jueves, 29 de octubre de 2009

Sicalipsis



En los Todo a Cien se pueden encontrar algunas de las claves del tiempo presente.  Repasando sus estanterías, o sus escaparates, se comprueba, por ejemplo, que la sociedad española vive ya en una regalada laicidad de la que no son totalmente responsables, pese a lo que predican obispos y radiofonistas quejumbrosos,  los actuales gobernantes. Metadona del consumo para el hipotecariado, las "tiendas chinois" abundan en los barrios populares y escasean en el de Salamanca. En sus vidrieras, como en las del tango  “Cambalache” (1935) de Santos Discépolo, desbaratada la jerarquía de lo sagrado, “se ha mezclao la vida / y herida por un sable sin remache / ves llorar la Biblia / contra un calefón”.



En los escaparates de un Todo a Cien que hay cerca de casa también conviven sin problemas que no puedan ser resueltos, la escultura sicalíptica de una diosa desnuda (vendida) y una imagen friki de la Santísima Trinidad (por vender) coloreada de modo blasfemo.

miércoles, 28 de octubre de 2009

El Niño Jesús de Praga


Pánfilo había escrito en un foro de Internet en el que se discutía sobre la existencia de Dios:
"Es posible que Dios exista, pero no puedo decir lo mismo del Niño Jesús de Praga".
Y Pánfila le contestó, en el mismo foro:
"Pánfilo, te equivocas: de lo que sí podemos estar seguros es de la existencia del Niño Jesús de Praga, lo he visto con mis propios ojos: es un trozo de madera tallado y policromado, pequeñito y bastante corriente".



Él pensó que podía tener razón: pese a que en el escaparate del Todo a cien de su barrio no había ningún  Niño Jesús de Praga, sí  encontró muchos niñosjesuses vulgares, apilados junto a unas cuantas figurillas de Cupido muy parecidas. La supremacía del cristianismo estaba expresada en euros. Cada niñojesús costaba 2,10 euros. Los cupidos, paganos, 1,55.

sábado, 17 de octubre de 2009

Las víctimas son muy sacrificadas


El disponer de referencias literarias clásicas no es bueno siempre. Su prestigio te obliga a no despegarte demasiado de ellas. La familia de Federico García Lorca, sus sobrinos, parecen estar reproduciendo algún pasaje del Mercader de Venecia.  Admiten que se exhumen los restos de las víctimas de la represión derechista en la Guerra Civil enterradas con su tío, en Alfacar, pero no les gusta que se remuevan los de Federico. Una exigencia tan difícil de satisfacer como la que plantea en la obra de Shakespeare,  Porcia, la defensora del Mercader, al judío Shylock: le autoriza a cortar al mercader veneciano la libra de carne -ni un gramo de más ni un gramo de menos- que estipula su acuerdo con Antonio, no sin advertirle de que no puede verter ni una sola gota de su sangre.



Al Pacino como Shylock


Tampoco lo van a tener fácil los que van a abrir las tumbas granadinas. Eso es lo malo que tienen las víctimas de las guerras,  que mueren en masa y no pueden ser enterradas convenientemente en sepulturas individuales. Los enterradores las hacinan en fosas comunes y allí el tiempo revuelve y confunde sus huesos. Incluso con la tecnología más avanzada, va a ser difícil distinguir los restos de Lorca, si es que están enterrados en ese lugar, de los de sus compañeros de suplicio. Quizá la familia sufra por esta mezcolanza, pero las víctimas lo aguantan todo, hasta los errores de los vivos: son muy sufridas.

martes, 13 de octubre de 2009

L'Etat c'est toi

Se atribuye al rey absoluto Luis XIV de Francia la frase L'Etat c'est moi, en los Estado actuales, de 'democracias avanzadas', el poder, y/o el Mercado, prefieren que el Estado, en los aspectos más desagradables y trabajosos, sea el propio ciudadano, cada uno de los ciudadanos: "L'Etat c'est toi", pero los impuestos los cobro yo. En los hospitales los familiares tienen que atender por la noche a sus deudos, en lugar de enfermeras; la gasolina  te la tienes que servir tú mismo; en los supermercados, hay un empleado por planta y es el cliente el que debe buscar los productos por los anaqueles; las cadenas de televisión rellenan el tiempo que deja libre la publicidad con viejos y niños que dan el espectáculo, sin cobrar un duro. En Semana Santa, las cadenas de TV llenan la parrilla con actores aficionados, los penitentes, a los que no pagan... De madrugada, las radios-confesionario oyen los pecados y rarezas de los oyentes insomnes, sin más gasto que el sueldo de un profesional que perdona y alienta todas las rarezas. "Entonces", susurra el locutor a las 4:30 de la madrugada, " ¿piensas comprarle a tu yegua, por San Valentín, una guirnalda de flores fosforecentes que brillen durante el coito? ¡Qué original! Estoy seguro de que el animal te lo agradecerá y te recibirá con más gozo". En las escuelas, los padres y sus asociaciones y representantes, son alentados por las Autoridades para que en competencia con los profesores, sigan maleducando a sus hijos... "Tú mismo", parece decir el poder, tú me pagas los impuesto y luego te lo haces como puedas.

viernes, 9 de octubre de 2009

El cuento de Marta, niña de 8 años

Para ser contado a políticos, a fundamentalistas y a todos los que sólo se saben el cuento del Árbol del bien y del mal:


"Había una vez una bruja que era muy mala, muy mala, pero que a veces también era un poquito buena...."

lunes, 5 de octubre de 2009

Teofanía


Proceso en el cual unos pocos elegidos dicen que les ha hablado un dios, que sólo ellos han visto, del que reciben unas leyes que han de ser respetadas por el pueblo. La primera ley suele tratar de las partes del cordero que los sacerdotes recibirán en los sacrificios que los fieles ofrezcan al dios.

Ginofanía



Proceso en el que muchas mujeres, después de haber renunciado a guardar y proteger los secretos de los hombres, ocupan el espacio público, destierran las mediaciones, y acceden al conocimiento de las cosas, a lo numinoso, o simplemente a un portal de Internet, sin tener que pedir permiso a nadie. Como el fenómeno es tan reciente, no se sabe muy bien a dónde irá a parar el cordero y sus partes.

Las personas y el feto

El feto que una hembra de la especie humana lleva en su interior no es siempre una persona. Para ser persona hay que tener, como mínimo, DNIe, un borrador de la declaración de la renta en vías de tramitación, heridas del desamor, una película de culto, una chaqueta de lino de Zara, una pastelería donde comprar los bollos para el desayuno, un vecino que no te hable, dueño de tres perros que pese a conocerte desde hace años, te ladran cuando lees el periódico sentado en el porche de tu casa... incluso, un trabajo. El feto es algo tremendamente orgánico, telúrico, explosivo, perfecto. Crece, casi siempre, de acuerdo con el proyecto cósmico de la vida, que es el mismo que concierne a los planetas y a sus giros, a los rojizos mares de agua helada diseminados por las galaxias, a los olivos y a las encinas.



 El feto es un artilugio eficacísimo de supervivencia. Forma parte de los millones de procesos, exuberantes, que multiplican la vida. Como todos ellos, individualmente, superfluos, pero imprescindibles en su instinto universal y certero de perpetuarse. Si el feto fuese una persona, se sabría. Habría dado muestras de debilidad y habría caído en alguna de las trampas de la vida en común. Se habría enamorado, se habría dejado regalar un traje por algún amiguito del alma, habría cometido una falta de ortografía, alguna Ley de educación lo habría condenado a la ignorancia y al fracaso. Competiría, no se habría podido negar a dar una charla sobre Lorca, trasladaría, en Semana Santa, pesados muebles de un sitio a otro, no podría evitar que lo usasen como novia ‘minimizada’, o que lo disfrazasen de cartujo, para los ritos primaverales de los mayores. Ya lo habrían llevado a Canal Sur a hacer el ridículo, imitando a Gila. Estaría enganchado al populismo trivial de "Amar en tiempos revueltos”, serie -cuyos guiones, según los maliciosos, se escriben en la Moncloa- en la que todos los pobres son buenos y todos los ricos malos. Lo habrían incluido en algún observatorio de la Junta (desde donde observar sin ser observado), y estaría apuntado a algún programa de "políticas de igualdad" del ministerio correspondiente.
Pero el feto da la espalda a esas contingencias. Incrustado en el vientre de una mujer, crece y crece, como las yerbas, aparentemente inútiles, de los campos incultos, para que la vida, pese a las personas, tenga otra oportunidad. El feto no se deja clasificar fácilmente: perteneciente a la especie humana, según unos, o privado, aún, de sus características, según otros, el feto se mofa del empeño de los taxonomistas en catalogarlo, porque la fuerza que lo mueve, como dijo Dante del Amor, es la misma que impulsa el curso del sol y de las otras estrellas.