jueves, 11 de abril de 2013

El rap de la Vega



De la rotonda que hay a la entrada de mi pueblo sale una calle de unos  30 metros, cortada por un muro bajo de bloques  de cemento. En su día, este muro fue la frontera de la especulación. Más allá, la Vega, entonces amenazada y hoy pujante e invasora, sin interés para constructores arruinados y ayuntamientos en quiebra. Un rapero enamorado escribió en los bloques este enigma que durante años hemos leído los paseantes: “Sigue en dirección Bellavista hasta tu quinta pista mientras te explico cómo me he acabado enamorando de ti de forma imprevista sigue hasta que la tengas a la vista”. El rapero descuidó, pese a la rima interna, algún detalle métrico. Podría haber amoldado su adivinanza a los bloques de cemento y escribir dos sílabas por bloque o trabajar con bloques trisílabos. Haber repartido los acentos convenientemente por el cemento pautado, para que su llamada de atención se atuviese al consejo de Verlaine: “la música ante todo”, facilitando la rendición de la amada con el ritmo acentual. Pero no. El rapero ha sido ingenioso en los conceptos, pero tosco con la retórica, dañado por el versolibrismo y la iconoclastia de las vanguardias que no respetaron nada. Con lo que un pintamonas puede pasar por Miró y un maltratador del idioma por un poeta notable. Yo mismo, sin miedo al ridículo, picado con el rapero del hormigón, me atreví a redactar algún aforismo de limpia sabiduría, de esos que ahora están de moda entre poetas. Estuve tentado de escribirlo en los bloques del muro. Luego lo llevé a mi taller de haikús colectivos. Pero la peña lo encontró insustancial y lo rechazó. Al no conseguir nada de los compis, lo convertí, yo solo, en un poema. Estuve a punto de leerlo en un festival internacional de poesía, pero se suspendió porque el local, de propiedad municipal, hubo que dedicarlo a taller de costura para hacerle los trajes a un conjunto de sambas brasileñas que iba a desfilar en las fiestas. La verdad es que me quedó muy profundo. Si no, que el lector severo juzgue por sí mismo. Lo titulé “Las alcancías del odio” y decía así: En la familia,  / el recuerdo de los buenos momentos se disipa, / y se guardan en huchas de barro / los agravios y el rencor. / Las alcancías del odio terminan siempre por abrirse / o romperse, / para que los fantasmas liberados / oculten las causas del fracaso inevitable.  Ya sé yo que no es un fruto perfecto, pero es que he roto a escribir poesías muy tarde.

4 comentarios:

  1. ¡Ay amigo Pablo, nunca es tarde si la rima es buena!.

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  2. Entretanto, amiga marr, como las vírgenes prudentes -aunque esté fea la comparación- mantengamos la vela de la poesía encendida, por si nos llega la inspiración. Gracias.

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  3. La inspiración, como la familia, viaja a cuestas de uno.Poeta reciente, con mucho qué decir.

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  4. Se dirá, si no hay que trabajar mucho. Gracias, amiga Mariola.

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