jueves, 21 de marzo de 2013

Los zapatos negros del Pescador


Yo comencé a estudiar para papa a los 11 años en el Colegio- Seminario de Almagro,  en cuyo Corral de Comedias  asistí por entonces, sin provecho alguno, turbado quizá por otros afanes,  a la representación  del  Gran Teatro del mundo de Calderón. Si hubiera prestado  atención al dramaturgo me hubiera planteado mi vida, desde el principio, como teatro y representación y hoy sería, si no papa, al menos, cura obrero con familia numerosa. De aquella época, conservo algunas fotos, la bolsa de la ropa que tiene bordado a mano por mi madre mi número de colegial, el 243, un cuarteto a la Virgen que apareció en el número de mayo de 1958 de la revista colegial Alba, del que solo recuerdo algunas palabras del cuarto verso –“…mil floridos mayos”, creo que terminaba el poema- y el gusto por el gregoriano y  las sopas de ajo. Mi uniforme  de colegial, aspirante a la Orden de Predicadores, era una réplica exacta, según constato ahora por las fotos, del de los papas. Quizá la tela no fuese de tanta calidad, pero estaba bien cortado, aunque a mí me quedó algo corto, por el estirón de la adolescencia.  Ni se me pasó entonces por la cabeza publicar estas menudencias.  Hoy las coge un adolescente guapo y bien alimentado, como el cantante canadiense de pop Justin Bieber, y le dan para varios capítulos de su Autobiografía. Las cuento ahora porque la insistencia de mucha gente en relacionar el color negro de los zapatos del papa Francisco con la humildad y la pobreza franciscanas me las han recordado. No dejo de oír, desde que el nombramiento de este argentino sorprendió a todo el mundo, que el color negro de los zapatos y la plata, en lugar del oro tradicional, del anillo del Pescador suponen un “giro copernicano” en el rumbo de la iglesia. Nadie ha olvidado los zapatos de color rojo que solía llevar en las grandes ceremonias  el elitista Benedicto XVI.  Yo también aparezco con zapatos negros en una foto que tengo con mi padre en las puertas del  convento de los dominicos de Almagro. No sé por qué, coincidiendo tanto con el actual papa, yo no he hecho carrera eclesiástica. La abandoné  porque creía que el sacerdocio era incompatible con la dulce proximidad de la mujer. Estaba equivocado: Benedicto XVI se ha retirado a Castel Gandolfo con cuatro monjas y el papa Francisco besó, urbi et orbi,  a Cristina Kistner. Si yo hubiera aprendido de Calderón que la vida es puro teatro,  ahora podría ser Paulo y pico. 

5 comentarios:

  1. Es una verdad como un templo -y nunca mejor dicho- cuanto ilustras,con esta encantadora fotografía, plena de gracia, de pequeño papa con tu papá. Pero tú, Pablo, no te caíste del caballo, sino que te subiste en él y el orbe se perdió un Paulo VII como Dios hubiere mandado en la urbe bendita. Los caminos del Señor son tan inescrutables, que no los vamos a escrutar nosotros ahora. Conformémonos con el mundo, el demonio y ,sobre todo, con la carne, amigo .

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  2. Sin ánimo de pontificar, siempre he pensado, amigo Miguel Cobo, que el concepto cristiano de "carne" es algo charcutero y reduccionistas y, si me apuras, hasta un poco ordinario. Como si todos los episodios gozosos que el tiempo cicatero nos concede no tuvieran como escenario el delicado territorio de la carne.

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    1. Mais, oui, mon ami. Yo hablo de la carne como sublimación del cuerpo; es decir, casi del espíritu propiamente (o freudianamente) dicho. Sin problemas de abstinencia esta semana. No queremos ni bulas ni indulgencias. Salud.

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  3. Pablo, me he reído con esta simpática foto de travieso papa-monaguillo. Me ha servido también para recuperar la imagen de tu padre,que había perdido después de tanto años y recordar la ironía a la que recurría para poner un poco de orden.
    Un abrazo, Bartolomé

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  4. Bartolomé, ayer, hablando con mi hermano mayor, recordamos la figura de mi padre, un hombre inteligente e irónico, abrumado por el peso de sus 9 hijos, empeñado en que todos estudiáramos e intentando poner orden, como tú dices, con ironía y distancia. Recuerdo que nos decía que si suspendíamos, el nos suspendía inmediatamente todos los derechos humanos. ¡ Menos mal que conseguí ocultarle que Marín Ocete, nuestro profesor de Paleografía y ex-rector de la Universidad de Granada, me suspendió 5 veces la Paleografía! Todavía sueño con que no he terminado la carrera porque Marín Ocete me sigue suspendiendo. Un abrazo.

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