lunes, 7 de marzo de 2011

Las mujeres tampoco lloran

Conectada, pero en la calle
Sólo una guerra atómica, el choque de un meteorito o el desplome del capitalismo suicida,  sumirían a las mujeres, junto con toda la especie, en la nada o las  devolverían al papel de “ángel de su hogar”  que les otorgó el siglo XIX. Cuando nos tiramos de la cama al despertar no se nos ocurre pensar que alguien ha retirado el suelo  para que nos precipitemos  en el abismo y cuando salimos a la calle, después de desayunar,  y acudimos a nuestros trabajos u ocupaciones,  no se nos ocurre pensar que no vamos a encontrar a las mujeres en sus consultas médicas, en los estrados, en  las gestorías, en las gasolineras, en los chiringuitos o en los ministerios. Ahora mismo, una bibliotecaria acaba de confirmarme por teléfono que mi préstamo está prorrogado hasta el 26. A esas realidades indiscutibles llamaba Ortega y Gasset “las creencias”.” Las ideas se tienen; en las creencias se está.”  Ahora estoy viendo a la meteoróloga de TV1 explicar el mapa del tiempo. Ha vuelto, después de tener su hijo, a las isobaras y las nieves de marzo. Poco antes, en el telediario se daba la noticia que la persona encargada de investigar  si Gadafi ha cometido delitos contra la humanidad es una fiscal española. Una filóloga, recién entrada en la Academia,  Inés Fernández-Ordoñez, declaraba hace poco en EL PAIS Semanal que la lengua no se dirige desde el BOE y que la Academia no está para admitir ocurrencias de una ministra (se refería a la miembra del Consejo de Ministros, expulsada por Zapatero, en la última remodelación del Gabinete). En la camisería, una chica me toma las medidas con profesionalidad y afecto. Me rodea con sus brazos jóvenes y mide mi mucha solemnidad como si mi talla estuviera incluida en los parámetros de la Pasarela Cibeles. No he oído a ninguna de estas mujeres quejarse de nada. Ellas clausuran la época del llanto. Están ahí,  como las creencias de Ortega,  y no piensan irse.

4 comentarios:

  1. El mundo pasa por temporadas absurdas, larguísimas desde nuestra pobre perspectiva del tiempo, casi eternas nos pueden parecer, pero las mujeres, como los hombres, siempre hemos estado ahí.
    Esperemos que todo siga evolucionando y lleguemos a la perfección de la convivencia.
    Aparquemos los yoes y las etiquetas con las que pretendemos dividirnos, demos de lado las gabelas que ésto incluye inherente y dejémonos fluir desde el amor a la especie y su inmenso potencial.

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  2. Ana María, esperemos que el suelo no nos falte y que hombres y mujeres consigan trabajar, todos los que quieran hacerlo. Gracias por tu comentario, amiga.

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  3. Silvia D'Anglade9 de marzo de 2011, 20:29

    Querido bloguero: Es cierto, las mujeres hemos conquistado la calle, los despachos, las empresas, para qué seguir...En Castilla la Vieja se nos llamaría "catacaldos", en Granada "cazoleteras" y en Galicia "canfurneiras", incansables en nuestras actividades varias. Gracias por tu entrada. Muy bien!!!

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  4. Metáforas de reino de las cocinas, me gustan. Teresa León, en plena guerra civil, envidiaba los países en los que se podía coser al sol de la paz, y la filóloga Fernández-Ordóñez llama a su tesoro del español hablado COSER. Estas mujeres no renuncian a nada de lo que han sido o han tenido las mujeres. Gracias, amiga Silvia.

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