jueves, 13 de octubre de 2011

La niña perdida y hallada a su tiempo


Los ángeles de la guarda no dan abasto, por la explosión demográfica y por la crisis que tiene paralizada la contratación de un personal tan cualificado. En la Zubia, la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora ha fijado, debajo del horario de misas, un cartel en el que avisa de que está conectada 24 horas a una empresa privada de seguridad. Cuando los servicios angélicos veas privatizar ni de los bomberos te podrás fiar. Los curas, de seguir así las cosas, y como cada vez son menos, pueden terminar encargando las comuniones a una empresa de catering, porque no veo yo que el Papa esté por permitir el sacerdocio a las mujeres. Eso resolvería muchos problemas de personal, pero prefieren tenerlas de fregantinas. El asunto de la adolescente de 15 años que fue expulsada de la procesión de la Virgen de las Angustias, más por escrúpulos textiles que teológicos, se hubiera solucionado antaño o bien con la prudente intervención del párroco o confiando la chica a su ángel custodio. Aunque hoy en día, es más fácil que se pierda la Virgen en plena procesión, pese a estar custodiada por 900 cofrades, que una niña de 15 años se extravíe. Las chicas de esa edad tienen instalado un GPS del gozo que las lleva, más que a perderse, a hacerse las perdedizas. Acaso, la joven, en el tiempo que anduvo invisible, recorrió con su falda estrecha, “que se le subía”, los caminos impracticables, ya, para las envidiosas ‘conciliarias’ que cubrían sus desmaídas carnes con metros de organza. En Granada se le da mucha importancia a las telas, y es que en el origen de las cofradías hay mucho menestral de Almacenes la Magdalena. Se echa de menos una persona de autoridad que sin tantos estatutos regule el pacífico discurrir de la Patrona por las calles de la ciudad para que no quede en manos de amateurs. En tiempos de Monseñor Arcoya, respetadísimo cura-párroco de la Basílica, la niña se hubiera reintegrado a la fila tras una reprimenda y las ‘conciliarias’ (que no son más que ‘consiliarias’ que se sueñan miembr@s de algún concilio de la Iglesia) hubieran sido desactivadas de su celera, tras unas avemarías de penitencia. El peligro es que se nos enfade la Virgen y le dé por hacer uso de las prerrogativas de Capitán General que le concedió el decreto de 23 de junio de 1955, firmado por Franco y refrendado por Carrero Blanco y que, el próximo año, nos ponga a todos firmes y obligue a la tropa a desfilar con la viril falda escocesa por debajo de la rodilla. Que la Gloriosa sabe a los que la sirven premiar, pero, a los que no lo hacen, sábelos mal curar. Dícelo Berceo, ese preste cabal.

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