jueves, 28 de julio de 2011

Las mujeres de los pueblos

La poeta Juana de Ibarbourou
EN "Diputación" se ha hablado mucho de "las mujeres de los pueblos", uno de los inventos más productivos de las últimas décadas. De él han sacado provecho todo tipo de escritores, predicadores culturales y políticos provinciales. "Diputación" ha organizado para este constructo sociológico talleres de literatura dirigidos por un poeta misionero que llega al municipio en un monovolumen equipado con medidor de versos de alta precisión, pulidor de sonetos, made in China, y molinillo de desbastar rimas asonantes. Cultura recomienda a los organizadores que el programa ofrezca la lectura de relatos de autoras que suelen gustar a "las mujeres de los pueblos". 

Se han reportado éxitos notables con historias en las que se ajustan las cuentas al patriarcado y a la literatura. Porque todo producto que se exporte a los pueblos -se le ha oído decir a un responsable- encaja mejor si no está muy bien escrito y si se pide en él la emasculación de alguien. Si la autora no ha leído a Cervantes, mejor. Tras la visita del Ómnibus para la Poesía, suele brotar en el lugar alguna obra de elaboración colectiva. Cierto instituto de la mujer premió no hace mucho un ginodrama, ambientado en una consulta médica, en el que se alcanza el clímax cuando una de las protagonistas olvida una pieza de lencería en la percha de los servicios del ginecólogo. 

Se benefician estas actividades del ansia de libertad que la poeta Juana de Ibarbourou reveló en su poema Mujer: "Si yo fuera hombre, ¡que hartazgo de luna, / de sombra y silencio me había de dar! / […] / ¡Amigo de todos los largos caminos / Que invitan a ir lejos para no volver! / Cuando así me acosan ansias andariegas, ¡qué pena tan honda me da ser mujer!". Metidas hoy en la piel del hombre, en los pueblos y en las ciudades, hay mujeres "con ansias andariegas" que se apuntan a todo viaje, a toda charla, a todo recital, a todo taller, a cualquier novena o procesión, que les permita hartarse "de luna, de sombra y de silencio", o sólo salir a la calle. Poco les importa quién las convoca y cómo las rotule. También van a acudir -aunque les pese a los profesionales de la escritura que preferirían verlas sentaditas todo el día leyendo sus libros- a las actividades que organice, en la extinta biblioteca del Zaidín, el Grupo Municipal de Bailes Regionales. No creo que a ellas les incomode que el éxito le toque apuntárselo ahora al concejal J. García Montero o al sedicente y ubicuo "presidente de todos los ayuntamientos de la provincia", Sebastián Pérez, líderes clandestinos de la liberación provincial de la mujer.

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