jueves, 14 de junio de 2012

El currículo de la abuela

ME dice Pánfilo que ayer se aburrió extraordinariamente con un profesor de Letras. Asegura este jubilado petulante que ciertos profesores de humanidades no se han hecho a la nueva situación. Y siguen diciendo la misa en latín y de espaldas al público. Si te acercas a uno de ellos, te hablará de su currículo, de los puestos que perdió por no ser del partido, de sus viajes a universidades extranjeras, donde sí se reconoce su tarea investigadora. Cuesta apearlo de su estatus imaginario y que hable de lo buenas que están las patatas tempranas o lo bien que saben los tomates de huevo de toro. Son aburridos. 

Quizá en la Universidad de Canberra, no se haya oído hablar del farmacéutico de mi pueblo, admite Pánfilo. Pero entre la gente del lugar tiene un gran predicamento. Ayer fue testigo de cómo dos mujeres, no jóvenes, le llamaban guapo. Una que se apresuró a confesar su condición de religiosa y una limpiadora que se definió como "fregona de las de culo remangado". La monja, que poco antes había incurrido en el desliz, censurable en las de sus votos, de piropear a un mancebo de farmacia, ha encontrado natural "taparle el culo" a la limpiadora, haciéndole ver que la frase políticamente correcta es "fregona de falda levantada". Pánfilo tomó nota de que todavía una monja se considera más importante que una limpiadora. Y que ser observador es mejor que ser observado. Al salir de la farmacia ha ido a por la prensa, en el quiosco había una mujer de poca estatura, hablando por los codos. El marido la esperaba afuera en el coche. Pánfilo, nada más verla, se ha sentido superior. Pero cuando la mujer ha utilizado la palabra "dependiente" para referirse a su esposo, ha empezado a respetarla. Luego, la ha ascendido hasta su propio nivel de excelencia, cuando le ha oído decir que también es un "posesivo", y finalmente la ha elevado al friso de la admiración, cuando la mujer, con aspecto de campesina jubilada, trabajada y limpia, ha proclamado que su hombre es, sobre todo, un "obsesivo". 

La gente no lee, la gente no tiene un currículo lleno de artículos y libros "imprescindibles", la gente no preside tribunales de oposiciones, pero, mire usted por dónde, la gente se va haciendo con un vocabulario selecto, se lo deba a las telenovelas mejicanas o a un nieto que estudia primero de ESO y que, enfadado con su abuelo porque le impide acercarse a la abuela, ha utilizado las palabras "dependiente", "posesivo" y "obsesivo" para referirse al anciano. El maestro de lenguaje se las había dictado esa mañana para que las copiaran en su cuadernillo de vocabulario.

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