lunes, 1 de abril de 2013

La siguen los hombres y los perros...




Esta chica, ensimismada y solitaria, que acaricia un perro me gusta más que los que desfilan y se paran y echan a andar cuando se les ordena. El siglo XX nos vacunó a muchos del deseo de congregarnos y buscar amparo en grupos compactos preparados para la defensa y el ataque. De hecho, la mayor parte de las reuniones masivas del pasado siglo concluyeron con el exterminio de millones de personas: el partido nazi desfilando ante su líder, “como un solo hombre”, las paradas militares de la Plaza Roja, el millón de personas que vitoreaban a Franco en la Plaza de Oriente, Camboya, Pekin, Hiroshima… No, no siempre la reunión masiva de gente ha traído paz y armonía. Por eso esta muchacha que a la vera del río derrocha ternura con un animal, ajena a su propia belleza y a los efectos que esta produce en los transeúntes, resulta relajante. Tranquilizadora. Sólo unos minutos más tarde de que el fotógrafo la sorprendiera, tuvo que levantarse para dejar pasar a un grupo que trasportaba la imagen de un hombre muerto clavado en una cruz. Ella se alzó, benignamente de humildad vestida, como Beatriz, la amada de Dante, para regresar a su taller de pintura en el Albaicín. Ni siquiera se volvió a mirar al capataz del grupo que la había expulsado de su entretenimiento, cuando éste a voces les explicaba a los costaleros que “ella era la que se tenía que apartar”. Tuvo que pasar delante de la Casa de Castril, donde un inocente paje, emparedado por los celos de un padre inclemente, lleva siglos esperando justicia del cielo, sin alcanzarla. Ella, que ha recibido del cielo la belleza sin solicitarla, procesiona indiferente por la ribera del Darro como si no supiese , lo dijo Gil de Biedma, “que la siguen los hombres y los perros, los dioses y los ángeles, y los arcángeles, los tronos, las abominaciones...”.

6 comentarios:

  1. Has creado una ruta del Darro llena de misterios gloriosos, gozosos y "laicoangélicos". El mundo no sé si te lo agradecerá, pero yo sí (¿seré el demonio y la carne?).
    Gracias y saludos.

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  2. trasindependiente, ¡la que tenemos nosotros con la belleza más allá de cualquier esperanza o deseo! Será cosa del Universo, puñeteras fuerzas, enormes fuerzas que nos habitan y nos inquietan y nos mantienen vivos.¡Que Dios las bendiga y las apacigüe!

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  3. No solo es la belleza, esa muchacha irradia paz y eso es lo que nos inspira.
    Tú, como siempre lo interpretas para nosotros.

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  4. Estoy de acuerdo con Coco Vida : después de tanto ruido y tanto trajín, esta muchacha, tranquila, bonica, a su bola, fue un don de paz. Su felicidad no parecía provenir de sentirse más fuerte, más rica que otros. Sino de su juventud, de su capacidad para disfrutar de cosas aparentemente insignificantes pero que sólo se perciben en ciertos momentos de la vida.

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  5. Hermosa imagen, bellísimas palabras de persona sabia y sensible. En ocasiones, es verdad, se nos cae el alma a los pies cuando vemos que a nuestros congéneres tan bien les viene llorar detrás de un santo de palo, que participar de las Fallas o irse de mani. Y con todo, hay que cerrar los ojos e imponerse la participación en algunas procesiones indispensables, las del pan, incluso sabiendo que los más, llegado el caso, o nos volverían la espalda, o asumirían encantados el liderazgo de lo que fuera, con tal de beneficiarse personalmente, aunque no fuera sino el beneficio de inflarse el ego. Te dejo esto, no puedo ni quiero evitarlo, más que nada para obligarte a decir algo más en el mismo sentido, soy una amiga exigente, ya ves y ya me perdonas. Un beso.
    http://elpais.com/elpais/2013/04/01/vinetas/1364830690_235614.html

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  6. Mariana Pineda, estoy escribiendo una entrada en la que intento decir algo más, siguiendo tu recomendación. Espero poder publicarla mañana. La voy a titular "banal-catolicismo". No estoy seguro de conseguirlo: el no ser yo un pensador me ha limitado mucho. Pero algo bueno debo de tener cuando he conseguido encontrar amigas como tú. Tu comentario es precioso, de los que animan a seguir trabajando. Un beso.

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