miércoles, 30 de marzo de 2011

Simplemente María

Me cuenta Pánfilo, nuestro jubilado disruptivo, que en la Transición iba por los pueblos desenmascarando las  fotonovelas que se vendían semanalmente en los quioscos de prensa.  Sobre todo se ensañó con Simplemente María. A veces en la conferencia no había nada más que mujeres y una pareja de la guardia civil de paisano. Las mujeres, comunistas en su mayoría, se levantaban a los cinco minutos y se iban alegando que tenían que poner el puchero. Luego, en el comité, te decían que creían que les ibas a explicar la línea del Partido, que ellas no tenían tiempo para novelas. La pareja si se tragaba la disertación y redactaba un informe sobre lo que allí pasó.  La charla se titulaba Simplemente María no es inocente y en ella Pánfilo se empeñaba en demostrar que este tipo de publicaciones eran una engañifa  del sistema capitalista concebidas para hacer creer a los trabajadores que dentro del sistema había posibilidades de promoción y de enriquecimiento, si te esforzabas.  Pánfilo tiraba de estadísticas y demostraba con que muy pocas mujeres, procedentes del medio rural, triunfaban en la ciudad, aunque trabajaran como mulas. Sólo una pocas, muy pocas, lo conseguían. Se remontaba a las novelas por entregas del XIX, invento, decía él, de la burguesía para venderle a plazos a los trabajadores historias y melodramas, en las que el amor triunfaba por encima de las clases sociales y donde pobres y ricos, explotados y explotadores,  se hermanaban en el amor, porque los ricos también lloran o también albergan buenos sentimientos.   Dice Pánfilo que la excelente serie Downton Abbey, de Antenas 3, le ha recordado los tiempos heroicos de misión y tricornio. En la serie los de arriba y los de abajo están hermanados por sus virtudes y defectos humanos.  Importa menos que el sistema sea básicamente injusto, ya que a la propiedad de la tierra se accede por herencia no por  lo bien que uno sirva la mesa. Y los señores, por muy buenos que sean, a lo más que llegan es a construir casitas baratas para los criados que los atienden o a llevar a la doncella a la ciudad para que se presente a una entrevista de trabajo.  Cuando Pánfilo ha terminado con su perorata, le he dicho, “¡hijo, te habrás quedado descansando!”. Y he redactado este informe.

2 comentarios:

  1. Te ha faltado aderezar tu informe con más carnaza, aunque supongo que lo has evitado para no provocar una úlcera en Pánfilo si lo lee.
    Es muy curioso leer relatos referidos a los tiempos en que existían ideologías, o mejor, en que se reconocía que existen.
    Gracias y saludos.

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  2. Compréndeme, Trasindependiente, a Pánfilo tengo que cuidarlo, me hace la mitad de la entradas del blog.

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