lunes, 3 de enero de 2011

Pavos Points tope de gama

Cuando un pavo llega en Navidad a un hogar desestructurado le puede suceder lo que al pobre pavo orgánico de la novela Mujeres de Bukowsky, que termine pasando unas jodidas Navidades. Los suntuosos pavos asados de Navidad quedaban bien en las mesas menesterosas de las viñetas del TBO de la postguerra española y, desde luego, en las de los hogares de clase media de los almanaques norteamericanos de los 50. Un pavo tiene asegurado el futuro inmediato también en la mesa de una familia de la alta burguesía italiana como la de los Recchi de la película Io sono l’amore. El proveedor habitual lo habrá hecho llegar, junto con las otras viandas de la lista que le han dictado por teléfono, a la puerta de servicio de la mansión, alguno de los criados lo habrá desplumado, la cocinera lo habrá rellenado, lo habrá metido en el horno, lo habrá trinchado y distribuido en los preciosos platos de la vajilla familiar, sirvientas de pasitos cortos y cabezas humilladas, los habrán depositado en la enorme mesa en la que los comensales se habrán sentado cada uno en la silla que la dueña de la casa les habrá asignado previamente en una pequeña maqueta. Pero si un pavo orgánico  llega en Navidad a la casa de un escritor borracho, drogadicto y orgasmo-dependiente, como Chinasky, el protagonista de Mujeres, le puede suceder de todo.  Por su apartamento pasa mucha gente en esos días y todos abren la nevera y reparan en el pavo: será descuartizado y devorado por dos chicas empastilladas y hambrientas, que lo dejarán como si hubiese sido atacado a zarpazos por un tigre,  aprovechado para sopa por la novia del poeta. Un huésped la encontrará insípida y la tuneará con especias y finalmente otro visitante la arrojará por el fregadero.
En estas fiestas, no es raro que las bandejas del correo se llenen también de Pavos Points navideños tope de gama. Muchos de ellos suelen pasar unas jodidas Navidades. Normalmente como el pavo de Chinasky, estos pps de temporada terminan en la papelera. Ni siquiera se abren. A mucha gente ver fotos de Venecia, con una música de fondo que parece salida de uno de los agujeros de un jacuzzi, le va resultando insufrible. Preferirían que el que se los manda, les preguntara por los niveles de azúcar en sangre o -¡qué menos!- que los sazonara con alguna nota personal. Pero los Pavos Point te lo tienes que tragar a palo seco, sin una caricia, sin un mimo, sin un “arreglemos lo nuestro cuanto antes, que no tenemos todo el tiempo del mundo”.  Y terminas por arrojarlos a la basura. Aunque contengan 20 fotos de las Alpujarras y suene de fondo Noches en los jardines de España.

2 comentarios:

  1. El pavo no me queda a mí tan jugoso como a tí te ha quedado esta entrada...
    ¡Abajo los Power Point de temporada!

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  2. En un periódico local, una escritora seguidora de J.R. Jiménez, solía escribir artículos de temporada. Llegado el otoño, la señora mandaba su artículo estacional al diario, tintado de colores amarillos y hojas muertas,los fríos del invierno hacían brotar de su pluma los aires más gélidos, la renacida primavera la deslumbraba con las glicinias y el sofocante verano le ponía en la pluma seis o siete adjetivos de temporada. En algunas dependencias de la Junta, funcionarios ociosos, aprovechaba los artículos de las dueña de los epítetos meteorológico para jugarse a las porras cuántos adjetivos había esculpido la señora en el primer párrafo. Recuerdo que en una ocasión gané 8 euros porque acerté que el primer párrafo estaba esmaltado de 18 adjetivos. Me los gasté en un buen desayuno y varios carajillos, pues estábamos en mitad del crudelísimo invierno. Terminaron nombrándola presidenta de honor del Servicio Nacional de Meteorología. Iria, gracias por el comentario. Un saludo cariñoso.

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