viernes, 27 de diciembre de 2013

Imagina 50 Excalibur

En las viejas sagas artúricas, Excalibur, la espada que da el poder al que la posee, es extraída de una piedra inculta en mitad del bosque. Sir Malory, el escritor inglés del siglo XV que consolida y canoniza las leyendas artúricas de Camelot y de los Caballeros de la Tabla Redonda, cristianiza totalmente la historia de Arturo, y el episodio de la extracción de Excalibur lo sitúa en el patio de una iglesia: la piedra inculta, ha sido esculpida, ha perdido las telúricas imperfecciones de cuando habitaba en los brumosos bosque precristianos y ha pasado a ser un cubo de Ikea, perfectamente tallado. Para entonces, el cristianismo se había engullido la mitología griega, convirtiendo a Eros en Jesús Niño y a Marte en un cruzado medieval. Del brumoso territorio de la infancia, les han llegado a 50 escritores 50 palabras, límpidas, como Excalibur, para que las domestiquen, las ahormen, las sometan, las esclavicen, las hagan florecer, las inseminen, las preñen, las explosionen, las esparzan, las diseminen… 
Eso es 'Imagina cuántas palabras', un libro que nos habla del mundo de la infancia, de la educación de los niños, de su sometimiento, de sus epifanías como personas adultas, y de las máscaras y disfraces que el tiempo y la vida en común les obligarán a llevar. Y también de la esperanza de que la luminosa ingenuidad de lo nuevo no desaparezca totalmente cuando el niño crezca. De la misma manera que las palabras que entregaron a los 50 domadores del lenguaje, han renacido en este libro, sorteado el peligro de la obviedad, como textos refulgentes, émulos de Excalibur, la espada de Arturo.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

El Poder, enrabietado

El místico Miguel de Molinos
El Poder, ahora en manos del PP, está enrabietado. Y arremete contra todo. Primero, como es habitual, contra las mujeres con menos recursos económicos que tendrán que volver a los sofisticados métodos de antaño para abortar. En tierra de vino: arrojarse desde lo alto de un barril de amontillaopara ehfaratá  (desbaratar) al ‘nasciturus’, por ejemplo; porque las mujeres seguirán abortando: las que dispongan de recursos, en clínicas impolutas de acá o de allá; y las que no, como puedan. En ciertos asuntos, las mujeres no hacen caso ni de curas ni de los gallardones ambiciosos que se sueñan presidentes gracias a los votos ultras. Hay un momento en que se plantan y las creyentes mandan a paseo a los curas. Se las oye decir, “yo creo en Dios, pero no en los curas”; a partir de ese momento, como los místicos, deciden relacionarse directamente con su dios y seguir acudiendo a los templos. Y las no creyentes, aun pasando de catecismos,  seguirán celebrando todo lo que haya que celebrar en las iglesias. Se casarán en ellas, serán despedidas en ellas, en la hora del tránsito final,  llevarán a sus hijos a las iglesias para que hagan la comunión y se los confirmen; harán de damitas de honor en las bodas de sus amigas, les cantarán a sus novios, acompañadas de coros rocieros, que los quieren mucho, contentas de retirar de la calle a un macho itinerante y trotamundos. Porque hay algo de decoroso, de cándido, de perfumado en el ámbito milenario de las iglesias. Y hay en ellas un culto a la palabra, al lenguaje, a las  prosodias dopantes de las letanías, del salmo y de los rosarios que ha seducido de siempre a la mujer. Sherezade, cuando llegó de Oriente, se refugió en el sagrado de las basílicas, escudada en el lenguaje, en las leyendas, en los cuentos piadosos, para protegerse momentáneamente del tajo embrutecedor de lo cotidiano o del cerco indesmayable del deseo del hombre. Pero el Poder, que ya no se atreve a salir a la calle -y menos cuando la subida de la electricidad  las llene de gente que huya del frío de sus casas-, y que tiene los despachos ocupados por los jueces, no sabe ya dónde meterse. Y, endemoniado, el Poder arremete contra manifestantes pacíficos que le arrojan a la cara los huevos podridos que engüeró en sus miserables operaciones de enriquecimiento propio y empobrecimiento ajeno. En su delirio, inventa multas, penas, delitos para quitarse de la cara el pegajoso escupitinajo de la denuncia y el desprecio públicos. 

jueves, 19 de diciembre de 2013

Macedonia de textos

Bolan
Ayer en la barra de un bar, un conocido me preguntó por mi manía de escribir artículos en los que se relacionan cosas que aparentemente no tienen nada que ver las unas con las otras. Me sorprendí porque, como Montaigne, no pensé que mis reflexiones pudieran suscitar interés fuera de mi familia. Creo –y este dato no interesará nada más que a los alumnos que estudiaron, en los 70, en los libros de la editorial Bruño de los Hermanos de la Salle- que fue el profesor Alain Rausch, responsable de la colección de Lengua Española de esa editorial, y  lector a la sazón de la Universidad de Granada, el que me enseñó a juntar textos dispares. En concreto, en el tema 11 del libro de 8º de EGB, dedicado al Arte y escrito al alimón con mi hermano Joaquín, la mescolanza resultaba arriesgada. Utilizamos cuatro textos heterogéneos, uno que hablaba del estreno de Bernarda Alba en Estocolmo, otro del grupo musical  T.Rexy de su líder de Mark Bolan, un tercero, sobre la muerte de Picasso contada por su jardinero y, de cierre, un poema de Alberti a los ojos de Picasso. Los estudiantes, gracias a nuestra elástica capacidad para relacionar unas cosas con otras, supieron en 1978 que Mark Bolan, era delgado, pequeño, delicado, con maquillaje, rímel en las pestañas, rojo en los labios y que actuaba vestido de chica: el perfecto representante del hombre objeto. Desencadenaba verdaderas locuras y delirios en sus actuaciones públicas. Bolan jadeaba, gemía, su voz se repetía como un eco, su cuerpo temblaba, su guitarra sonaba como dentro de una cueva, con un sonido muy metálico muy sofisticado al que los críticos calificaron de sexualizado. T.Rex logró colocar en el número uno del hit parade internacional varios títulos, pero en 1973 20th Century Boy superó todos los récords. Pese al éxito de ventas de nuestros libros, los Hermanos de la Salle no volvieron a contratarnos: les turbaban nuestras macedonias textuales. Ni siquiera cuando les explicamos que nuestro inspirador último era el Dios de la Biblia, cedieron. “Nada más misceláneo”, argumentamos, “que el relato bíblico donde hay piedad, compasión brutalidad, sexo, espionaje, tiros de arco, viejos verdes, doncellas recatadas, Magdalenas pedicuras, bulliciosos sanjuanes, centuriones avinagrados, higiénicos Pilatos… y, todo, en la misma obra y dictado por el mismo autor: el Padre Eterno”. No entendieron que, hasta cuando nos poníamos metrotextuales, copiábamos de Yahvé.

jueves, 12 de diciembre de 2013

El soterramiento del alcalde

F.F.G.
Fernando Fernán Gómez, en 2006,  concedió una entrevista en la que, entre otras cosas, explicaba por qué iba casi todos los días a los bares de alterne hasta las tres de la madrugada. Cuenta el actor que al poeta, y gran amigo suyo, García Nieto, le resultaba extraño que frecuentara esos lugares. “¡Pero bueno!”, le dijo Fernando, “¿hay un sitio mejor en el que se pueda estar hasta tan tarde,  rodeado de señores  que van a ligar y de chicas que son la mayoría bellísimas, donde se puede beber, donde se puede tomar unos pinchos, unas cosas, donde toca la música, donde se baila? ¿Es mejor estar en casa, habiendo eso?”. Viendo en TG7 lo cómodo que el alcalde se sentía imponiéndole la medalla de oro de la ciudad a la Virgen de las Angustias, recordé las palabras de Fernán Gómez y tampoco imaginé ningún sitio, real o virtual, en el que el alcalde se pudiera sentir mejor que saliendo constantemente en la televisión municipal.  En este esplendoroso momento de laicidad que vive Granada, un alcalde democrático ha desplazado al arzobispo de las funciones de intermediario con la divinidad y, con familiaridad extrema, habla con la virgen y la toquetea e, incluso, la obliga a recibir medallas; a ella que debería ser la expendedora única de esos adminículos, y la compromete a trabajar por la ciudad y a hacer lo que él es incapaz de llevar a cabo. Los votos dan para mucho, convierten al beato de agua bendita y vela, en teólogo campechano,  a los diputados en filólogos, capaces de inventarse un gallego para tontos o de convertir  en lengua al valenciano, dialecto del catalán;  y  a los funcionarios de la queja y la sospecha en historiadores capaces de redactar una lista exhaustiva de los agravios de España a Cataluña. Hay que agradecerles que el pecado original y los agravios anteriores a 1714, hayan quedado fuera. Volviendo al alterne y a TG7, ¿ustedes no mantendrían abierta una televisión, hasta altas horas de la madrugada, en la que la programación se la rellenan de balde las cofradías y el Granada, C.F., dos asociaciones de poderosa acción cultural? ¿Un medio donde tú puedes aparecer cuando quieras, como místico obnubilado por el incienso, rodeado de gente guapa y del arzobispo que, perdido todo su poder, aprovecha estos eventos para simular que todavía pinta algo?  Sólo la Virgen puede devolver el poder a Monseñor si, enfadada de tanto manoseo, sotierra al alcalde a su paso por Granada.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Soterrar al alcalde

Las imágenes empiezan a no estar cómodas
La Virgen de las Angustias está cabreada con el alcalde que es un posesivo y le marca camino y le asigna tareas sin consultarla y le pone medallas cuando ella es la que debería, una vez evaluados los méritos de los sujetos, asignarlas a las personas adecuadas. Sobre todo, lo que más le molesta es que toquetee su libre albedrío y le coarte su libertad. Se ha quejado a su hijo de que se le está faltando al respeto. Ha iniciado los trámites para soterrar al alcalde a su paso por Granada.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Pequeños ajustes

Portada de la revista "Lecturas"
Laura y Ernesto vieron realizado por fin su sueño dorado cuando el gobierno trasladó al diplomático a Paris. Los primeros días, el matrimonio los dedicó a los museos. Después a los cabarets, donde Ernesto se agitaba en su asiento, con los ojos brillantes, mientras Laura, un poco anonadada, abría desmesuradamente los suyos.  Tras unos días de comer en todo tipo de restaurantes, la pareja tuvo que plantearse poner casa. Tuvieron la suerte de encontrar una monada de apartamento en la Rue des Dames. Puesta la casa, Laura y Ernesto se trasladaron desde el hotel. Y entonces  comenzó para ellos una era de pequeñas dificultades. En París, sólo los verdaderamente ricos pueden tener una sirvienta interna.  Se tuvieron que contentar con una por horas para las labores más rudas. Pero las menos rudas y tal vez más molestas, por minuciosas, tuvieron que repartírselas ellos. Laura guisaba, pero no disponía de tiempo para la compra. “Aquí los hombres”, advirtió a Ernesto, “hacen la compra. Tú puedes traerme algunas cosas al volver de la oficina. La fruta, los huevos, ¿comprendes?”. Otro día que Laura no conseguía empanar unas croquetas, le dijo  sofocada a su marido: “Podrías ir poniendo la mesa, riquín, si no vamos a comer muy tarde…Yo he visto a ese señor de la perilla gris de al lado poniéndola”. Ernesto, comprensivo, extendió el mantel y puso los platos. Sólo cuando Laura le pidió que sacudiera la alfombra en el balcón, Ernesto objetó que esa tarea comprometía su prestigio como agregado de embajada.  ”Tú la sacudirás,  vidita… para los vecinos no eres nada más que un maridito más”. Ernesto le contaba a un amigo de confianza mientras bebían cerveza que cuando se decidió a hacer lo que se le pedía comprobó que las manos que tremolaban las alfombras desde los balcones eran masculinas. “La concesión a la mujer”, dijo el amigo sonriendo, “es la virtud del hombre francés”. “Pero mis concesiones, por mucho que influya en mí el ambiente, no pasarán de aquí. Mi mujer es de Granada”, concluyó el diplomático.  Esta historia la cuenta Sara Insúa en el número de agosto de 1936 de la revista Lecturas, publicación de tendencia liberal que, ajena a la guerra salvaje que enfrentaba a los españoles, suministraba aquel verano a sus lectoras literatura de la buena y sugerencias sobre pequeños ajustes en la convivencia matrimonial. Tras la victoria rebelde,  la Sección Femenina devolvió a la mujer española a la sumisión sostenible.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Grey a lo divino

El lenguaje religioso se contamina con frecuencia del lenguaje amoroso.  El libro patrocinado por Javier Martínez  Cásate y sé sumisa es, en parte, un Grey a lo divino. En Las 50 sombras de Grey, el best seller sadomasoquista de moda, la sumisión de la mujer a un macho formidable, aunque enfermo, es parte fundamental del  argumento.  La experiencia amorosa, sobre todo cuando alcanza el clímax, es un prodigio gozoso de raíz cósmica que nos excede y que nos transportan a otra dimensión. Los místicos no han dudado en robar a los poetas las palabras del amor para explicar sus devaneos con la divinidad.  Y los poetas han tomado sin dudarlo el lenguaje de lo sagrado para hablar de cosas de este mundo.  Arriesgándose incluso a la blasfemia. Un poeta de la corte de los Reyes Católicos se atrevió, por agradar a la reina, a decir de ella que, de haber nacido antes que la Virgen, Isabel hubiera sido la elegida para madre de Jesús. Las  autoras de Grey de Cásate están de acuerdo en que no hay amor sin dolor.  Y en la biografía de San Juan de la Cruz, escrita por padre carmelita Crisógono de Jesús, se recoge un hecho que también confirma la relación entre amor y penas.  Al poco de escapar de la cárcel  toledana donde lo tuvieron recluido sus propios hermanos de religión, encontramos al Santo en el convento de las monjas descalzas de Beas de Segura, en Jaén; su aspecto es lasti­moso: viene desfallecido, pálido, sin carnes y renegrido, con la piel pegada a los huesos. Casi no tiene fuerzas para hablar. La priora, para consolarlo, manda a dos novicias que le canten unas coplillas "espirituales”. Y en la penumbra del locutorio suena este cantar: "Quien no sabe de penas / en este valle de  dolores / no sabe de cosas buenas, / ni ha gustado de amores / pues penas es el traje de amadores”. Juan se estremece hasta no poder soportar la emoción y,  mientras que con una mano se coge a la reja del locutorio, hace con la otra señal de que cese el canto, que tanto le impresiona. Colgado de la reja, inmóvil, permanece una hora silencioso. Días más tarde de este curioso episodio de sadomasoquismo conventual, finalizaría, posiblemente en Granada, la redacción de  La noche oscura del alma,  donde da cuenta de las sensaciones de gozo, de abandono voluntario y de fusión con el otro que se producen  tras el encuentro amoroso.  Primero, el frailecico aguantó dolores.  Después de las penas, el placer de la unión con Dios.  Como en el libro arzobispal.

martes, 26 de noviembre de 2013

Si Don Quijote volviera...

Don Quijote en una rueda de prensa en Moncloa
Si la sanidad pública, no cura. Morirá mucha gente. Si a los que protestan, se les ponen multas imposibles de pagar, morirá gente de inanición. Pronto pocos tendrán trabajo y, por tanto, morirán de hambre ellos y sus hijos. Los que queden vivos se morirán de rabia al ver como el dinero que podría arreglar algunos problemas hay que gastárselo en policías, cárceles y burócratas del exterminio. Y al final, en acondicionar campos de concentración para tanto inocente 'delicuenciado'. Habrá que ir pensando en cómo deshacerse de tanto cadáver. Porque morirse normalmente ya no se puede, que vale el entierro como mínimo 3000 euros. Al final el problema que tienen los regímenes que eliminan a tanta gente es el crematorio. El holocausto.

jueves, 21 de noviembre de 2013

No me cuentes tu vida

Trapos sucios
Estoy a punto de romper a escribir mis memorias. Cuando escribió el cantante Justin Bieber su “autografía” con 17 años, pensé que se me había pasado el arroz. El que González y Aznar hayan escrito libros intentando convencernos de que triunfaron allá donde fracasaron, me ha hecho reanudar la redacción de mis hechos hazañosos: “para que inventen ellos solos”, he pensado, “mejor que inventemos todos”, pese a que este tipo de libros resulta, de ordinario, tedioso. Es como el humorista que se obstina en explicarle al público, una y otra vez, el chascarrillo  que no ha hecho gracia a nadie. Además, los poderosos que no se deciden a abandonar el escenario del todo me resultan indecentes: Franco, Castro, Gadafi… González, Aznar, convencidos de que si ellos se van, si ellos callan, calla la vida. Pero es que la gente corriente que no hemos engañado a un pueblo entero –por falta de ocasión, posiblemente- como hizo González con lo de la OTAN, ¿de qué podemos hablar? ¿De qué hablaremos los que no pudimos dar las muestras de servilismos que daba Aznar cuando se acercaba a aquella fábrica de mentiras infames en que se convirtió el rancho tejano de Bush? Por agradar, este recio patriota cambiaba hasta el tono de su voz y se ponía ‘manito’ total. Es comprensible que estos seres desnortados quieran recontarnos su vidas, porque uno puede fracasar en la vida real, pero no tiene por qué hacerlo cuando se la cuenta a lo demás. Cuando redactan sus memorias actúan como los técnicos de montaje de una película: cortando lo infame, retocando lo deslucido,  haciendo desparecer del film los fotogramas inconvenientes, reinventándose la historia y filmando pasajes que nunca tuvieron lugar para pegárselos a la cinta como si hubieran ocurrido. Pero los que no tenemos nada más que dos o tres canalladas irrelevantes,  ¿qué vamos a contar? Podemos  limpiar perfectamente en un pispás esos rincones oscuros de nuestra memoria de trapos sucios y llenarlos de hechos heroicos y beneficiosos, si no para la humanidad, si para la nacionalidad histórica andaluza.  Y sobre todo, podremos completar los olvidos de los poderosos o desactivar alguna de sus mentiras. Todavía me estoy preguntando por qué Julio Anguita en el libro de memorias que acaba de publicar, se ha olvidado de contar cómo y cuándo me entregó el carnet del PCE en una callejuela cordobesa.  El dato es baladí para esa organización, pero no para mí que, desde entonces, he sido el compañero de un viaje que ha terminado por ir a ninguna parte.

martes, 19 de noviembre de 2013

No se me pasó el arroz

Duele que Espasa-Calpe le haya publicado a Belén Esteba un libro de memorias. Si no hubieran ido tantos políticos e intelectuales a Salsa Rosa, jamás Belén se hubiera atrevido a invadir con sus recuerdos este alto templo del saber enciclopédico y de la Literatura 'buena'. Yo rompí a a leer a los clásicos en la Colección Austral, de Espasa. Ni Valle-Inclán ni yo saldremos indemnes de este atropello. Las editoriales con tal de ganar dinero... La esfera de los libros acaba de sacar las memorias de Anguita, Planeta, las de Aznar y Debate, las de Felipe González. Yo me estoy animando, porque suspendí la redacción de mis memorias cuando el cantante Justin Bieber publicó, con 17 años, su autografía. Pensé que se me había pasado el arroz. Pero ahora que todo el mundo quiere contarnos su vida, como el que trata de explicar un mal chiste a un auditorio al que no le ha hecho ninguna gracia, pues voy a ver qué me invento.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Las posturas del arzobispo

De arriba abajo
BARRIO Sésamo, el programa infantil de TVE de los 80, instruía, sin vencedores ni vencidos. A los niños se les enseñaban de forma neutra conceptos básicos para orientarse en la vida: 'arriba', 'abajo', 'dentro', 'fuera'… Sólo se les apuntaba, mientras aprendían cantando y bailando, que, tras subir una escalera, varias veces, podía aparecer el cansancio. En la Biblia los términos 'arriba' y 'abajo' sí aparecen contaminados por la lucha entre religiones. Los templos de los ídolos -los malos- suelen estar en las colinas, arriba, como si intentaran tocarle las eternidades a Jehová -el bueno- o situarse en primera línea de divinidad. Galileo pagó caro el desterrar con un telescopio a Dios de arriba y situarlo sólo dentro del corazón humano. Para nada, porque hoy se le considera un cobarde por retractarse de sus teorías para salvar la vida; y ni siquiera ha conseguido que los futbolistas cuando meten un gol dejen de mirar hacia arriba y de señalar con las manos al cielo. Pero las religiones, a veces, han propuesto leyes benéficas: frente a la animalidad de ingresar en una mujer desde atrás sin una caricia o un algo, como solían hacer los hombres primitivos, imitando a otros animales, la Iglesia propuso en América la postura del misionero, donde la mujer, aunque abajo -sometida como un gladiador vencido- ofrecía al hombre su cara para que él viera en ella, desde arriba y estando dentro, la paz y el contento, la suspensión de hostilidades que se refleja en el rostro de una mujer abducida por las buenas artes de la guerra del amor. No siempre los clérigos, en trance de pasar desde fuera de una mujer a su interior, a sus adentros, se han colocado arriba; en el Decamerón, el abad de un monasterio, si hemos de creer a Boccaccio, prefirió situar a la chica encima de él, con extrema delicadeza, para no herirla con el peso de su mucha solemnidad en el momento del ingreso. La autora del libro de moda Cásate y sé sumisa parece que, de las posturas neutras que Barrio Sésamo proponía a los niños, se inclina de nuevo por la de abajo, tiñéndola de cosmología: "Y, entre nosotras", escribe Costanza Miriano, "podemos decirlo: debajo siempre se coloca el que es más sólido y resistente, porque quien está debajo sostiene el mundo". Arriba se ha colocado también, gracias a este best seller, el responsable de la publicación, el prelado Martínez, un solterón que anima a la gente a casarse y un soberbio practicante que prescribe la sumisión. "Haz lo que digo, no lo que hago", se lee en la Biblia.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Sadomasoquismo arzobispal

Va de copia: Al pintor granadino Juan Vida lo plagia la Universidad de Málaga y le birla un fotomontaje, sin ni siquiera citarlo, y  el libro editado por el arzobispado de Granada (16 € el ejemplar) sobre las características de una buena esposa está inspirado, en parte, en "Las 50 sombras de Grey", un best-seller sado-masoquista de gama alta, muy leído por mujeres de entre 30 y 40 años, que salvó las ventas de las librerías la Navidad pasada, donde hay una pila de "sumisas" dejándose zurrar, por amor humano. Mientras que los maltratos que han de soportar las esposas católicas, los soportarán por amor divino, claro. También ha bebido Constanza Muriano, la autora del "Cásate y sé sumisa" -ahora en el catálogo de una colección patrocinada por  el arzobispo Javier Martínez-, en la opereta bíblica "La Corte del faraón" donde el coro de viudas aconseja a las futuras esposas que sean obediente y sumisas: 
"al marido después de la boda, 
nada, nada se debe negar, 

pues con él en la casa entra toda, 

pero toda su autoridad."

Se ve que Martínez, siempre que se trate de cuestiones editoriales, no cuenta con la ayuda del Espíritu Santo, que se podía haber estirado un poquito y sugerirle una obra más original. Por ejemplo "La perfecta Casada", obra de un fraile antiguo que seguramente, al ser de la casa, no cobraría derechos de autor.

jueves, 7 de noviembre de 2013

El avecrem de los poetas"

A los poetas les ha dado ahora por publicar colecciones de aforismos filosóficos, esas grageas de sabiduría, entre la conseja y el abracadabra. Quizá como respuesta a la crisis del lenguaje. El siglo XX comprobó que el lenguaje no sólo no sirve para evitar las barbaridades, sino que se pone al servicio de las mentiras más infames. Stalin mandó asesinar a 22.000 polacos en el bosque de Katyn, entre abril y mayo de 1940. Y dijo que habían sido los alemanes. Mintió. Los nazis asesinaron a millones de personas y muchos alemanes declararon que no lo sabían. Mintieron. Alemania también había dado filósofos extraordinarios que dedicaron su vida a completar complejos sistemas de pensamiento: ética, estética, metafísica… A elaborarlos a lo largo de toda una vida. Como la campesina polaca que ponía la cacerola con agua y sal en el fuego al amanecer y a lo largo del día iba echando en ella los ingredientes que encontraba, hasta que, al atardecer, cuando volvían los hombres del trabajo, las partes habían llegado a un acuerdo entre ellas y podía ofrecer un manjar soportable a los hambrientos. El filósofo era un ser enclaustrado. Se pone a Kant como ejemplo, jamás salió de Königsberg, su pueblo, y sin embargo ofreció a sus colegas alimento suficiente durante siglos. Pero llegaron las guerras mundiales, el holocausto, los gulags, y la gente comenzó a desconfiar de las grandes construcciones intelectuales que no servían para desactivar la violencia y que, incluso, la potenciaban. No había por qué esperar que el lenguaje sirviera para arreglar nada. La filosofía, avergonzada, se refugió en el aforismo. Se convirtió en gragea, en píldora, en concentrado, en el avecrem del pensamiento que sazona todos los guisos y enmascara todas las carencias. Los sistemas filosóficos necesitaban años, paciencia y trabajo para ser completados. El aforismo, inspiración súbita y osadía. Pero es muy difícil ser estupendo permanentemente y las colecciones de aforismos también contienen estentóreos "peos de lumbre": resplandores fétidos que se desvanecen súbitamente. Hasta un pensador del prestigio de Wiggestain (1889-1951) puede asombrar cuando dice: "Revolucionario será aquel que pueda revolucionarse a sí mismo" y enojarnos al momento con esta banalidad: "La solución a los problemas que ves en tu vida es vivir de tal forma que desaparezca lo problemático". A muchos aforismos les sucede lo que a algunos platos del Bulli que, una vez que los consumes, no recuerdas muy bien a qué saben.

jueves, 31 de octubre de 2013

Coquetería femenina

La procesión de la juez
Cuando la juez Alaya procesiona  hacia su juzgado entran ganas de decirle, con Almudena Grandes, que “una madre de familia, con un empleo exigente, cuyo rostro jamás revela el menor signo de cansancio físico a las ocho de la mañana, o no es humana, o no es de fiar”. Casi lo mismo que le diría su confesor. Para feministas y católicas,  la coquetería femenina es  un “pecado”. “Ten cuidado, hija mía con ese pretendiente”, advierten progres y conservadoras a sus hijas, “y pregúntale antes de nada: ¿Te interesa mi alma o sólo mi cuerpo?”. Como las mujeres no tuvieron siempre alma, la sobrevaloran. Sí, cuerpo, por supuesto, porque si no lo tuvieran, no estaríamos aquí ninguno de nosotros. Los jóvenes aristócratas romanos y griegos tuvieron alma desde el principio y a educarla dedicaron sus esfuerzos los filósofos. Nadie les negó el alma a los varoniles nobles feudales, y los chicos burgueses del XVI nacían con el alma instalada de fábrica, pero ni los esclavos dispusieron de alma, ni el alma de la que disponían mujeres y siervos era de la misma calidad que la de los hombres  libres del Medievo. Pero el capitalismo se la concedió a todo el mundo porque los nuevos trabajos exigían el concurso del alma de hombres y mujeres  en la producción de manufacturas en serie. El progresismo vio en el alma desalienada la palanca de la liberación de los oprimidos y el catolicismo, en el cuerpo femenino, el agujero negro dónde se perdían los hombres y  despreciaron el físico, como si pudiera haber un yo sin cuerpo.”Como si el alma fuera más 'yo' que el cuerpo”, afirma la tardo-feminista francesa Nancy Huston, “como si el cuerpo –cómo lo arreglamos, lo vestimos, lo peinamos, lo maquillamos y lo movemos- no llevara la marca de nuestro espíritu… Como si las miradas de adoración y las tiernas caricias que los hombres dedican a nuestros cuerpos no provocaran en nosotras efectos extraordinarios”.  A Alaya, los implicados en los ERE  la acusan de llevar el carrito lleno de trapos y maquillaje, mientras que suponen que las actuaciones judiciales van grabadas en una tarjeta Micro-SD, escondida en el pastillero del prozac.  A Cospedal, tan limpia y bien planchada, los adversarios políticos la acusan de comprarse faldas y complementos con el dinero negro de Bárcenas. Hasta ha habido un estúpido que quiere privarnos de la golosina visual del cromatismo de sus cuerpos  y propone que los servidores públicos acudan a sus trabajos con un uniforme de 20 €. ¡Daltónico!

sábado, 26 de octubre de 2013

Mariposas de piedad

Misioneros redentoristas en Pedro Abad
HACE 2000 años, los soldados romanos que circulaban por la calzada Malaca-Curdoba, a su paso por las fértiles laderas que rodean Montilla, seguramente que recibieron todo tipo de insultos de las cuadrillas de mujeres que recogían los ajos que, en las proporciones adecuadas, terminarían condimentando el rancho que se le suministraba a los legionarios antes de las batallas por sus cualidades energéticas, antisépticas y vigorizantes.
Muchos siglos después estas bacantes, hartas de trabajar y del yugo masculino, seguían disparando sus dardos envenenados contra cualquier varón que invadieran el perfumado territorio donde ejercían de ménades del ajo. Si te atrevías a cruzarlo en tu bicicleta de carreras te reprochaban que gastaras tu fuerza en ejercicios inútiles, desatendiendo tus obligaciones sexuales y enrareciendo tu contribución a la perpetuación de la especie; escocidos y aletargados por el roce los órganos que hubieras tenido que emplear en ello. Las ménades griegas -bacantes en Roma- eran unas mujeres que, en las fiestas de Baco, se emborrachaban y vagaban por los campos y, según cuentan, saciaban su hambre con la carne cruda de los animales que cazaban. También se dice que, molestas con Orfeo, que no les echaba cuentas tras perder a Eurídice, estando bebidas, lo sacrificaron y se lo comieron. Las chicas de mi pueblo, ribereño del Genil, no llegaron a tanto gracias, desde luego, a que mi hermano Emilio pudo evitarlo. A finales de los 50, pese a las facilidades de que disfrutaba la Iglesia Católica en España para limpiar, fijar y dar esplendor a sus doctrinas -rentabilizando los sacerdotes asesinados en la Guerra Civil-, la jerarquía decidió darle una capa de religiosidad al descreído y descascarillado muro de la fe nacional y habilitó unos land-rovers con altavoces y altaritos portátiles para la misión. El todoterreno había sido tuneado para alcanzar los más irreductibles pedregales de la irreligiosidad.
De su interior salía disparado un redentorista guapo, flecha de santidad, arpón de Cupido, dispuesto a debelar los muros de la tibieza religiosa de los lugareños. Las jóvenes sentían revolotear mariposas de piedad en sus estómagos -calentura lo llamó algún novio celoso-, cuando sermoneaba el preste. Duró la expedición tres días. La tarde del último, un grupo de muchachas cercó la casa parroquial y exigió del párroco que les entregara al predicador para hacerlo suyo. Gracias a que mi hermano se encontraba en la rectoría y a que le ayudó a escapar por las baldas del corral, no se consumó el santo y antiguo sacrificio.

miércoles, 23 de octubre de 2013

El ropero de la igualdad

Una de las cosas que me gustan de la juez Alaya es que sea tan presumida. Hay ahora muchas mujeres que dicen que esta top-juez se arregla demasiado. Se está reflexionando sobre las exageraciones en el vestir de las mujeres con responsabilidades en la gestión de lo público. Almudena Grandes ha llegado a decir que una buena madre es imposible que vaya a trabajar tan peripuesta. ¡Qué gozada! Antes del fenómeno Alaya, cuando un hombre se metía con el look de la Señora de la Vega o de la señora Diez, le caía una buena. "Vamos como nos da la gana", te decían algunas mujeres molestas por tus comentarios, "bastante tiempo nos habéis dicho lo que tenemos que hacer", te espetaban con toda razón. Ahora, las beneficiadas por los Eres afirman que Alaya lleva en la maleta un ropero completo y que las actuaciones de los ERE las  lleva en una tarjeta micro-SD, metida en un pastillero, en el bolso; y los que ven mal a la señora Cospedal están convencidos de que la ropica tan buena y tan bien planchada que lleva siempre la paga con el dinero negro de Bárcenas. Se ha abierto la veda. No creo que me pase nada si me atrevo a decir que muchas independentistas vascas tienen tendencias autodestructivas desde el punto de vista estético en lo que se refiere al cuidado de su aspecto externo, que el interno seguramente esta rozagante y milenario. Apoyaría sin dudarlo una reforma constitucional que prohibiese a los políticos -hombres y mujeres- gastarse más de 40 € al año en la ropa con que aparecen en público. Es más, propongo a quien pueda presentarla que lleve al Parlamento una proposición no de ley  que recomiende la utilización de uniforme de faena para todos los cargos públicos. A ellas les puedo dar la dirección de la costurera de La Zubia que le está poniendo cuello mao a todas mis camisas viejas y a ellos la de la tienda de ropa de trabajo de la Redonda donde me hacen unas chaquetillas preciosas, sobre el patrón de las de camarero, a 30 euros la pieza. Lo único malo es que te tienes que hacer 6 chaquetas de un golpe, pero el sastre te asegura que no te morirás hasta que no las gastes del todo. Y como son de un tergalillo muy resistente, eso te supone una eternidad de años viendo lo que pasa.

jueves, 17 de octubre de 2013

La inutilidad de los tribunos

A los que escribimos en los periódicos, nos gusta desmenuzar las causas de la miseria presente. Denunciar, regañar,  pero dar pocas -o ninguna- soluciones. Aparecer por encima de los acontecimientos. Señalar los vicios de unos y otros y escatimar a la hora de concederles  alguna virtud o mérito. Nos resulta fácil; los medios traen todos los días material suficiente con el que incendiar un folio de denuncias y advertencias. Utilizamos la denuncia como exorcismo. Regañamos para que no nos regañen. Al señalar el mal, parece como si nos sumergiéramos en las aguas purificadoras de la verdad y nos invistiéramos con el alba luminosa de la razón y el sentido común. También hay que comprendernos. Sabemos que, entre todos, hemos dejado el lenguaje –nuestra herramienta de trabajo-  hecho unos zorros, en el basurero. Hasta el punto de que, hoy en día, la única forma que va quedando de hablar en serio es hacerlo en broma. Una cruz para todos aquellos que aspiramos a hablar en serio;  a oponer al lenguaje de la mentira,  el de la verdad;  al de la banalidad, el de las esencias; a la frase estúpida de la publicidad, la sabiduría medular del aforismo. Hemos llegado tarde; pero seguimos, como los tribunos ilustrados de la Revolución francesa, caminando con nuestra antorcha encendida y señalándole al pueblo el camino del progreso y de la felicidad terrenal.  Sin mirar para atrás; si lo hiciéramos, veríamos que tenemos tan poco público como las ruedas de prensa oficiales. El tribuno ilustrado copió casi todo del sacerdote. Inventó nuevos dioses, prometió lo que no podía cumplir, ofició el rito de la verdad y de la razón en todos los nuevos altares. Denunció la superstición y la sustituyó por la ilusión del progreso hacia un mundo habitable, sin el concurso de la magia. Hubo un tiempo en el que mucha gente asistió a sus misas laicas. Hoy, llena la calle de espectáculo y la alucinación, los tribunos seguimos predicando como si no hubiera pasado nada, como si no fuéramos parte del experimento, como si en el desolado panorama presente, pudiéramos construir algo con los materiales derruidos de los antiguos templos. Seguimos creyendo que a la locura del poder hay que oponer el correctivo de la transparencia; que, el que todos conozcan la maldad y la insania de los que mandan,  gracias a nuestras denuncias, los hará honestos y benéficos. Hemos terminado parasitando, no al poder y sus dueños, sino a unos fantasmas dedicados a asustarnos con sus estupideces, mientras todo se decide lejos de ellos y de nosotros, sus inútiles vigilantes.
Artículo publicado en:  GRANADA HOY

domingo, 13 de octubre de 2013

Una profesora amable

Artículo de José Javier León publicado en GRANADA HOY. 13.10.2013

TENÍAMOS alrededor de 16 años y estudiábamos en un instituto público masculino de Granada, el Instituto por excelencia, y no era demasiado agradable. La ebullición de hormonas característica de aquellas edades conducía a algunos de nosotros a desahogos tan nobles como abrirle la cabeza a un compañero por un simpático descuido al mantearlo, lanzar desde la última fila lindezas a una profesora hasta hacerla llorar o perseguir por los pasillos, para acorralarlo y pegarle, si era preciso, al más débil, al menos gallo o, sencillamente, al distinto. La vieja guardia docente tampoco ayudaba: un día podían llamarte, mediante bedel, al despacho del director, para recriminarte que hubieras escrito un pequeño artículo en la revista del centro reclamando que se hiciera mixto. 

No es cierto que cualquier tiempo pasado fue mejor. Ese es solo nuestro parecer, tantas veces arbitrario. Fue por entonces que conocimos a María Victoria Prieto, en una clase de literatura que no se parecía a otras. Allí se podía saltar, con gozo y excitación, de la pastora Marcela a Tristan Tzara y de Ramón Sijé al otoño de la Edad Media, se hablaba y se escribía con libertad y se leían cosas del todo atípicas, como un artículo que aún conservo y que cuestionaba los roles sexuales y analizaba el homoerotismo larvado de tantas amistades masculinas… en un aula con treinta o cuarenta machitos sulfurosos. A algunos tal vez les resbalara. A otros no, una minoría, seguramente: la suficiente, la que justifica a cualquier profesor que desee sacudir conciencias, aguijonear, deshacer rutinas, fomentar el espíritu crítico, afectar. 

El día 24 de febrero de 1981 teníamos clase con la profesora Prieto a primera hora. Hay un lugar común que predica que después de acontecimientos históricos de calado, como el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de aquel año o el más reciente ataque a las Torres Gemelas de 2001, solemos rememorar con detalle dónde y con quién estábamos, la hora exacta en que sucedieron los hechos, lo que hacíamos, lo que pasó por nuestras mentes, la ropa que llevábamos entonces. En las primeras páginas de Anatomía de un instante, Javier Cercas se encarga de desmontar este tópico con pericia y datos, razonando que nuestros recuerdos -el "asidero de nuestra identidad"- contienen una buena parte de invención. Yo no me acuerdo con exactitud de los pormenores de aquel momento grave de mis dieciséis años, y cada vez que lo intento son varias las zonas de sombra que se superponen, sin permitirme seguir escarbando. Sin embargo tengo bien presente la clase de literatura del día después, con nuestros parlamentarios aún secuestrados y el país en vilo, lo que pasó y lo que pensé entre aquellas cuatro paredes. 

Entramos nerviosos y esperamos la llegada de la profesora. Yo me preguntaba si vendría y, en tal caso, cómo estaría. No era ningún secreto que Marivi era miembro del Partido Comunista, que había trabajado mucho en el tardofranquismo y la Transición por forjar la joven democracia que disfrutábamos y que, de haber triunfado la intentona golpista, tanto ella como otros colegas suyos hubiesen corrido una suerte bien amarga. En aquella mañana gris de mi recuerdo, en aquella aula gélida del Instituto Padre Suárez -por estar ubicada en un sótano, por su espantosa luz fluorescente, por su alicatado de baldosas blancas hasta el techo- había entrado ya un compañero que nunca disimuló su afecto franquista. Creo que podemos llamarlo el facha de la clase, así nos referíamos a veces a quien, por otra parte, ni siquiera parecía molestarse por el no tan cariñoso apelativo. Si entorno un poco los ojos vuelvo a ver su semblante satisfecho de aquel día y hasta su postura física: todo el cuerpo retrepado a excepción de la cabeza, como quien se fuma con regodeo un puro sentado en un sillón, y vuelvo a oír sus puyas, sus comentarios desahogados y provocadores articulados a media voz, para que toda la clase lo sintiera, para intentar encender alguna chispa en un día que no podía dejar de saborear. De repente, me parecía mayor que nosotros, los acongojados. Era obvio que ante mis ojos adolescentes su voluntad de resultarnos peligroso había prosperado. 

María Victoria apareció por la puerta, se subió a la tarima, tomó asiento y desplegó sus avíos sobre la mesa sin dar la sensación de estar demasiado nerviosa o preocupada, aunque de seguro lo estaba. Pronunció unas breves palabras. Daríamos clase, nuestra respuesta a la hora dramática que vivía España iba a ser el trabajo: la lectura y el comentario de unos textos de ficción. 

Protestamos. Queríamos oír la radio. Había un aparato en el aula tal vez traído por algún compañero. Negociamos unos instantes y finalmente decidimos que interrumpiríamos la lección cada 15 minutos para atender a las noticias en la Cadena Ser. El desenlace es conocido por todos, y es feliz. Fue justo por aquella época que el Suárez empezó a cambiar de color para mí y otros alumnos como yo, y eso ocurrió gracias a la luz que portaba un grupo pequeño de profesores de varias disciplinas entre los cuales María Victoria se significaba. Ellos sonaban otra música: traían modernidad, vientos de libertad, juventud, alegría de vivir. Fui su amigo, y cambié con ellos y gracias a ellos. María Victoria Prieto murió el martes. El antiguo alumno que ahora escribe podría haber elegido otras anécdotas para recordarla y todas darían idea de su amabilidad y su afecto enormes: la experiencia teatral que tanto disfrutamos, los proyectos, las comidas que se prolongaban en tardes de conversación y risa con toda la familia, Pablo, Irene, Pablito. 

Si ha escogido la que acaba de compartir en este diario es porque siente que en ella se hallan presentes dos grandes ejes de su vida: el ejemplo ético y la pasión por su trabajo y por la literatura, un proceder y una labor que, de seguro, nos influyeron más, mucho más de lo que habíamos sospechado. Pero además porque nos trae a la memoria, necesariamente, que no podemos abdicar de la buena herencia recibida, que tenemos una obligación moral y es defender con coraje nuestra enseñanza pública y regenerar esta imperfecta democracia que nadie nos regaló, que fue posible, no se nos olvide, merced al tesón y el valor de gente tan noble como María Victoria Prieto Grandal. Adiós, mi querida amiga. Muchas gracias por tu presencia en mi vida.


jueves, 10 de octubre de 2013

In memoriam, Marivi


Por Alberto Granados me entero de que ha muerto mi amiga María Victoria Prieto, Marivi, profesora extraordinaria de literatura en institutos de Granada, casada con otro profesor de literatura amigo mío, Pablo Alcázar. Marivi tendría sesenta y tantos años. Imagino que habrá muerto de alguna enfermedad traidora. Era guapa y morena, entusiasta, con gafas de montura dorada, con un timbre luminoso de voz. Hablaba un castellano limpio, de eses muy perfiladas, exótico en aquella Granada donde la conocí. Pertenecía a esa clase de profesores que despiertan vocaciones definitivas en los estudiantes. Que le pregunten a otro amigo querido de entonces, José Javier León, a tantos otros. Creó con sus alumnos en los primeros ochenta un grupo de teatro que recitaba y cantaba el Canto General de Neruda por los institutos de los pueblos. Le apasionaba la literatura y disfrutaba enseñándola. Era una feminista clara y valerosa. Ella y Pablo fueron dos de los primeros lectores que tuve. En la grupa de la moto imponente de Pablo viví aventuras de las que quedó algún reflejo en los artículos que escribía para Diario de Granada, donde colaboraba él también. Estuve con los dos por última vez creo que a mediados de los años noventa, un mediodía soleado, no recuerdo si de mayo o de octubre, en un merendero en las afueras de Granada, en la carretera hacia Sierra Nevada, compartiendo platos de lomo frito, boquerones fritos, papas a lo pobre. Llevábamos tiempo sin vernos y disfrutamos mucho los tres, bajo una sombra de cañizo o de emparrado, acordándonos de cosas que de pronto ya eran lejanas. Así recuerdo ahora a Marivi, en aquel merendero, con su gran sonrisa sabia, absuelta de ese porvenir que nadie sabe cómo será. Qué pena más grande.

Texto de Antonio Muñoz Molina.

jueves, 3 de octubre de 2013

Como yo digo

YA se maliciaba Sócrates que la escritura podía tener efectos colaterales perversos. Uno de ellos, arrasar con la rica oralidad que durante milenios sirvió de cauce para la transmisión de la información y del conocimiento. La 'nube oral', como el internet, era una espléndida base de datos a disposición del que quisiera o pudiera bajárselos. Los usuarios de la oralidad cortaban y copiaban con la misma diligencia que lo hacen hoy los estudiantes que se bajan del portal Wikillerato el resumen de la Historia de Grisel y Mirabella o de cualquier otra novela sentimental del siglo XV. Luego se lo llevan a sus profesores y lo firman con su nombre y dos apellidos, como si el resumen fuera suyo. 

La escritura instauró el principio de autoría, dificultó el plagio, y potenció el valor de la originalidad. Pero internet nos ha devuelto, paradójicamente, a comportamientos de la cultura oral. En la provincia de Córdoba las mujeres solían utilizar delante o detrás de refranes de uso habitual la expresión "como yo digo". Mi casera la usaba siempre: "Más vale pájaro en mano que ciento volando, como yo digo", sentenciaba. Daban ganas de añadir:"como usted dice y millones de hablantes que usan el mismo refrán aquí y en Latinoamérica". En la película argentina "El viento", el protagonista Luppi, que viene del campo a la ciudad, repite detrás de cada refrán: "como digo yo". Todavía no sé qué explicación tiene este hecho. He imaginado varias. Quizá lo que el hablante quiere decir es que del material del 'titularidad pública' que la oralidad pone a su disposición -material anónimo acumulado a lo largo de los siglos-, él ha hecho suyo ese segmento de sabiduría popular que nos habla de agarrar lo posible y no soñar con los volandero. Yo podría coronar el fragmento de oralidad que voy a transcribir ahora, con un "como yo digo", de la misma manera que en mi blog, a veces, utilizo ideas de otros, como si fueran mías. 

Pero, la conversación que oí el día de la Patrona, entre una madre y una hija, mientras que esperábamos el paso del trono, es de tanta calidad antropológica que nadie creería que es de mi cosecha. Esto oí: una chica le decía a su madre: "¡Mamaaaaa, m'acomprao unoh leguih, unoh leguih m'acomprao, mama, unoh leguih de bonicoh, mama!". Y la madre le pregunta: "¿qué marca?". A lo que la chiquilla contesta: "Mama, marca tooo el coño, tooo el coño marca, mama". El sucedido puede servir de pórtico a un documentado ensayo sobre los comportamientos adolescentes en la metrópoli tardo-moderna.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Maneras de vestir

Oído esta mañana en un bar del barrio del Zaidín de Granada:

-Mamaaaaa, ¡m'acomprao unoh leguih... Unoh leguih m'acomprao, mama, unoh leguih de bonicoh, mama!
-¡Niñaaaaa!, ¿qué marca?
-Mama, marca tooo el coño, tooo el coño marca, mama.
(Material de campo para un Ateneo sobre los comportamientos adolescentes en la metrópoli tardo-moderna).

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Curas transgénicos

Aquí aprendí a ser célibe
El papa Francisco ha despertado la esperanza de los que creen que la Iglesia se puede arreglar desde dentro. Cristianos bien intencionados y honestos que siguen en esta asociación para conseguir la vida eterna, se muestran ilusionados. Cada gesto de campechanía, cada beso a un niño, cada palabra de comprensión para los grupos anatematizados tradicionalmente por la institución, da argumentos a los que desean arreglar ese armatoste envejecido y autocomplaciente que se mantiene en pie renqueante y asmático por los siglos de los siglos.  Las mujeres pueden ser nombradas cardenales, se rumorea, el celibato podría desaparecer. Nada de que las mujeres vayan a acceder al orden sacerdotal. La soberbia de esta casta se muestra en el hecho de que están seguros de que los presbíteros casaderos, liberados del celibato, van a encontrar fácilmente novia. Cuando a ellos se les ocurra y sin consultar al otro género que tiene ahora la ocasión de acelerar el cambio de estructuras eclesiales. Cuando se le acerque un clérigo en celo a una mujer, esta se ha de negar a entablar conversación con él. No antes, al menos, de que tengamos a una mujer de párroco en los Guájares o en Las Angustias. Si no ceden, los clérigos tendrán que casarse entre ellos, conformarse con matrimonios homosarcerdotales.  Se piensa en las altas instancias eclesiales que el matrimonio podrá apagar los fuegos eróticos del sacerdocio célibe. Lo de siempre, cuando no se sabe cómo resolver un problema o se le encarga a la escuela o se le echa encima a la familia, en este caso al matrimonio. Crece la exigencia de que los curas se casen para acabar con los casos de pederastia que se dan dentro de la institución eclesial. Cómo si el matrimonio hubiese demostrado su eficacia a la hora de apagar el impulso venéreo, de puertas afuera. Los curas pederastas se casarán y, esto sí, disfrutarán de los amargos placeres del matrimonio. La inquina social irá a menos al verlos golpeados por las ventajas propias de la vida en pareja, pero no se puede asegurar que no sigan, algunos, molestando a la infancia con solicitudes indecorosas. Más eficaz sería financiar a la Universidad de Granada para que trate de producir curas transgénicos: sin deseo. Podrían seguir célibes y les evitaríamos el martirio de un noviazgo largo. Pero eliminar el deseo macho es tan difícil como parar el sol o la luna; que sepamos, esto solo lo consiguió Josué, pero eran otros tiempos.

martes, 24 de septiembre de 2013

¡Niñas, al salón (del trono de San Pedro)!

No se trata de una broma. Es algo que le ha pasado por la cabeza al papa Francisco: nombrar cardenal a una mujer. Quienes le conocen, dentro y fuera de la Compañía, desde antes de llegar a la cátedra de Pedro, aseguran que el primer papa jesuita de la Iglesia está llamado a sorprender cada día no sólo con sus palabras sino también, y sobre todo, con sus gestos. Eso está haciendo en los primeros seis meses de pontificado (de La Vanguardia).

jueves, 19 de septiembre de 2013

La Reconquista de Granada

AL ver al alcalde de Granada y a su señora flanqueando en el Teatro Isabel la Católica a Isabel y Fernando la noche de la presentación oficial de la segunda temporada de la serie 'Isabel', los simpatizantes populares que durante tantos años sufrieron el yugo iconoclasta y redistributivo -sobre todo, pro domo sua- del socialismo, pudieron muy bien pensar que una nueva reconquista había tenido lugar, después de una tan larga etapa de mistificación y deslegitimación de las esencias granadinas. Los actores que dieron vida a los Reyes hicieron lo posible para que nos diéramos cuenta -por si ya no lo habíamos percibido suficientemente en la serie- de que ellos eran personas muy distintas de las que se vieron obligados a representar para ganarse el pan y la fama. El chico, sin corbata, ni clámide, aparecía muy espontáneo y sonriente y la chica, para que supiéramos que ella sí se lava, lució un vestido ligero que dejaba ver unas carnes muy blanquitas y muy limpias. La Orden Plúmbea, congregación que guarda, esparce y deconstruye las esencias granadinas por internet, se permitió hacer 193 comentarios sobre el estreno. Un hermano plúmbeo opinó: "Si la historia reciente es una pura falsedad (hay quienes ponen en duda hasta el horror del Holocausto), ya me dirán qué tendrá de verdad la de hace 500 años y menos si la cuenta TVE". El debate sobre la calidad de la serie inglesa Los Tudor frente a la pobreza de ésta española fue apasionante. Un amargado, expelió el siguiente "peo de lumbre" o vacilada:"El rodaje de esta serie en Granada genera trabajo, como el día de la Patrona, por tanto es algo bueno (para el Ayuntamiento de Barcelona, el rodaje es malo. Y ha negado el permiso para grabar un capítulo de 'Isabel' en un museo barcelonés por "la difusa línea entre la realidad y ficción" de la serie. Cuando son ellos los que fantasean sobre las leyendas catalanas del origen, se muestran menos rigurosos). Las centrales nucleares, incluso las de Japón, generan riqueza y puestos de trabajo, son por tanto buenas. Las industrias contaminantes del Polo de desarrollo de Huelva, pese a ponerlo todo perdido, son buenas: generan puestos de trabajo. La Alhambra, que le importa "tres pollas" a muchos nativos, pese a ser un hito del confort y de la 'cultura' de los árabes ricos, en la Edad Media, con más retretes y baños que el palacio de Versalles y con todo el Corán primorosamente repartido por los yesos del complejo, es buena porque genera pasta y puestos de trabajo y es apetecible para la Junta y el Ayuntamiento. Se trata de su comer. Pero no inflemos demasiado los perros por el culo con el aire de estas hazañas bélicas que luego cuando las exportamos al extranjero, nos las pinchan". Y, tras este parlamento, se quedó tan tranquilo el hermanico plúmbeo.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Las flores de los moteros

Ofrenda floral a la Virgen de las Angustias
Hay, hoy en día, una multitud itinerante que se concentra en el campo del Granada C.F. para ver jugar a su equipo, que en Semana Santa saca a las calles a los titulares de las cofradías, que los fines de semana disfruta religiosamente de los botellones, que se pone en cola para la ofrenda floral a la Virgen de las Angustias y que, si se le pide que vaya a Madrid a rellenar los actos del Papa, se desplaza ágil y cooperante.  La Iglesia Católica contabiliza como fieles a los integrantes de estas avalanchas humanas. Las masas paganas y bacantes que buscan placer y diversión -y sentirse vivos- son el opio del clero. Pero ellos, si se les oye con atención, explican el porqué de su itinerancia placentera. En la web de moteros, fracción amantes de la vespa, ‘Vespacito. Com”, se puede leer: “Pues como ya es costumbre en nuestro club todos los 15 de Septiembre nosotros también aportamos nuestro granito de arena aunque sea en forma de flores a nuestra patrona. Una tradición muy granadina y no vamos a ser menos… por lo tanto si eres católico, ateo, musulmán, judío, etc. Y desde luego cualquier moto club o motero solitario que se quiera adjuntar a nosotros estás invitado ese día a acompañarnos a hacer la entrega”. Hay que remontarse al siglo XIII, para encontrar una actitud tan ‘mix’, tan receptiva, tan omnicomprensiva. Cuentan que en la puerta del Hospital de Peregrinos de Roncesvalles, de donde partía el ramal francés del Camino de Santiago, estaban esculpidos estos versos: “La puerta se abre a todos, enfermos y sanos; /no sólo a católicos, sino aún a paganos; / a judíos, herejes, ociosos, y vanos; /y más brevemente, a buenos y profanos”. Parece que por encima de religiones y creencias, está la insoslayable marea de la vida que acoge en su seno, o lo pretende, a la mayor cantidad posible de peregrinos. Quizá porque soñamos con la posibilidad de que, si conseguimos juntarnos todos en algún rito, en alguna fiesta, la insidiosa muerte no se atreverá con tantos. Que será arrollada por la poderosa corriente de la vida. ¡Ingenuos!

jueves, 12 de septiembre de 2013

Los nuevos catetos

LA emigración de los 60, los erasmus, el mes de vacaciones pagadas, el agua corriente en las casas, la erradicación del analfabetismo, las becas, los buenos sueldos de la época de la burbuja inmobiliaria, el éxodo del campo a la ciudad, el internet y el Imserso, movieron a mucha gente de acá para allá y acabaron con los catetos. Hoy puedes ser anciano, vivir en Jun, y ser cosmopolita, que es lo contrario de 'cateto'. Los catetos, por otra parte, han contribuido a conservar el entomatao, el plato alpujarreño y otros guisos portentosos que se conservan pese a la bullimanía que no da de comer sino que proyecta diapositivas en el plato. Nada más que por eso, y por ser una reserva inagotable de sentido común y de aguante, habría que clonar un 'cateto' de los de antes y crearle un nicho ecológico en el que pudiera vivir él con su familia y su irrenunciable sabiduría. Y eso pronto, porque el episodio de Buenos Aires ha desvelado que los nuevos catetos poseen los defectos que teníamos los palurdos de antes y algunos vicios nuevos que ensombrecen la imagen de este espécimen. Enumero algunos: 1. Hablar ante el mundo entero un idioma que no se conoce bien, convencido de que los votos te dan el don de lenguas o la potestad de usar a tu antojo el bien más mostrenco que hay, el del lenguaje. 2. Usar terciopelo en el cuello del abrigo en lugar de piel de conejo. 3. Organizar las bodas de los hijos para provocar la envidia de todo el pueblo y para poder cerrar los negocios de la 'famiglia'. 4. Despreciar el jamón de Trevélez. 5. Consumir siempre jamón de bellota. 6. Comer sólo langostinos de Sanlúcar con el dedo meñique empingorotado, con anillo y dije. 7. Adornarse con perlas, rodearse de 'perlas' y ser ellos mismos aljófar puro. 8. Cambiar de entonación conforme te acercas al rancho tejano de Bush, pasando del castellano de Valladolid al habla cansina de los secundarios mejicanos de las películas del Oeste, rodadas en Almería. 9. Tomar la isla de Perejil con la retórica de Lepanto. 10. Preferir el café con leche de la Plaza Mayor de los Austrias al bocadillo Borbón de calamares de la Puerta de Toledo. 11. No advertir que el vestido con que se cubren aquí, hecho de desidia, de arrogancia, de ignorancia y de desprecio hacia sus compatriotas, cuando abandonan el espacio aéreo peninsular, no les cubre el cuerpo y aparecen ante el orbe desnudos en su estupidez extrema y en su avidez insaciable.

jueves, 5 de septiembre de 2013

El cúter asesino

De niño,  si tenías suerte, podías disfrutar hasta de un instructor en el manejo de las armas. Por los años 50, se instaló en mi pueblo un antiguo sargento provisional, Narciso Pedregal, que  me enseñó a cazar zorzales a la hora de la dormida. Salíamos de casa sobre las cuatro de la tarde para estar al atardecer en el barranco de Los Castaños donde esperábamos a los pájaros escondidos entre los pinos. A la vieja escopeta que yo utilizaba le fallaba  el extractor y en el momento más comprometido (los pájaros entraban  sólo durante unos 15 minutos), se te podía encasquillar. Narciso me enseñó a extraerle el cartucho atascado, depositando una muestra de orina en el cañón del arma para reblandecer el cartón del proyectil y poder sacarlo con una caña. Los zorzales terminaban reforzando los arroces caldosos de mi Tía María. Ya no pude abandonar mi afición a las armas y en mi viaje de novios, al pasar por Toledo, sufrí con el Greco, pero disfruté comprándome  una espada, copia exacta de la del Cid, con la que obtuve en Santander una victoria que, para ser justos, habría que apuntársela  al Cid en la lista de las que logró después de muerto. Estábamos descargando el seiscientos a las puertas del hotel, cuando se nos acercaron unos chicos que se entretenían en molestar a los recién casados y en humillar al marido novel  delante de su esposa. Me arrebató un ardor guerrero, a lo Obama, y saqué del coche la espada. No me fui hacia ellos, blandiéndola, porque los vi desarmados, sino que con el pomo del arma comencé a bajar la antena de la radio, pausadamente; asustados, desistieron de su ataque e, incluso, caballerosos, reconocieron su derrota y nos saludaron mientras se marchaban. Las armas, al menos la de destrucción selectiva, no han supuesto un problema para mí. Cuando daba clase a adolescentes, tuve que enfrentarme al arma de un alumno al que se le había atragantado el concepto de ‘fonema’. Mientras yo, en la pizarra, intentaba descomponer el delicado cuerpecillo de una palabra en fonemas, oí como alguien desplegaba ruidosamente un cúter a mis espaldas. Me di la vuelta y sorprendí al agresor cuando ya se me acercaba. Pude lanzarle un tomahawk, pero preferí mandar a la clase que redactara un texto sobre el incidente que titularían “El cúter asesino”. El muchacho a punto de descargar el golpe letal, dudó un momento y, seducido por los placeres de la escritura, se sentó, sacó el bolígrafo y compuso una preciosa redacción, que aún conservo, sobre los riesgos de la fonología.

sábado, 31 de agosto de 2013

La guerra del Tarot

Saldos letales
EN el duermevela, oyes cómo las emisoras repiten que Alcaraz considera 'groseras' las pérdidas de tiempo del portero de Real Madrid. Cambias de emisora y en Radio María las pausas del rezo del rosario se repiten cadenciosamente. Vuelves a las emisoras laicas y leen cada hora el mismo texto sobre la guerra civil en Siria. Matar, matar, matar. Amén. Después, escuchas la retahíla de amenazas del portavoz de la Casa Blanca contra Siria, aplazadas sólo -esto se lo calla el vocero- hasta que se completen los cálculos de a cuánto les sale cada misil viejo que lancen para perfeccionar la tarea del gas letal de Bashar Al Assad; y a quién se lo cobran. Como no dejan de fabricar armas, hay un momento en que no les caben en los silos y hay que buscarles una salida indigna con la colaboración de unos cuantos países cómplices que no dejan de sacar pecho y fragatas para meter miedo a todo el que se atreve a rechistarles. 

Hastiado de oír una y otra vez las amenazas del portavoz de la Casa Blanca, le pides a la búsqueda automática de tu sintonizador de radio que encuentre una emisora que te distraiga y que te permita conciliar el sueño sin sobresaltos. Y la primera que rompe a hablar es una emisora tarotista. Una mujer, en ese momento, le pregunta a la que lee las cartas si la imprecisa predicción que le está haciendo es para ella o para su sobrina. Pero la tarotista no se compromete -como los americanos cuando deciden deshacerse del arsenal sobrante-, la adivina tira por aproximación: "Sí, bueno, lo de que os va a salir un novio en los próximos meses, es para ti y también para tu sobrina, que el amor es para siempre y para todos". Piensas, entonces, que la tarotista nunca se equivoca: siembra una esperanza en el desolado territorio de la desesperación y el dolor humanos que igual le puede servir a la tía que a la sobrina que a todas las mujeres que viven en la acera de los números pares de la calle o en la de los impares. 

En la confusión del insomnio, ves cierto parecido con la actitud de los americanos. Desde lo de Normandía, donde perecieron tantos, prefieren arreglar los problemas desde el aire, sembrando el territorio de misiles letales llenos de buenos deseos de libertad y de democracia que igual matan a la tía que a la sobrina que a los niños de las casas pares o que a los inocentes ancianos de las impares. Todo menos comprometerse con la infantería. No se trata de salvar o aliviar el dolor de nadie en particular. Lo que se pretende es deshacerse de los saldos, sin riesgos. Sólo es un negocio.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Tomahawks, ahora en Siria

"Momentos que nadie debería perderse"
Tengo que hablar de un niño, pero me dan asco los que utilizan a los niños a su conveniencia. El político que besa a un colegial, la mamá narcisista que llora mientras su niña de 3 años se contorsiona en un plató de tv. El que acaba de dar una patada a un perro en la calle y en la escalera del bloque pone una cara tierno-mimosa cuando pasa la vecina, guapísima, con el hijo en brazos, para hacerse grato y ponerse a la cola, por si… Esta misma madre que, para sus adentros, llama baboso al vecino, pero que mirando a su criatura experimenta algo parecido a esto: “tengo que ser la pera, si he sido capaz de fabricar un niño tan así, yo, la fábrica, como mujer, como madre, estoy en la zona más alta de la gama en esto de producir milagros. Y además, es un niño, o sea, que soy capaz de producir, algo tan distinto y tan raro, tan poco parecido a mí, como un varoncillo". La mujer, después de esto, se siente mejor y sobrelleva el decaimiento en sus obligaciones del padre.
Por eso no quiero usar a este niño que ayer, a las 9: 48, le pedía, en Trípoli, al dependiente de la tienda de 24 horas un litro de leche y que estuvo unos minutos negociando con él las chucherías que podía llevarse con el dinero que le sobraba de la compra. Como no se decidía, salió con la intención de consultar con su madre y de pedirle unos céntimos para poder comprar la chuche que le gustaba. Una bomba lo reventó en la puerta. No tuvo tiempo de enterarse si esta guerra era más justa que la de Irak. Ni de darles la razón a unos señores que a miles de kilómetros trataban de justificar, cada uno, la guerra que inició. Seguramente, si lo hubieran dejado crecer y entender, le hubiera costado trabajo decidir sobre la bondad de las guerras, las inicie quien las inicie, que no dejan a los niños preguntar a sus madres qué caramelo deben comprar. Me dan asco los que usan a los niños a su conveniencia. Pero para los chicos sigue siendo menos peligrosa la mirada de orgullo de su madre, o la mirada análitica de un bloguero, que la explosión de un Tomahawk, aunque lo hayan lanzado los buenos de la peli.

domingo, 25 de agosto de 2013

El fin del mundo ya ha tenido lugar


Los dioses son creados por el hombre a contra-imagen y desemejanza suya.  Si nos morimos, ellos son eternos, si pasamos hambre, ellos tienen la mesa llena o no tienen aparato digestivo y se alimentan, como las lámparas solares  de jardín, de su propia energía. Si, malqueridos, nosotros, ellos, eternamente amados.  Si solos, nosotros, ellos rodeados siempre de una corte celestial. Si mal informados,  o ignorantes nosotros, ellos, omniscientes.  Si varados, nosotros, en un país, en un pueblo, en un sindicato, en una familia, en un partido, en unos vicios insoslayables, ellos, ubicuos y libres. Tan libres y ubicuos que, según mi obispo de cabecera, Munilla,  alguno de ellos pudo estar en el cielo, completando un trío de ases, y al mismo tiempo, en la tierra sufriendo tormentos indecibles y dejándose balancear, ya herido, ya sangrante, por costaleros descuidados.  La imaginación va muy por delante de la tecnología.  Antes de que twitter o facebook nos reunieran real y virtualmente en el Valle de Josafat electrónico que son las redes, donde nos vemos el perfil  y los pecados y las carencias y los amores y las heridas, y el ajuar de primera comunión de la niña, colgado en el muro de la madre, con zapatitos, braguitas, medallitas y albos rosarios, la Biblia y la tradición cristiana habían imaginado un lugar muy amplio que podría acoger a todos los humanos en una ceremonia  de despedida universal de la vida, de las vidas. Una despedida algo más seria que las actuales despedidas de soltera, llenas de stripers, falos gigantescos y revuelo de novicias transgresoras que no acaban de creerse hasta dónde han podido llegar desobedeciendo a la abadesa.  El fin del mundo, pues, no tendrá lugar mañana, porque el fin del mundo ya ha tenido lugar. Al menos, del mundo que durante tres mil años hemos venido construyendo en este ámbito imaginario de hábitos, de ideas, de inventos y de libros, que hemos dado en llamar Cultura Occidental. No hace falta una macro reunión de cotilleo y evaluación de currículos, como la del temido Valle de Josafat: nuestros vecinos ya lo saben todo de nosotros.  Y si alguno no está al día, que haga como el Papa para actualizarse, que se abra una cuenta en twitter. Si él, que podría enterarse de todo simplemente echando mano de sus conexiones con el más allá, se la ha abierto, ¿por qué no íbamos a hacerlo los que no tenemos acceso a las redes sagradas?

sábado, 24 de agosto de 2013

El secreto de Lacan

El 26 de junio de 1995 se exponía por primera vez, en el Musée d'Orsay de París, L'origine du monde (El origen del mundo), una tela de Gustave Courbet pintada entre 1865 y 1866 y que llevaba 130 años oculta, sólo accesible a la mirada de sus sucesivos compradores. Durante mucho tiempo no sólo no había existido imagen pública de esa imagen púbica, sino que también había permanecido sin nombre, sin título, víctima de esa misma pudibundez que impide llamarle sexo al sexo y que impulsa a la invención de mil y un nombres, elusivos, poéticos o procaces, para referirse a la cosa.

Bernard Teyss-edre acaba de publicar Le roman de l'origine (La novela del origen), un relato de 420 páginas protagonizado por la pintura de Courbet. Todo arranca cuando Jalil-Bey, embajador turco en Paris, visita, en 1866, el taller del artista. Quiere comprar una tela escandalosa, Vénus et Psyché, pero ésta ya tiene propietario. Pide una copia, pero Courbet propone a cambio Les dormeuses, también de tema lésbico. Jalil-Bey logra que le regalen, sin que conste en la factura de 25.000 francos, un pequeño cuadro de 55 por 46 centímetros que reproduce el vientre de una mujer o, más concretamente, unas caderas y un pubis en el centro, los muslos en la parte inferior y el vientre y el torso, incluidos los pechos, en la superior. En el cuarto de baño del embajador, detrás de un cortinaje verde, quedará oculto el cuadro sin nombre ni firma.

En 1868 el courbet pasa a manos de Jean Baptiste Faure, barítono de la ópera de París. Ahora el cuadro se esconde detrás de un paisaje nevado, obra del propio Courbet. Son pocos los que lo han visto, pero ha generado ya suficiente literatura, desde versos de Gautier hasta esa constatación de Edmond de Goncourt: "Un vientre tan bello como la carne de un correggio". Pero a la esposa del cantante no le gusta el tiempo que su marido pierde ante la tela, ni las risas de los amigos privilegiados que la descubren. En 1888, la pintura aun innominada está en posesión de un marchante, De la Narde, que la exhibe en la trastienda sólo a clientes de confianza. Hasta 1912 nada se sabe del cuadro, del que se rumorea que pudo haber pertenecido a un gobernador civil puritano y pervertido, a un ginecólogo que lo utilizaba como reclamo o a un burdel. Sea cual sea la verdad, en 1912 una galería prestigiosa compra la tela a una tal señorita Vial.

La carrera internacional comienza cuando François de Hatvany, un coleccionista de Budapest, se lleva el courbet a su ciudad. En 1935, Charles Léger, especialista en Courbet, se refiere por primera vez a la obra como L'origine du monde. En marzo de 1944 los nazis destituyen a Hodhy, su cómplice en Hungría. L' origine du monde es robado por el ejército de ocupación y Bernard de Teyss-edre propone las dudas del coronel Schweinkopf, que sopesa el pro -el pintor era ario, despreciaba a los burgueses, pintaba bien y era atlético- y el contra -participó en la Comuna, simpatizaba con los anarquistas y probablemente era de moral abyecta-. La razón determinante es una estimación rápida del propio Hatvany: vale 300.000 dólares. Pero tanta vacilación da tiempo a que llegue el Ejército Rojo y a que el coronel Tatastrov aplique las normas del realismo socialista: ¿acaso las mujeres socialistas no tienen vientre?; ¿acaso liberar el desnudo de retórica no es tarea de los ingenieros de almas?; ¿acaso ése no es un vientre feliz, de una estajanovista capaz de parir cantando?. Las respuestas fueron positivas y el cuadro se salvó.

En 1955, Sylvia Lacan, la protagonista de La regla del juego, de Renoir, le pide a su marido, psicoanalista, que le regale L'origine du monde: por 1.500.000 francos el cuadro es suyo. Pero descubre que crea problemas: "Los vecinos y la mujer de la limpieza no lo comprenderían". El cuñado, André Masson, hará una nueva obra para esconder la de Courbet, un desnudo abstracto.

El sexo de Joanna Hiffernan, la pelirroja amante de Courbet, sirvió durante años de motor de las cogitaciones de Lacan sobre las diferencias "entre el objeto de la pulsión, del fantasma y del deseo" o de sus conversaciones con Heidegger sobre "lo real, la verdad y lo auténtico", para concluir que "la mirada es la erección del ojo". En 1967, el sexólogo Zwang publica la primera foto de la obra. En 1977, por primera vez, la pintura es reproducida en un libro de arte. En 1988, el cuadro cuelga, también por vez primera, de las paredes de un museo: The Brooklyn Museum of Art. En 1994, Jacques Henric publica la novela Adoratíons perpétuelles, cuya cubierta reproduce la tela y lleva al secuestro del libro. El 26 de junio de 1995, el ministro de Cultura, Douste-Blazy, hace el discurso de ingreso de la tela en las colecciones nacionales. Evita ser fotografiado junto a ella y en su discurso se sirve de opiniones ilustres. No citó, sin embargo, la frase flaubertiana de Courbet: "El coño soy yo".

Texto de Octavi Martí, EL PAIS SEMANAL (2002?)