jueves, 15 de diciembre de 2011

Bailando con verbos

A clase, o a la calle, no se debe de ir desnudo, lo impiden la higiene y el recuerdo de los cuerpos ultrajados de Auschwitz, tampoco se debe de ir con la cara cubierta con un velo que pueda ser utilizado para delinquir impunemente. Desde los tiempos de Carlos III y de su ministro Esquilache, en España ha estado mal visto acudir a los espacios públicos embozado y con sombrero de ala ancha. Todo lo demás, si hablamos del vestido, es opinable, hasta los tutús que lucen los danzantes que animan las procesiones del Patrón en algunos pueblos castellanos. Saray, alumna de ESO, con sus 14 años, ni siquiera imagina el dolor de ser invisible. Porque todavía queda lejos para ella el día en que nadie la vea, en que nadie la mire, en el que eso de andar por la calle sin que ninguna mirada se cruce con la suya se convierta en un purgatorio. Ella acude a clase, y su madre lo ve bien, con unos shorts blancos muy estrechos y con un tanga verde fosforito debajo. El profesor la saca a la pizarra para que analice la frase del día. Saray corretea por entre las partes de la oración con agilidad y cadencia. El profesor le llama la atención: "Saray, le he pedido que me analice la frase, no que me la baile". Saray valsea con el núcleo del sintagma nominal y se abandona en los brazos del complemento directo, ya en la loseta del sintagma verbal. Termina y se sienta. Todavía no ha acabado de analizar Joshua su frase, cuando Saray grita: "Profe, los niños de atrás me están tirando besos". El profesor los apercibe. Después llama a la madre de Saray y le ruega que la niña venga vestida a clase sin estridencias y que sea más lineal en sus desplazamientos en el encerado. La madre, que tiene poco más de 30 años, le espeta: "Maestro, esto es un centro público y mi niña tiene derecho a venir a clase vestida como a mí me salga del c…". 
Natalia es una alumna musulmana, bondadosa y tranquila. Ha escrito en la pizarra su frase del día: "Las mujeres musulmanas deben ponerse en la mezquita detrás de los hombres para que al inclinarse en la oración, no distraigan a los varones en sus rezos". Viene vestida con sencillez extrema, un pantalón vaquero una camisa blanca y el velo. El tutor de la chica llama a su madre y le pide que la niña venga a clase como las demás alumnas, sin velo. La madre le espeta al tutor: "Esto es un centro público y mi niña viene a clase como a mí me da la gana". El tutor piensa que las madres -y, detrás de ellas, los padres, los hermanos, los abuelos- como suele suceder, utilizan a los hijos para cobrarse sus "deudas históricas". Parece inevitable.

No hay comentarios:

Publicar un comentario