jueves, 13 de junio de 2013

Hoy quiero confesar que a mí no se me ha pagado

Este mitin, me lo deben
PARECE que los candidatos cobran de los partidos sobresueldos por hacer las campañas electorales o reciben préstamos sin condiciones por haber sufrido atentados. A ver quién me va a pagar a mí la gasolina que tuve que echarle a mi Simca 1200, en la campaña electoral del 1977, para ir por los pueblos anunciando los mítines, y la instalación de los altavoces en el coche y las horas que empleé y los mítines que di y la preparación de mis intervenciones y el mal rato que me dio la guardia civil cuando me paró en la puerta del cuartelillo de La Rambla, al volver de dar uno, para preguntarme si yo había matado a un camarada que había aparecido descuartizado en un pozo de un chalecito de Espejo, porque nos habían visto cantando la Internacional, a los dos, muy exaltados en el casino de ese pueblo, la noche anterior. Cuando les contesté que sí, que todo lo que se mataba en la zona, lo mataba yo, no entendieron la ironía y me trataron como los guardias de seguridad del Roland Garros trataron el domingo a un hombre que había entrado en la pista para protestar por los matrimonios gays. Nadie me ha pagado la factura del médico que me curó las magulladuras. ¿Quién nos va a recompensar a mi mujer y a mí por haber conseguido que no se quedara embarazada ni una sola de las mujeres de un pueblo de la Alpujarra que asistieron a una charla que dimos sobre anticonceptivos, en los años 80? También es verdad que la reunión fue a la hora de la cena y que las mujeres fértiles del pueblo se tuvieron que ir a darle de comer a sus criaturas. Pero entre las que se quedaron a oírnos no se ha reportado ningún embarazo, por la bondad de los métodos que se les expusieron y porque no había ni una con menos de75 años. El pueblo si nos pagó con creces nuestros desvelos y nos han invitado desde entonces a acompañarlos el día de San Marcos a comer de las enjundiosas ollas que en torno a la Iglesia prepara cada familia. Todavía no he cobrado por las primeras elecciones municipales. Voy a hacer una lista con todo lo que se me debe y les voy a organizar un escrache aunque me salgan con la tontería de que soy de la ETA. A estos les pasa como a los anticomunistas de la Guerra Fría que, cuando cayó el muro de Berlín, no sabían a quién echarle la culpa del mal del mundo hasta que un listo inventó lo de las armas de destrucción masiva. Aquí esa mentira infame que ha arrasado a un país la propició Aznar, un ideólogo de perfil plano y de ambición irrefrenable.

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