jueves, 10 de marzo de 2011

El corsé invisible

“Hoy, las mujeres llevan una doble vida, una de hombre y otra de mujer: deben ser madres entregadas, profesionales intachables, amas de casa perfectas... Todo ello bajo la insoportable presión social de que no son nunca lo bastante delgadas, bellas, buenas madres, buenas esposas La mujer moderna se ha querido liberar, pero se encuentra "esclavizada", presa de nuevo en un corsé, esta vez invisible”. (“El corsé invisible”, de Eliette Abécassis y Caroline Bongrand).
¿Quién estrecha esa jaula de perfección? En “Lo que el viento se llevó”, es la esclava negra de Escarlata la que  tensa las cintas del corsé de su ama, porque la exigencia de belleza parece venir más de las propias mujeres que de los hombres. Los hombres poco saben de la belleza femenina, aunque no dejen de hablar de ella. De lo que sí pueden entender los hombres es de la belleza de otros hombres.  A las mujeres nos lanza, como una piedra, nuestro deseo incoercible, por motivos poco claros y que todavía se investigan en ciertos laboratorios de neurociencia.  Sólo, después de que la piedra se ha disuelto tras el golpe, se nos aclaran los ojos, y se abre una estrecha ventana sin deseo,  que nos permite percibir alguna simetría, un movimiento grácil, un toque purpúreo en una mejilla (ver Góngora, sobre Galatea),  o en un seno, pero inmediatamente el ventarrón del deseo ciega esa rendija y dejamos de percibir  la belleza: nos convertimos en partículas muy elementales que sobreactúan, con el libre albedrío oscurecido. Sin embargo, de  la belleza de otros hombres lo podemos saber todo por el Arte y los viajes.
 Cuando una mujer dice que se arregla para ella, lleva parte de la razón, calla que se arregla también para las otras mujeres. Sabe,  desde pequeña, que para los hombres no hay que arreglarse mucho, quizá lavarse un poco...Y ni siquiera, recordemos cómo, en El Nombre de la Rosa, la suciedad de la muchacha no estorba su relación con el joven novicio Adso. De cómo aflojar las cintas del corsé,  deberíamos estar hablando también, hombres y mujeres, y no sólo el día de la mujer trabajadora, por si nos pudiéramos llevar mejor. Pero con esto sucede como con la endeble democracia española: cuando se iba a conseguir más libertad, afianzar un derecho o restituir el honor de las víctimas del franquismo, llegaba ETA, mataba a un general y se iba todo al garete. Hay muchos hombres y mujeres que están por desactivar la guerra de los sexos, pero entonces llega un salvaje y mata a una mujer,  porque piensa que es suya, y todo lo conseguido, al infierno.  Pese a todo, es mejor llevarse bien, el que lo probó, lo sabe.

6 comentarios:

  1. Hola Pablo, buenos días.
    El tema que hoy planteas resulta tan complejo y profundo que es difícil hablar de él en corto espacio.
    Sobrevuelas diferentes aspectos y cada cual de ellos merece un análisis “per se”, mientras mantiene a la vez su pertenencia al conjunto.
    Pero no solo es complejo y profundo, también es doloroso, me hace el respirar pesado.
    No creo que su solución pase por leyes coercitivas, sino por el crecimiento ético de la sociedad.
    Y éste crecimiento no se puede dar aislado o focalizado a problemas concretos que queramos solucionar, sino sería como si creciera mucho una rama en un árbol con el tronco endeble.
    Los valores deben crecer todos a una, en armonía, y hoy, quienes acaban acotando y arrebatando a los ciudadanos esa capacidad de crecimiento, los políticos, carecen de esa ética en muchas de las raíces en las que debiéramos sustentarnos y la savia que producen, lejos de alimentarnos solo crea podredumbre.
    Somos todos diferentes y ninguno perfecto, pero para poder sentar bases de cualquier cosa primero tenemos que ser íntegros y honrados.

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  2. Ana María, tu comentario tiñe la entrada de un humanismo profundo. Gracias,siempre. Un abrazo.

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  3. La simpática esclava estrechaba el corsé de la mujer con cariño y dedicación. Hoy, muerta aparentemente la esclavitud y desaparecidos los corsés externos, la mujer se ha convertido en la esclava de una sociedad encorsetada disfrazada de libertad. Y aún a pesar de tanta penuria la mujer se ha convertido en la libertadora del hombre, aunque muchos de ellos no se hayan enterado.
    Gracias y saludos.

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  4. ¡Qué bueno!: "la mujer se ha convertido en la esclava de una sociedad encorsetada disfrazada de libertad". Aforismo certero. Gracias. Un saludo cordial.

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  5. Siempre me ha llamado la atención cómo la mujer después de un suceso dolorosisimo era capaz de mirarse al espejo, ponerse colorete, pintarse esos labios amoratados de tristeza y salir a la calle a seguir dandole vueltas al mundo con sus pies. Esa fuerza es la misma fuerza de la naturaleza, una más entre ellas y me veo como hombre que soy, como una debilidad de la naturaleza, mecido por el viento unas veces y por una ventosidad otras. Querido tito, llevo noches sin dormir pensando que no pude conseguirte ese plato de paella que tanto anhelabas en el Casa Paco. No me lo perdonaré jamás. Un abrazo.

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  6. El día de Casa Paco fue muy hermoso. Y en cuanto a la paella, no hay porqué renunciar a ella y a otro encuentro. Aunque débiles, las mujeres cuentan con nosotros. A algunas les resultamos divertidos. Y nuestras hijas no van a dejar que nos pase nada. Además, veo que mejoramos. Un beso.

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