martes, 8 de diciembre de 2009

La pena de ser estatua en Granada


Alas de altanería


Es una lástima que la estatua de Granada más preparada para hacer frente a la eternidad, o a la perennidad al menos, sea la dedicada a José Antonio Primo de Rivera, en la plaza de Bibataubín. Desde luego no es la que reclamara Antonio Machado para Federico, en su poema El crimen fue en Granada. Pero, como todavía hay miles de víctimas de la barbarie nacionalista sin desenterrar, sería pertinente mantener en el centro de la ciudad esta estatua para vergüenza, perpetua o eterna,  de los verdugos. Bastaría con sustituir la inscripción actual, por los versos de Machado:
Labrad, amigos,
de piedra y sueño, en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!


Las estatuas que se han erigido en Granada  en los últimos años son tan feas que hay que ser muy cauto a la hora de remover la del escultor Francisco López Burgos (arriba, en la foto),  porque te pueden colocar una todavía más discutible y menos preparada para soportar el paso del tiempo. Hay cerca una de Agustín Lara, con el compositor fumando y con una sola pierna asentada en el suelo. Lo más normal, en esa posición, es que el músico mejicano no se pueda librar de un molesto y perpetuo hormigueo en sus extremidades.






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