jueves, 3 de enero de 2013

El infierno son los demás



Las rebajas de enero han llegado también para el hotel de Marbella en el que se alojó Michelle Obama el verano que vino a España y visitó Los Italianos. Ahora el alojamiento cuesta un 9% menos, sólo 1155 euros por persona y noche. Una de las clientas habituales del establecimiento declaró en televisión encontrase en él como en su propia casa. En estos lugares privilegiados puede pasar que a lo largo del día haya algún momento en que los trabajadores del hotel no te estén poniendo las manos encima, pero en el reportaje no se vio. Porque cuando eres rico no tienes derecho a ausentarte ni un instante del mercado ni del teatro donde se exhibe la riqueza. Luis XIV, el Rey Sol, pasó muy pocos minutos de su dilatada vida solo. Hasta sus necesidades las tenía que hacer delante de sus cortesanos. Porque cuando se es rico o poderoso, parece que no es posible pasar ni un momento sin que te den masajes o sin que chorros de agua propulsados mancillen tus lugares más encriptados; es inevitable que te acerquen un plato de caviar o un bacín de cuello alto, como al rey francés. Langostas rampantes de amenazadoras patas ortopédicas te acechan o perfumistas inclementes te fumigan con alguna colonia de largo alcance con la que marcar tu territorio en competencia con la que exhala la persona que tienes cerca. Y si de pronto te quedas solo y, obligado a llenar tu tiempo durante unos segundos con materiales propios, te invade el horror al vacío, no debes de temer nada, de algún sitio saldrá un Ganímedes, administrador del amor venal, dispuesto a escanciar en el ánfora de tu deseo los cuerpos más perfectos. Si el infierno son los otros, o los demás, como he podido leer en una pintada que atribuye la frase a Sartre, cuando eres rico, es muy difícil no precipitarse todos los días por sus escalones. Cuando uno no es rico, o incluso si se es pobre, tendrá que buscarse su propio infierno, ir a por los otros, asomarse a donde va la gente, frecuentar el infierno de las romerías, de las primeras comuniones, oler los humos primordiales de las  barbacoas, demorarse en el cortejo amoroso. Personarse en la Toma. Aunque hay infiernos de los que es difícil ser expulsado, como nos advierte un pobre de solemnidad que se pone en Puerta Real con un cartón en el que ha escrito “Soy español”. Pero, si eres Michelle Obama, no temas, se abrirán para ti las puertas de todos los infiernos.

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