sábado, 22 de enero de 2011

Vine al mundo con "Trafalgar" bajo el brazo


Después de la prueba del nueve
Mi madre llegó a conocer las medidas de discriminación positiva de los gobiernos socialistas y no le gustaban nada. De vivir, se habría enfadado con Pajín y su “Ley Integral de Igualdad de Trato y No Discriminación”.Decía que estas disposiciones harían perezosas y aprovechadas a las mujeres. Estaba convencida de que era una trampa del machismo más inteligente. Ella no sabía mucho de derecho, había estudiado cultura general en las Dominicas y algunos cursos de piano. Tuvo que abandonar estos estudios cuando se echó un novio muy celoso con 14 años. Pero ayudó a mi padre a redactar su tesis doctoral sobre la Ley del Suelo y se la pasó entera a máquina, entre embarazo y embarazo. Las matemáticas se le daban muy bien y leía mucho. Cuando se quedaba embarazada, mi padre le regalaba flores y un tomo de los Episodios Nacionales. Solía acabarlo poco antes de dar a luz en casa, en su cama. Yo vine al mundo con Trafalgar bajo el brazo. Nos enseñó a todos las cuatro reglas para que no hiciéramos el ridículo en la escuela del pueblo de mi abuela, con la que nos mandaba los dos últimos meses de cada embarazo. El maestro del pueblo de mi abuela, a causa de la lucha de clases, nos sacaba a la pizarra, nada más llegar, en mitad del curso, y nos ponía unas cuentas de dividir imposibles, para que hiciéramos el ridículo delante de los niños del pueblo. Era uno de perdedores de la guerra y así se vengaba de la derrota con los nietos de la Señora, mi abuela. Gracias a las lecciones de mi madre superábamos la prueba del nueve. Aunque, como he dicho, su relación con el derecho fue por causa de matrimonio, estaba convencida de que los legisladores no deben tocar el principio de que todos somos iguales ante la Ley. Me consta que no se había planteado por qué los redactores seculares de las leyes –varones, vencedores de guerras, ricos- habían dejado que se les colara en los códigos algo tan perjudicial para sus intereses, pero no se cansaba de decir que cuando se pervierte este principio los que suelen pagar el estropicio son los débiles, las mujeres, los niños, los enfermos, los ancianos, los pobres.

4 comentarios:

  1. Pues sí, gran sabiduría la de tu madre.
    Creo que la igualdad tiene algo que ver con la libertad, y la libertad, creo, que es un estado interior y personal de cada uno. Y podría agregar que cuanto mayor es nuestra libre capacidad de amar, de sentir amor, mas libres somos.

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  2. O más dependientes, Ana María, que el amor supone a veces una suspensión total de los derechos humanos. Hay muchas parejas de enamorados, auténticos o fingidos, que comparten una dirección de correo electónico: pepecarmen1x2@sinsecretos.com. Y es que no tienen secretos. A esto no quiero llegar, amable amiga. Un beso.

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  3. Tu post de hoy ha sido providencial, Pablo. Gracias

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  4. Eso es apego Pablo. Y el apego coharta la libertad. Como las leyes. Cuanto mas legislados menos libres.

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