jueves, 6 de septiembre de 2012

El post de la pescada



EN los blogs nos refugiamos escritores sin éxito que hemos encontrado la forma de publicar nuestras cosas sin tener que pasar por la vergüenza de pagarnos la edición. También existen blogs de autores de best sellers en los que éstos recogen halagos y ditirambos. Se ahorran tener que asistir a las presentaciones de libros ajenos a ver si pescan algún admirador que les dé su limosna de excelencia. Pero en esas fiestas cada uno va a por sus halagos y es donde menos uno puede esperar ni compasión ni reconocimiento. Lo más frustrante de los blog es cuando, después de escribir lo que tú crees una entrada esclarecedora sobre los cambios profundos que experimentan las sociedades postmodernas, no recibes ningún comentario. 
Es lo que me sucedió con este texto: "No quiero generalizar", escribía en mi blog, "las mujeres preguntadas han sido sólo tres cajeras de Mercadona, dos quiosqueras, una, mayor, que echa la primitiva, y otra, joven, que recarga las tarjetas del autobús. Una empleada municipal, una mercedaria y una chica de unos 30 años que rellenaba la quiniela. Ninguna de ellas ha sabido decirme con seguridad cómo cocer la pescada en rodajas para que no quede ni blanda ni cruda. Una de ellas explicó que había dejado de comprar pescado fresco por miedo a no sé qué enfermedad. Una señora que no estaba en ninguno de los lugares citados, pero que encontré en mi casa, aportó una explicación plausible: en Andalucía se fríe mucho más que se cuece el pescado. Las chicas de Mercadona, directamente, afirmaron que ellas no guisan. Por otra parte, y admitiendo lo reducido de la muestra, ayer por la mañana, seis jubilados con los que me crucé en el barrio del Zaidín, detallaban la receta que iban a cocinar para sus respectivas esposas que esa mañana asistían a un taller de microrrelatos: vichyssoise, lentejas, salmón a la plancha, pimientos rellenos, fumet de pescado y caldereta de conejo con caracoles eran los platos que, bajo la batuta de Arguiñano, iban salir de sus fogones. Cambio climático, pensé. Mientras que las mujeres se inclinan por las barbacoas, como en la Biblia, como en Homero, como en todos los libros sagrados y épicos que se escribieron en torno al siglo VII, antes de Cristo, cada vez más hombres invaden el perfumado reino de las cocinas. El patriarcado se sustentó sobre la carne asada, fácil de hacer en la misma parrilla de las incineraciones funerales, tras la batalla. Si vuelve el matriarcado -y ojalá lo haga pronto para poner un poco de orden en la casa- la thermomix y la vitrocerámica pasarán a manos de Arguiñano y de sus boys".

8 comentarios:

  1. Sobre los reinos culinarios poco te puedo comentar, mmmm... soy muy culinaria, me entretengo en guisar sabores en la economía de subsistencia...
    Pero sobre esta que llamas sociedad postmoderna, que sí lo es, pero... ¿No podemos inventarnos otro nombre que nos lance al futuro en lugar de llevarnos arrastrando el pasado?
    Esta sociedad pre...¿maravillosa?
    OH! Sería maravilloso...
    Estos cambios profundos que experimenta esta sociedad premaravillosa, extraordinaria, excelente, admirable....
    Besos

    ResponderEliminar
  2. Me gusta lo de sociedad premaravillosa mucho más que lo de "sociedad postmoderna". Es que me he dejado llevar. Un beso, Ana y gracias por tu atención.

    ResponderEliminar
  3. Yo, la pescada, si la cuezo es con patatas. Es decir: Pongo patatas en cascos, rotos, no cortados, un poco de cebolla picadita, un par de dientes de ajo, un chorro de aceite de oliva, virgen extra, sal, lo dejo cocer despacito y cuando las patatas están casi a punto le pongo la pescada cortada en rodajas no muy finas, muevo un poco la olla con cariño hasta que la pescada se cubre de caldo, la vigilo y en cuanto coge un color blanco bonito la aparto. Así salen unas patatas con pescada que mi padre llama:" Papas en bicicleta".
    Ah!, lo de escritores frustrados queda muy feo. Yo digo que somos escritores por descubrir, aunque nuestros blogs no salgan en los periódicos. ;)

    ResponderEliminar
  4. Ya sabes que te admiro, pero el pescado de la mujer moderna se come en los bares y frito, no me canso de recomendarlo.

    ResponderEliminar
  5. Pablo, ya he llegado a donde los ángeles.
    Discrepo del primer párrafo.
    Muchas gracias.
    Corto y cambio.
    Susana

    ResponderEliminar
  6. Pablo, ya te he dejado en el periódico un comentario que dice mas o menos que, a fuer de ser tachado de machista, en realidad soy machista leninista, los grandes cocineros de mundo mundial son de nuestro género, al igual que los modistos, con lo cual se puede deducir que todo es ponerse, o no.
    Lenny

    ResponderEliminar
  7. Marr, tu receta es impecable, y me obliga, ateniéndome a lo que Bertrand Russels exigía al método científico, a formular una nueva hipótesis, puesto que han aparecido nuevos dato: hay mujeres como tú que sí saben qué hacer con una pescada. Gracias, a nivel epistemológico.
    Coco Vida, ¡como en los bares en ningún sitio. A la calle que ya es hora de que le frían a una los boqueroncillos.
    Lenny, estoy en tu onda. Todo es cuestión de especialización. Sólo en el asunto de parir, los hombres encontraríamos alguna dificultad para ser iguales que las mujeres.

    ResponderEliminar
  8. Yo no se si los hombres queréis ser igual que las mujeres. Error. Yo no quiero ser igual que los hombres; precisamente en la diferencia está la gracia.
    Lenny, los grandes cocineros son hombres, generalmente. Pero las que siguen alimentando a los hijos, generalmente, son las mujeres.
    Salud para todos.

    ResponderEliminar