jueves, 31 de marzo de 2011

Objeto del deseo

DESDE los 18 años, Pánfilo -que no es nada mío, ni mi álter ego ni mi apócrifo, sino un simple jubilado disruptivo- no se había vuelto a mirar al espejo con tanto interés. Antes, el sexto hijo de una familia de 10 podía muy bien alcanzar la juventud sin tener una idea precisa del efecto que su físico causaba en los mayores. Después de la guerra hubo escasez de alimentos y de lisonjas. Pánfilo se enteró de que no era feo a los 18 años cuando su tía le depiló el entrecejo en su cumpleaños y le dijo, sin entrar en detalles, que no estaba mal. Ese día se pasó una hora inspeccionándose en el espejo: tenía buena planta, pero ni la depilación había conseguido borrar de su cara un cierto aire de ferocidad. Cuando volvió la cabeza aquella tarde en el paseo, ofreciendo su perfil tosco a la mirada de unas chicas que lo venían siguiendo, y que deseaban confirmar que la cara se correspondía con la vistosa simetría de sus omóplatos, oyó una expresión, que de haberse inventado ya lo de los traumas, sería de las que te producen uno insuperable: "¡Qué feto!", le espetó una de ellas. El comentario lo devolvió al gueto de la fealdad. 
Hasta 1985, con 42 años, no volvió a mirarse seriamente al espejo y si lo hizo fue para buscar una explicación al hecho insólito de que algunas mujeres de Marrakech lo miraran descaradamente en la plaza de la Jamaa el Fna. Como el bloguero que ha recibido un comentario laudatorio de un amigo y lee una y otra vez la entrada que mereció el elogio para recrearse en su improbable excelencia, Pánfilo leyó una y otra vez su aspecto en el espejo de la habitación del hotel para acabar admitiendo que, si no fuera por la barriguilla, la figura que le devolvía el espejo era mucho mejor que la de los 18 años y sobre todo más confortable. Nunca averiguó por qué se había convertido en el oscuro objeto del deseo de aquellas mujeres marroquíes. Porque el espejo seguía, pese a todo, diciéndole que no era para tanto. 
Ya jubilado, Pánfilo sí supo interpretar por qué lo miraban con un deseo mal disimulado las hermosísimas chicas que se cruzaban con él por el Paseo del Salón, empujando sillas de ruedas. Supuso que las tremendas mujeres emigrantes que empujaban la silla de un anciano dependiente, al verlo a él, mayor pero de andar enhiesto y disparado, se dirían en su interior: "¡quién tuviera un viejo así, con una automoción tan solvente!". Pánfilo que tenía la sensación de haberse vuelto transparente para las mujeres, se ve otra vez en el mercado e imagina que se ha convertido de nuevo en el obtuso objeto del deseo de algunas damas.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Simplemente María

Me cuenta Pánfilo, nuestro jubilado disruptivo, que en la Transición iba por los pueblos desenmascarando las  fotonovelas que se vendían semanalmente en los quioscos de prensa.  Sobre todo se ensañó con Simplemente María. A veces en la conferencia no había nada más que mujeres y una pareja de la guardia civil de paisano. Las mujeres, comunistas en su mayoría, se levantaban a los cinco minutos y se iban alegando que tenían que poner el puchero. Luego, en el comité, te decían que creían que les ibas a explicar la línea del Partido, que ellas no tenían tiempo para novelas. La pareja si se tragaba la disertación y redactaba un informe sobre lo que allí pasó.  La charla se titulaba Simplemente María no es inocente y en ella Pánfilo se empeñaba en demostrar que este tipo de publicaciones eran una engañifa  del sistema capitalista concebidas para hacer creer a los trabajadores que dentro del sistema había posibilidades de promoción y de enriquecimiento, si te esforzabas.  Pánfilo tiraba de estadísticas y demostraba con que muy pocas mujeres, procedentes del medio rural, triunfaban en la ciudad, aunque trabajaran como mulas. Sólo una pocas, muy pocas, lo conseguían. Se remontaba a las novelas por entregas del XIX, invento, decía él, de la burguesía para venderle a plazos a los trabajadores historias y melodramas, en las que el amor triunfaba por encima de las clases sociales y donde pobres y ricos, explotados y explotadores,  se hermanaban en el amor, porque los ricos también lloran o también albergan buenos sentimientos.   Dice Pánfilo que la excelente serie Downton Abbey, de Antenas 3, le ha recordado los tiempos heroicos de misión y tricornio. En la serie los de arriba y los de abajo están hermanados por sus virtudes y defectos humanos.  Importa menos que el sistema sea básicamente injusto, ya que a la propiedad de la tierra se accede por herencia no por  lo bien que uno sirva la mesa. Y los señores, por muy buenos que sean, a lo más que llegan es a construir casitas baratas para los criados que los atienden o a llevar a la doncella a la ciudad para que se presente a una entrevista de trabajo.  Cuando Pánfilo ha terminado con su perorata, le he dicho, “¡hijo, te habrás quedado descansando!”. Y he redactado este informe.

martes, 29 de marzo de 2011

Tránsfugas, vocación de autoservicio

Hay gente que disfruta haciendo el bien a los demás, en ellos el gen egoísta se enfunda en hábitos de Madre Teresa. También los hay que aspiran a cargos y responsabilidades por, según confiesan una vocación incoercible de servicio a los demás. De hecho, el mismo Papa, para hacerse perdonar la púrpura y el armiño, los zapatos de Prada y las marranaditas de algunos clérigos, se proclama "siervo de los siervos de Dios". Ahora que se están elaborando las listas electorales, la vocación de servicio te brota en el corazón sin que te des cuenta. Los tránsfugas también sienten en su interior un come come, una inquietud que alguien podría confundir con la vocación de servicio. Pero los que los conocen saben que más que la vocación de servicio lo que los lleva a estar en cualquier lista es la vocación de autoservicio.

domingo, 27 de marzo de 2011

Criados de sí mismos

Abajo

En la Edad Media, la vida, si eras noble, te la escribía un cronista. Los aristócratas dejaban en su testamento el nombre de la persona que tenía que redactar su biografía. Normalmente, y en esas condiciones, las biografías se convertían en hagiografías. Con el auge de la burguesía, y el descubrimiento de la imprenta, hubo muchas más vidas que contar. Pero no siempre encontrabas a alguien que quisiera y supiera escribir tu vida y te la tenías que escribir tú mismo y así nació la autobiografía y, sobre todo, las novelas que eran una forma muy encubierta de contar tu propia vida, y la de algún vecino, como si fuera la vida de los otros. Y los escritores se convirtieron en amanuenses de sí mismos.  En la formas de abundancia que hemos vivido y que comenzamos a abandonar,  los nuevos ricos han tenido que hacer de criados de sí mismos. Enriquecidos de repente,  viven con el lastre de la escasez y del hambre pegado a la memoria, como una de esas etiquetas de los tarros de conservas, que no hay forma de quitarlas del todo, por mucho que las restriegues. Su enriquecimiento súbito, les ha impedido forjar una dinastía. No tienen ni sommelier, ni cocinero, ni ayuda de cámara, ni doncella primera de milady, ni palafrenero. 
Arriba
Todo lo contrario que los personajes de ARRIBA de la serie Downton Abbey, de Antena Tres.  Se tienen que vestir  ellos solos, les ha dado, como a los jubilados, por guisar y por degustar, en lugar de comer, y sobre todo, les ha dado por entender de vinos. No les basta, como a todo el mundo, con disfrutar de un buen vino. Ellos lo huelen, asienten,  componen mohines de desagrado. Certifican:”Reserva del 78”.  Y luego riegan la paella con ese caldo. Porque esa es otra, ellos no beben, riegan.  Más o menos como hacía mi padre con el plato de sopa de cocido que le ponía mi madre: que lo regaba con dos cucharadas de Tinto Espadafor, que era el Don Simón de los años 50. Eso es lo malo de la pobreza, que tardas generaciones en mirar a las cosas de comer con naturalidad. No se pasa de abajo a arriba con construir tres urbanizaciones en Salobreña.

viernes, 25 de marzo de 2011

Rebelde sin cara

Rebelde libio
Jeanette achacaba el síndrome de la rebeldía a la sociedad: “Soy rebelde porque el mundo me ha hecho así”, cantaba. En mi casa, rebelde era un sinónimo de zangolotino, niño “insonrible” (etimología popular, que une insoportable y horrible), revoltoso, ‘desinquieto’, bacinete, coñazo…  lo más normal es que el rebelde no tenga causa. Que su activación se deba a que ya no puede más, y explota y pide “ley para aquello que siente excesivo” (Celaya). No tiene ideología, ni ideario, ni proyecto, ni carnet.  De tenerlos, sería un revolucionario. Ahora mismo los rebeldes son temibles. No se les pone ni cara ni adscripción, para, si triunfan, colocarles la careta de los que les ayudaron a expulsar al tirano. Desde los aviones no se ven nada más que rebeldes disparando, cuando nos bajemos de los aparatos para confraternizar con “los rebeldes”,  los encontraremos muy parecidos a Obama, a Sarkozy, al mismo Gadafi y cantando de nuevo con Jeanette: “Y quisiera ser como el niño aquel / como el hombre aquel que es feliz /Y quisiera dar lo que hay en mí /todo a cambio de una amistad”.  Los rebeldes, en muchas ocasiones, terminan dándolo todo a cambio de nada. Les pierden las malas compañías.

jueves, 24 de marzo de 2011

De ésta, lo sacan en TG7

Obra de Enrique Padial
LA sociedad hace como si el hipotecariado, la nueva clase revolucionaria, no existiera. Pero sí que existe y poco a poco emerge y ocupa lugares de poder y decisión. Las tertulias cofrades son plataformas desde las que el hipotecariado se expresa. Si se quiere seguir el curso de las nuevas formas de religiosidad "vacía", como las llaman los especialistas, no hay más remedio que escucharlas. Las ideas-eje que desarrollan los tertulianos son pocas pero muy claras:

1. Rebelión contra los viejos y dictatoriales modos de regir las cofradías por señoritos y caciques. Toda decisión se tomará democráticamente. Si llueve, el Cristo se mojará por mayoría.

2. En la Semana Santa, sobre todo, hay que disfrutar. Hasta en ocho ocasiones, Fernando Egea, pregonero de este año, ha solicitado en su pieza oratoria que se le deje disfrutar. Cuanto más sangra el Nazareno más disfruta todo el mundo.

3. Hay que leerle la cartilla al obispo de la diócesis correspondiente. El hipotecariado, desde el momento en que paga sus hipotecas, su dogal y su emblema, no reconoce más dueño y señor que el banco. Una vez que ha cumplido con él, ni Dios ni patria ni Rey ni obispo ni alcalde ni buen rollito. Las cofradías pagan por hacer estación de penitencia dentro de la Catedral y, una vez que han pagado, desde el arzobispo hasta el último monaguillo se convierten en sus servidores, dentro del templo. En una tertulia cofrade se dijo que el arzobispo lo que tiene que hacer, una vez que entran los cofrades y sus titularles, es colocar a la gente en los bancos. De acomodador. El año pasado parece que algún responsable municipal tuvo la intención de cobrar a las cofradías por salir en TG7. Al final se impuso la cordura porque el alcalde no quiso correr el riesgo de que los miembros del hipotecariado, que engrosan las filas de las hermandades, y también de los botellones, le demandaran cualquier cosa degradante o inapropiada. Que ellos cuando pagan son muy exigentes.

Cristianos de base y concejales piadosos de la izquierda esperan que el Altísimo se persone de una vez y mande parar. Se acabó la diversión. Es muy posible que arriba se haya decidido retirarnos la herramienta de la Redención ante el uso poco reflexivo que se hace de ella y dejar que nos apañemos como podamos en lo referente a la eternidad. "Que yo no mandé a mi Hijo para que, de ésta, saliera en TG7", se le oyó farfullar a la más alta autoridad, enfadada porque no están llegando regularmente los derechos de autor de las procesiones. Hasta el hipotecariado está preocupado. Porque se queda sin uno de sus hobbies favoritos

miércoles, 23 de marzo de 2011

Colonizar la nada


Los poetas, como yo digo (y muchos otros no callan), no tienen por qué recoger la realidad como si llevaran atado al zapato un espejo, roto o intacto, para reflejar todo lo que pasa a lo largo del camino. Ni tienen por qué escribir mal cuando hablen de cosas feas ni bonito, bonito, cuando hablen de cosas lindas. Ni tienen que defender causas nobles, ni destruir la injusticia con sus versos. Cuando las mujeres, a mediados del XIX, comienzan escribir de forma sistemática y firmando lo que escriben con su nombre, hablan mucho de pájaros, de flores -¡puñeteras glicinias!- de sentimientos tiernos de madre, de esposa, de enfermera, de cocinera, de jardinera, de ama de llaves, de camarera, de ángel del hogar, de rezadora de la tres partes (ahora, cuatro) del rosario. Supongo que lo hacían para hacerse perdonar la incursión en el territorio masculino de la escritura y para mostrar que continuarían siendo “decentes” y que no iban a sacar los pies del plato y competir con los hombres en algo tan propio de ellos. Rosalía, esa inmensa poeta, se ríe de tanto floripondio y de tanto pájaro en estos versos: “De aquellas que cantan a las palomas y a las flores / todos dicen que tienen alma de mujer, / Pues yo que no las canto, Virgen de la Paloma, / ¡ay!, ¿de qué la tendré?”
Y, otra poeta, Patrocinio Biedma(1848-1927), escribe un cáustico poema “A un pollo muy romántico”, en el que deja en evidencia alguno de los tópicos románticos más prestigiosos sobre el amor: “Cese tu empeño ya:”, le escribe al Pollo,”no hay esperanza;” / yo no quiero un amor de caramelo; […] No me gustan los idilios pastoriles; / no me gustan cabañas ni desiertos; / No me gustan los bosques; son muy fríos / y tengo yo muy delicado el pecho.”
Los poetas, sí, tienen algo que hacer, como yo digo (y muchos otros no callan), primero, escribir bien, y luego, conseguir con lo que escriben que los lectores accedamos a otras zonas inexploradas de lo real, y sobre todo, arrebatarle territorio con la palabra a la oscura zona de lo no dicho. Colonizar la nada. Y para flores ya están las pelis americanas con novias a la fuga, damitas de honor que se derriten de gusto, y cajas de corazones rojas con bombones dentro.

domingo, 20 de marzo de 2011

La gerra no es para pájaros

De nuevo Occidente bombardea un país árabe. El despliegue es impresionante. Pero las guerras no las ganan los pájaros, luego hay que bajar al terreno y ahí las cosas se eternizan. Porque los nativos conocen los rincones,las cavernas, los recodos de los caminos, los altos... Y los altaneros halcones, tropiezan y se caen cuando se posan en el suelo e intentan andar por él.

viernes, 18 de marzo de 2011

"Carpe noctem": botellón de primavera de Granada



Hay buenos católicos que piensan que no se debería impartir religión en las escuelas. La experiencia, me cuenta uno de ellos, demuestra que convertir  la religión en una asignatura más del programa  produce más ateos que creyentes.  Eso lo sabe la jerarquía eclesiástica que soporta bien a los ateos –carne de misión- pero aguanta mal el desaparecer de la vida pública, del escenario del poder. Los jóvenes tienden a no estudiar lo que les propone la generación de los mayores y a desobedecer los mandatos de sus progenitores, por eso de matar al padre, a la madre y a todo lo que suponga obligación. Hay padres que se quejan de que, hijos de 35 años que siguen viviendo en casa, no es que anden ya matando al padre (que para eso se les pasó la edad), sino rematándolo. Y a veces lo consiguen. Profesores comprensivos y padres complacientes, en tiempos, incitaban a sus alumnos y retoños a disfrutar del tiempo, a coger el día y sus celebraciones,  pero los puñeteros niños, por eso llevarles la contraria, lo que han quemado ha sido la noche, las noches. Ahora mismo, en Granada, 25.000 jóvenes comienzan a celebrar un gran botellón de primavera. Anegarán la noche. Desoyendo el consejo de dos ancianos de 94 años, Sampedro y Stéphane Hessel, prologuista y autor de “Indignaos”, el  libro de moda entre los otrora padres y profesores comprensivos  y complacientes que, asustado por la pasividad de los muchachos, se lo regalan a sus hijos.  Al menos esta noche,  los jóvenes, no aparecen muy indignados con los banqueros y los especuladores que arruinan países y lanzan al paro a millones de personas. Lo que si van a estar muchos de ellos, mañana por la mañana, es borrachos.  Y los demás, indignados.

jueves, 17 de marzo de 2011

Poeta con invierno propio

A las monjas se las ve tan bien adaptadas al territorio como a los otrora poetas revolucionarios. Igual que ellos, siguen subidas al púlpito de las grandes palabras, como si aquí no hubiera pasado nada. Una religiosa te vende por la calle una papeleta de una rifa. Está recabando dinero en nombre de unas siglas misteriosas, JMJ2011, que tienen que ver con el encuentro de los jóvenes con el Papa. Le compras una, para librarte de ella y porque no estás en contra de que los jóvenes se reúnan para sus cosas bajo cualquier pretexto. También le has dado esta mañana 2,20 euros a un chico bien vestido, que llevaba en la mano la funda de un portátil, posiblemente, rellena de periódicos. Te los pidió para sacar un billete de autobús y se los das porque te ha cogido en ese momento blando en el que hasta el individualista más blindado suelta unos euros para sentirse dentro del campo de juego. Te insta la madre a que le compres más papeletas y tú le dices que para lo poco que pecas ya, 1 euro es suficiente. 

No le gusta tu comentario y te suelta -antes de explicarte que hasta el más justo incurre a diario en no sé cuántos pecados a los ojos de Dios- aquello de que "con la iglesia hemos dado, Sancho", versión pía del laico "usted no sabe con quién está hablando". Luego se humaniza y confiesa que, cuando las hermanas se ponen pesadas en el convento, para no estrangularlas, tiene que rezar tres avemarías o tomarse un valium. Le compras tres papeletas más, divertido porque haya equiparado oración y valium, y te despides rápido para no llegar tarde a la presentación en la Fundación Euroárabe del libro Un invierno propiode García Montero. Una de las cosas que propone el libro, habitado también por grandes palabras, es un buen arreglo -de "decencia democrática"- en el que cada uno pueda disfrutar de lo conseguido sin escrúpulos de conciencia. 

El poeta no se resigna a residir en la franja gris de la vida, sin hazañas ni recetas. Habla de ética y del valor salvífico de la poesía. Incluso dedica un poema al norte de África, porque él tiene siempre, me pareció entender, la ropa de la revolución enrollada a los pies de su cama para abrigarse en el invierno propio o, quizá, para acudir a los conflictos enfundado en ella. Ha cambiado la poesía-Kalashnikov-cargada-de-futuro de su juventud por unas mantas. El acto termina con besamanos. A la salida, compro el libro (20 euros) por si necesita dinero para llevar a los rebeldes libios mantas o valium. Ya en casa, echo cuentas: abandonar hoy durante un rato la franja gris en la que vivo sólo me ha costado 26,20 euros.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Los medios en el diván

El servicio de música digital Spotify ha visto cómo ha aumentado en los últimos días espectacularmente el número de subscriptores de su opción de pago Premium, sin anuncios. Por 9€ al mes, puedes oír la música que quieras durante todo el día, sin noticias ni estridencias. Porque resulta insoportable que los que trabajan en los medios de comunicación los estén usando como diván de sus miedos y zozobras por la catátrofe nuclear de Japón. Los patronos tendrían que descontarles de sus sueldos las horas de sicólogo que se están ahorrando. Parecen sonados, hay incluso tertulianos que esta mañana están explicando lo que es un terremoto, por si alguien no se ha enterado.

lunes, 14 de marzo de 2011

Flecha de santidad, venablo de Cupido

Las ménades eran unas mujeres que, en las fiestas de Baco, se emborrachaban y vagaban por los campos y, según cuentan, saciaban su hambre con la carne cruda de los animales que cazaban. También se dice que, molestas con Orfeo porque después de perder a Eurdice no miraba a ninguna mujer, estando bebidas, lo sacrificaron y se lo comieron. Las chicas de mi pueblo no llegaron a tanto, gracias, desde luego, a que pude evitarlo. A finales de los 50, pese a las facilidades de que disfrutaba la Iglesia Católica en España para limpiar, fijar y dar esplendor a sus doctrinas –gracias a que Franco, un meapilas de libro, un santurrón sin piedad, le consentía todo-, parece que se sintió la necesidad de darle una capa de religiosidad al descreído muro descascarillado de la fe nacional y se habilitaron unos land-rovers con altavoces y altaritos portátiles para la misión. El land-rover era un todoterreno perfectamente preparado para desplazarse por los pedregales de la irreligiosidad. Subía a los barrios más empinados, a las calles más agrestes y allí, se abrían sus puertas de atrás de las que salía disparado, flecha de santidad, arpón de Cupido, un jesuita dispuesto a enjalbegar la fachada de la tibieza religiosa de los lugareños. Aunque he leído que a los hombres el deseo se les activa por los ojos y a las mujeres por los oídos, el que el padre Barberá, el misionero que cubrió mi zona, fuera guapo no supuso ningún obstáculo para que las jóvenes de mi aldea se vieran arrebatadas por un encendimiento al que la gente –lo tengo yo hablado con ellos- no dudo en tildar de “calentura”. Duró la expedición tres días. El último de ellos por la tarde, un grupo de muchachas cercó la casa parroquial exigiendo del párroco que les entregara al predicador. Gracias a que me encontraba en la casa y le ayudé a saltar las bardas del corral y a huir por la contigua era de Frasco, pudo salvarse. Si no, las ménades enfervorizadas, le aplican a aquel célibe inabordable el tratamiento que sus predecesoras griegas dieron a Orfeo.

jueves, 10 de marzo de 2011

El corsé invisible

“Hoy, las mujeres llevan una doble vida, una de hombre y otra de mujer: deben ser madres entregadas, profesionales intachables, amas de casa perfectas... Todo ello bajo la insoportable presión social de que no son nunca lo bastante delgadas, bellas, buenas madres, buenas esposas La mujer moderna se ha querido liberar, pero se encuentra "esclavizada", presa de nuevo en un corsé, esta vez invisible”. (“El corsé invisible”, de Eliette Abécassis y Caroline Bongrand).
¿Quién estrecha esa jaula de perfección? En “Lo que el viento se llevó”, es la esclava negra de Escarlata la que  tensa las cintas del corsé de su ama, porque la exigencia de belleza parece venir más de las propias mujeres que de los hombres. Los hombres poco saben de la belleza femenina, aunque no dejen de hablar de ella. De lo que sí pueden entender los hombres es de la belleza de otros hombres.  A las mujeres nos lanza, como una piedra, nuestro deseo incoercible, por motivos poco claros y que todavía se investigan en ciertos laboratorios de neurociencia.  Sólo, después de que la piedra se ha disuelto tras el golpe, se nos aclaran los ojos, y se abre una estrecha ventana sin deseo,  que nos permite percibir alguna simetría, un movimiento grácil, un toque purpúreo en una mejilla (ver Góngora, sobre Galatea),  o en un seno, pero inmediatamente el ventarrón del deseo ciega esa rendija y dejamos de percibir  la belleza: nos convertimos en partículas muy elementales que sobreactúan, con el libre albedrío oscurecido. Sin embargo, de  la belleza de otros hombres lo podemos saber todo por el Arte y los viajes.
 Cuando una mujer dice que se arregla para ella, lleva parte de la razón, calla que se arregla también para las otras mujeres. Sabe,  desde pequeña, que para los hombres no hay que arreglarse mucho, quizá lavarse un poco...Y ni siquiera, recordemos cómo, en El Nombre de la Rosa, la suciedad de la muchacha no estorba su relación con el joven novicio Adso. De cómo aflojar las cintas del corsé,  deberíamos estar hablando también, hombres y mujeres, y no sólo el día de la mujer trabajadora, por si nos pudiéramos llevar mejor. Pero con esto sucede como con la endeble democracia española: cuando se iba a conseguir más libertad, afianzar un derecho o restituir el honor de las víctimas del franquismo, llegaba ETA, mataba a un general y se iba todo al garete. Hay muchos hombres y mujeres que están por desactivar la guerra de los sexos, pero entonces llega un salvaje y mata a una mujer,  porque piensa que es suya, y todo lo conseguido, al infierno.  Pese a todo, es mejor llevarse bien, el que lo probó, lo sabe.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Efecto iPAD: el mundo al derecho

La utilidad de “rotación de pantalla” de que dispone el iPAD es muy útil, te permite ver siempre las cosas derechas. Por mucho que intentes tumbar un texto o una imagen, si tienes activado el modo “rotación de pantalla”, el aparato los enderezará de inmediato.  Parece que la “tableta” tiene éxito. Pero estos artilugios no siempre están libres de efectos adversos: los que usan continuamente el aparato pueden padecer el síndrome del mundo al derecho. Se da entre políticos y periodistas, principalmente, y cursa con síntomas no siempre benignos. Enderezar la versión judicial del 11M, convertir en positivos los resultados negativos de las encuestas, poner a Zapatero de pie, siempre que los golpes de la realidad lo tumban. Apuntalar a los imputados, cuando son de tu partido… Que el atractivo flácido de Rajoy aparezca inhiesto.  Desde que este aparato está en el mercado no hay forma de ver el mundo boca abajo, que es como lo vemos los que no podemos pasarnos a APPLE-MAC.

martes, 8 de marzo de 2011

Con sola su figura

El escribir produce placeres muy parecidos a los de la caza. En realidad es un sucedáneo. Compites con otros cazadores a ver quién lo hace mejor, quien cobra la pieza más distante o esquiva. Un soneto, una novela, un aforismo.  Un post. Entre cazadores el prestigio se alcanza cuando uno ha puesto sobre la mesa la pieza más preciada. También entre los pescadores. Ese es también el juego de los poetas. Antes del verso perfecto o de la garza lustrosa, ni el cazador ni el escritor son nada.  Y si luego aparecen con un ripio infame  o con una gallineta esmirriada, de nada servirán los éxitos precedentes.  Pero ahora se lleva muncho entre los que escriben solicitar el premio antes de haber aportado la pieza. Son actitudes pre lingüísticas (¿preglóticas , preglósicas?) incomprensibles en personas que trabajan con el idioma. Hay mucha gente que escribe, en periódicos o en blogs,  que no nos deja rendirnos, asombrados, seducidos por  lo que escriben, porque lo primero que nos dicen, antes de que tengamos conocimiento de una sola línea de su producción, es que ellos, aunque no escribieran, ya serían excelentes. Enumeran sus virtudes, el aprecio que les tiene la gente con la que tratan,  sus perros, el portero…  Como el Amado del poema de San Juan de la Cruz, están seguros de  dejar a todo el mundo  prendado de su hermosura, con sola su figura.  No sé por qué escriben. Mejor que hablaran con John Galliano.

lunes, 7 de marzo de 2011

Las mujeres tampoco lloran

Conectada, pero en la calle
Sólo una guerra atómica, el choque de un meteorito o el desplome del capitalismo suicida,  sumirían a las mujeres, junto con toda la especie, en la nada o las  devolverían al papel de “ángel de su hogar”  que les otorgó el siglo XIX. Cuando nos tiramos de la cama al despertar no se nos ocurre pensar que alguien ha retirado el suelo  para que nos precipitemos  en el abismo y cuando salimos a la calle, después de desayunar,  y acudimos a nuestros trabajos u ocupaciones,  no se nos ocurre pensar que no vamos a encontrar a las mujeres en sus consultas médicas, en los estrados, en  las gestorías, en las gasolineras, en los chiringuitos o en los ministerios. Ahora mismo, una bibliotecaria acaba de confirmarme por teléfono que mi préstamo está prorrogado hasta el 26. A esas realidades indiscutibles llamaba Ortega y Gasset “las creencias”.” Las ideas se tienen; en las creencias se está.”  Ahora estoy viendo a la meteoróloga de TV1 explicar el mapa del tiempo. Ha vuelto, después de tener su hijo, a las isobaras y las nieves de marzo. Poco antes, en el telediario se daba la noticia que la persona encargada de investigar  si Gadafi ha cometido delitos contra la humanidad es una fiscal española. Una filóloga, recién entrada en la Academia,  Inés Fernández-Ordoñez, declaraba hace poco en EL PAIS Semanal que la lengua no se dirige desde el BOE y que la Academia no está para admitir ocurrencias de una ministra (se refería a la miembra del Consejo de Ministros, expulsada por Zapatero, en la última remodelación del Gabinete). En la camisería, una chica me toma las medidas con profesionalidad y afecto. Me rodea con sus brazos jóvenes y mide mi mucha solemnidad como si mi talla estuviera incluida en los parámetros de la Pasarela Cibeles. No he oído a ninguna de estas mujeres quejarse de nada. Ellas clausuran la época del llanto. Están ahí,  como las creencias de Ortega,  y no piensan irse.

domingo, 6 de marzo de 2011

La insumisión de los objetos

Los objetos, las cosas, practican con nosotros una insumisión mucho más tenaz que las personas. Te levantas y no te funciona nada: sale sólo la mitad del café de la cafetera, la radio se resiste a dar una buena noticia, las manchas rebeldes no abandonan sus posiciones en tu chaqueta pese al ataque químico de los espráis,  has borrado todos los correos de la bandeja de entrada, pensando que eran spam...En la calle, también puedes encontrar a un vendedor de almendras que no entienda que lo hayas elegido ese día para regalarle el don de tu simpatía personal y que salta cuando intentas instalarte en su perímetro corporal de seguridad,  y que te rechaza, con malos modos, cuando le preguntas por el precio del cucurucho y le cuentas que tú, hijo de la escasez, regateas cada almendra. Seco, contesta: "los chicos, a 1,5 € y a 2 €, los grandes". Entre dientes masculla: "este tío se quiere cachondear de mí", y te mira con un rencor que -piensas- no te pertenece del todo y que tendría que repartir con la humanidad entera, pero que tú has activado con tu populismo altanero. Pero, al contrario que los objetos rebeldes, a los que les importa muy poco el enfado paroxístico que te han producido y menos, los golpes e insultos que les has dedicado, en la misma calle, en el mismo paseo donde has fracasado, tus encantos tardarán poco en ser apreciados por otras personas: por tu panadera, por el camarero malhumorado del chiringuito de la playa que siente debilidad por ti o por tu quiosquero, con el que conectas perfectamente, sólo con pronunciar mal el nombre de todos los artistas americanos de las películas del oeste de hace 50 años. A lo que no te has atrevido es a volver a pasar cerca del vendedor de almendras, por si sigue terne.

sábado, 5 de marzo de 2011

El spam, como yo digo, son los demás

Bueno, como yo digo y como dice Sartre, que esta apropiación del pensamiento del filósofo francés es ave de corto vuelo. Miren ustedes si es conocida la frase que hasta en una pared de la Coruña está escrita. Aunque el graffitero parece considerarla spam.

jueves, 3 de marzo de 2011

El descenso de Mouriño

Mouriño desde todos los ángulos
EL sábado pasado, por la noche, millones de personas pudieron ver a un hombre descender solo a los infiernos de los vestuarios, en la Coruña, tras el fracaso de su equipo. Lo captó un cámara colocado en lo alto del túnel: desde ese ángulo los héroes del partido no lo parecen y los derrotados resultan patéticos. Muchos de los que vieron la escena disfrutaron con el dolor ajeno, otros, se dejaron ganar por la empatía hacia el héroe en apuros, y no faltó quien experimentó una cierta conmiseración, ese placentero sentimiento de piedad altanera que nos invade ante las desgracias del prójimo. 
La figura del hombre del pelo gris y la bufanda y el abrigo a juego, cada vez más pequeña, conforme bajaba las escaleras, se asemejaba a la de un muñeco de guiñol abandonado a su suerte por un titiritero al que ya no le importara que la marioneta tropezara y cayera. Este personaje no podrá negar que ha dispuesto del mejor guion, del mejor productor, de los actores de más alto caché para triunfar, pero los hechos no siempre se ciñen a un guion, por muy bien escrito que esté. En las películas, sí lo hacen. A la misma hora daban en otra cadena, Hechizo de Luna, con Cher y Nicolas Cage de protagonistas. Terminó un cuarto de hora después del partido del Depor contra el Madrid. Los que siguieron el encuentro, se perdieron el caos que la luna provoca en una familia italiana. No pudieron ver al abuelo que, en plena noche, saca a sus perros a pasear y sorprende a su nuera flirteando con un desconocido ni al jefe de la familia que asiste con su amante a la ópera, donde es sorprendido por su hija a la que acompaña y corteja el hermano del hombre con el que se va a casar. La luna los ha vuelto locos a todos. 
Eso no lo sabrá el espectador del partido de fútbol trastornado por el caos que poco a poco se adueña del Real Madrid y de Mouriño, porque para cuando cambie de canal, tendrá ya a todos los personajes de la película sentados a la mesa del desayuno, preparados para la escena final en la que la madre proclamará ante toda la familia que ama a su marido infiel y él, emocionado le confesará: "Anch'io, ti amo". Cher corta con su novio y se promete al hermano, Nicholas Cage y, en ese momento, nadie dudará de que el mundo está bien hecho. Porque se puede fracasar en la vida o en los campos de fútbol, pero no hay por qué fracasar en la vida que nos inventamos al redactar nuestras memorias o cuando un buen guionista ordena el caos de otras vidas en una buena comedia romántica.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Los refranes, como yo digo, no pagan derechos de autor.

Me gusta muchísimo, soltar un lugar común  precedido o seguido de la frase “como yo digo”. Y me gusta porque es uno de esos misterios que me inquietan y que posiblemente no seré capaz de descifrar nunca. Me turba intelectualmente oír a alguien que suelta un refrán y lo corona con esta expresión; un suponer: “Más vale pájaro en mano que ciento volando, como yo digo”.  Mis investigaciones presentes se orientan en el sentido de averiguar el resorte sicológico que lleva a un individuo a apropiarse de un bien mostrenco, como son las frases proverbiales  o refranes, y  a atribuírselo a sí mismo, cuando todo el mundo sabe que sólo le pertenece en una pequeña parte, como a cualquier hablante del español.  He llegado a creer que esta actitud es un precedente del actual “cortar y pegar”,  sostén de todas las redes sociales, donde el antiguo juego de las referencias y de la autoría, entendida como la entiende la SGAE,  se desvanece o ha desparecido completamente. Hoy cualquiera puede cortarle un trozo al cuerpo conceptual de Spinoza y pegarlo en una entrada de su blog, sin decir a quién pertenece, como cosa suya (“como yo digo”) y quedar como Dios.  Esto ya lo ridiculizó Cervantes en el prólogo de su Quijote, donde da a entender que todos los prologuistas se copian de los clásicos o de los autores cristianos o de la Biblia o de Jenofonte, a la hora de redactar sus introducciones.  Todo lo anterior se lo ha tenido que tragar el discreto lector, para que yo pueda utilizar, sin ambages, un refrán a propósito de las subvenciones y los derechos de autor. Pues bien, como yo digo,  los escritores sienten más el vacío que deja la paja de la subvención ajena en su bolsillo, que el  vacío que deja la viga de la subvención propia en el bolsillo ajeno. Esto también les pasa a los cineastas, a los titiriteros, a los teatreros…   a los que organizan talleres de macramé y  de churros. Es una herencia religiosa. La religión es una cosa tan buena y tan conveniente para el ser humano que ha de recibir ayudas de los estados laicos.  Pero los curas no protestan si te bajas del Cuerpo místico de Cristo, su Internet  de siempre,  los “Misterios Luminosos”, en la versión bastante conmovedora de Juan Pablo II.  Pero si te bajas un rap mal rimado, lleno de lugares comunes, del emule, se te ha caído el pelo. No te eximirá de culpa el que el rapero esté subvencionado. O sea, que el Estado, es decir, tú mismo, le hayas pagado, con tus impuestos, parte de su subvención que le ha servido para pagar los torpes calimochos de los que mana su inspiración. Y que el Señor me perdone, como yo digo, por haber escrito esto.