viernes, 10 de diciembre de 2010

Bonsáis gigantes

Oxímoron: bonsái gigante
El tema de esta entrada  me obliga a confesar de inicio que no siento un amor especial por los árboles, ni por los animales, “a nivel persona”. Por tanto, si traigo aquí el ejemplo de los bonsáis gigantes es como mera  metáfora de las formas de poda y control que los seres humanos -mucho más interesantes para mí que toda la flora y la fauna del mundo-  ejercen sobre otros seres humanos. En tiempos, y para contrarrestar los efectos  narcóticos  sobre mi inconsciente de la propaganda capitalista de la revista estadounidense  “Selecciones del Reader’s  Digest”, di en comprarme “Literatura Soviética”,  publicada en el Este.  Anulé la suscripción al año. Hirieron mi sensibilidad estos versos del poema “Lenin”,  de Gulrukhsor Safieva  ( Tayikistán, 1947): “Oh, Lenin, tú dejaste al viejo mundo un hombre y una vida que son nuevos”. Se me atragantó lo de “Oh, tú Lenin”. 
Lenin en plan Padre Manjón
Tampoco me emocionó –y yo entonces pensaba que la poesía debe emocionar-  otro poema  de Rasul Rzá, en el que una torre petrolera vieja instaba  a su vecina más joven a resistir “modesta y valiente”  el embate más duro de la tormenta.  Si paso de animales y plantas, ya se pueden imaginar lo poco que me conmueve el paternalismo pedagógico de una torre petrolera.  Rasul Rzá,  llegó a ser Presidente de la Unión de Escritores de Azerbaiyán, un bonsái gigante,  como el olivo de la foto, y sobrevivió a todas las operaciones de poda, trasplante, alambrado y pinzado de Stalin.  A otro bonsái de su misma generación,  el poeta Mikayil Mushfig, Stalin no lo dejó crecer tanto, pese a que en su obra glorificaba el trabajo de los obreros y de los campesinos al mismo tiempo que celebraba  la construcción de fábricas en su ciudad y otras poblaciones.  Fue fusilado, en una de las purgas de los años 30, por escribir un poema en el que se manifestaba en contra de la prohibición  estatal de tocar el tar, el instrumento nacional azerbaiyano. No le sirvió de nada el haber sometido  su inspiración a las podas, trasplantes, alambrados y pinzados stalinistas. Y menos, el que años después  de su condena, el propio régimen soviético limpiara su memoria.

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