queda tiempo para que los especialistas, los consistorios, las huertas y las almunias, los herederos naturales o sobrevenidos, los Centros Lorca a medio acabar, los pueblos, los lugares lorquianos, los rencorosos, los violentos, los agazapados, diluciden si una persona como Lorca tendría que seguir escribiendo hoy el sobrecogedor último verso de uno de sus Sonetos del amor oscuro: “¡Mira que nos acechan todavía!”

4 comentarios:

  1. María de los Ángeles, me gusta mucho tenerla en mi círculo de amigos. ¿Tiene usted un blog que yo pueda seguir? Gracias, un saludo cordial.

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  2. Alain, toda la vida leyendo mis cosas, siempre apoyándome. Gracias.¡Con lo que me gusta a mí Paris y los pueblecitos preciosos de los alrededores! Todavía recuerdo la casa en la que nos alojaste en 1976 (?). Un abrazo, amigo.

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