lunes, 10 de mayo de 2010

Intelectuales por el consumo


Como Pedro Antonio de Alarcón no vendía ni una naranja del Valle de Lecrín, pese a habérselo prometido al alcalde el día que el munícipe por antonomasia  visitó la Avenida de las Estatuas, decidió, amparándose en la solidaridad entre intelectuales, pedírselo a San Juan de la Cruz. 
El Santo hizo lo que pudo, pero su intercesión obtuvo unos resultados mediocres. Y le devolvió la mochila con la fruta al accitano.
Al final le pasaron el marrón a Falla por si él tenía más arte y conseguía algún dinero para las exangües arcas municipales. El músico lo intentó todo un día.
Terminó regalándoselas a Frascuelo (¡ toreros como los de antes ya no quedan!) para su cuadrilla: que el zumo es muy bueno a las cinco en punto de la tarde, incluso un poco antes.

2 comentarios:

  1. Un intelectual que consume10 de mayo de 2010, 11:54

    Don Pedro Antonio, ya en 1873, en su obra La Alpujarra, había mostrado interés por las naranjas del Valle de Lecrín. Aquí lo dice: "El crescendo de hermosura del Valle de Lecrin había, pues, llegado casi al summum..., y me quedo en el casi, porque aún nos faltaba ver a Lanjarón...
    Béznar es uno de los emporios de naranjas del mediodía de Europa. Su mercado sirve como de bazar a los innumerables miles de ellas que se cautivan a poquísima costa en los bosques y huertas de las cercanías y en sus propios alrededores.
    Perdonadme esta insistencia en comparar a las naranjas con las cautivas destinadas a extranjeros harenes; pero el símil es tan exacto y tan mío, que tengo empeño en que lo admitáis. Estudiad, si no, el ulterior destino de estas princesas del reino vegetal, de estas rústicas diosas de nuestra tierra, de estas hijas de nuestro sol... Encontrámoslas aquí apiladas de cualquier modo en plazas y calles: cómpranlas luego mercaderes de otros países; enciérranlas en lujosos estuches, envuelta cada cual en una finísima bata de papel de seda; condúcenlas por camino de hierro o en barco de vapor a Berlín, a Londres o a San Petersburgo, y allí véselas (¡qué horror!) empingorotadas, como en un trono, en áureos fruteros, entre caloríferos y perfumadas bujías, ostentar su hermosura en los triclinios de los bárbaros del Norte y regalar el gusto de tal o cual Sardanápalo aforrado en inultas pieles... de otros animales por su estilo."

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  2. Este post parece una fotonovela , pero en versión intelectual

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