jueves, 25 de mayo de 2017

¡Tus muertos!

Masas populares


"Populismo" es hoy un baldón, una mancha , un estigma. En Granada Hoy, (<---pincha en el enlace, si te apetece leerlo) doy un repaso a otros insultos, de otras épocas e intento limpiar al PP y al PSOE de una posible contaminación populista.

jueves, 18 de mayo de 2017

Bésame, rey mío

La piedad supuesta
Si eres corpulento y ocupas mucho espacio, sufrirás menos agresiones que si eres pequeño y flaco. Si te persiguen los antidisturbios y te subes al tranco de una puerta, cruzas los brazos y los miras a la cara, sin desafío ni miedo, seguro que el porrazo se lo lleva el compañero que ha permanecido, asustado y con la cabeza gacha, en la acera. La proxémica es la disciplina que se ocupa de explicar estos hechos. Y, en general, las relaciones -de proximidad, de alejamiento, etc.- entre las personas y los objetos durante la interacción; las posturas adoptadas y la existencia o ausencia de contacto físico. La experiencia, aunque no hayas estudiado proxémica en el colegio, también ayuda a gestionar las distancias. El viejo que quiere recibir caricias y atención, mejor que se lave con frecuencia. Sobre todo aquellas partes del cuerpo que entran en contacto con el otro, en el abrazo o en el beso. Orejas, cuello y barba. No conviene coloniarse en exceso y, sobre todo, mezclar colonias, que esto repele. Si quiere el anciano que los niños -tan interesados en las personas mayores- se acerquen a él, deberá presentarse limpio e inodoro. Para la barba, con un poco de pomada de bergamota, basta. La proxémica reconoce cuatro distancias. La íntima: la del anciano del ejemplo anterior. La personal que es la del manifestante que se salva del golpe de la porra que tiene a medio metro de sus narices. La distancia social: cercana, de 1,25 m. a 2,10 m., que se da entre el que pide un préstamo al banco y el funcionario que estudia su expediente detrás de una mesa. Y la lejana, de 2,10 m. a 3,60 m., que es en la que se encuentran cómodas las parejas que vuelven del trabajo y se sientan a ver la tele o a leer, a 3 m. o más, el uno del otro. Por último, la distancia pública, que va de los 3,60 m. a los 7,50 m. o más, que es con la que jugaron los reyes, el día del funeral por la infanta Alicia de Borbón Palma. Era la primera vez en muchos meses que se veía al Rey con su hermana; no se acercó a ella, sólo le dedicó una mirada furtiva. Los Reyes Eméritos, por el contrario, se acercaron a la recién absuelta e invadieron su espacio íntimo en un acto público y protocolario, en el que cualquier gesto se llena de sentidos. Juan Carlos besó a su hija que se permitió frotarle la espalda, como cualquier protagonista de una serie televisiva hace con su padre anciano y achacoso. La reina Letizia en ningún momento abandonó la distancia pública, ni con sus cuñadas ni con el Santísimo, al que dedicó una leve reverencia. No nos consta que el Rey Emérito y su hija intercambiaran ninguna frase. Una vidente, engalanada, que asistió a la ceremonia, creyó leer en sus mentes estas expresiones: "Piojo resucitado" y "desagradecidos". Pero no ha podido averiguar a quién iban dirigidas estas palabras ni de qué mente salieron.

martes, 16 de mayo de 2017

La sopa en comunión

Cena (Vincent van Gogh)
“Toda familia segrega un aburrimiento interior y especifico que hace huir a cada uno de sus miembros (cuando les queda un poco de vida). Pero tiene también una antigua   poderosa virtud que reside en la comunión alrededor de la sopa de la noche, en el sentimiento de estar entre seres queridos y sin cumplidos, comportándose todo el mundo tal y como es. Podría concluirse que la familia es un medio donde el mínimo de placer se conjuga con el mínimo de molestia”.  Paul Valery

viernes, 12 de mayo de 2017

Pollardismos

Pollardismos de colores
1. El metro va a esperar al tren, porque le da susto entrar solo en Granada

2. Rajoy abandonará el barco cuando no quede nadie por corromperse. Es el capitán

3. En Puente Tocinos, Murcia, una Primera Comunión terminó inevitablemente a hostias

4. Un proyecto "ilusionante" el del PSOE, la nada caramelizada

5. Cuando el candidato ganador de las primarias despertó, el PSOE ya no estaba allí

6. Huyo de la solemnidad como de la peste. Abrazado a ella

7. ¿Han pasado a la clandestinidad los líderes que apoyaron a Susana Díaz?

8. Vestida de gitana,  acudió Susana Díaz a la feria de Sevilla: la azafata del poder.

9. El “chispi” y el “nabo” son -desde el punto de vista del libre albedrío- como la unidad central (CPU) del ordenador humano, a nivel mujer y a nivel hombre. Los demás adminículos, periféricos.

10. Dentro del PSOE, se teme que Sánchez nos lleve al Comunismo. Muro de Berlín, ¡ya!



miércoles, 10 de mayo de 2017

Cervantes y las posverdades

Luz de luna
Escribir en  castellano, después de Cervantes, siempre ha supuesto un riesgo. Al que, según he podido comprobar en la pasada Feria del Libro, han hecho frente miles de escritores. Sin miedo al ridículo. Cervantes no es la perfección, sin duda, ni siquiera para el mismo Borges. De su forma de escribir decía el argentino «No hay una de sus frases revisadas  que no sea corregible; cualquier hombre de letras puede señalar los errores; las observaciones son lógicas, el texto original acaso no lo es; sin embargo, así incriminado, el texto es eficacísimo, aunque no sepamos por qué». Y sin embargo ahí está el Quijote. La ironía. El humor, el descreimiento inteligente y cauteloso que le permiten verle el culo al mundo. Su lucha contra las verdades absolutas, que hoy llamamos posverdades. O sea, las mentiras de siempre, esas  que unen a millones de personas de todo el mundo que no se conocen de nada. Su ironía inaugura el arte contemporáneo. Porque, como dice el poeta Pavese, si el arte antiguo era religioso, el moderno, necesariamente, ha de ser irónico. Desafecto con todos y con todo. Para salirse de los carriles del fanatismo, de los catecismos y de los argumentarios. Hoy Cervantes estaría en los juzgados, acusado de irreverente o de faltarle al respeto a las mentiras nada respetables que vienen produciendo tanto dolor y tanta muerte y tanta cohesión y tanta seguridad y tanto dinero. Saldría absuelto, claro; si no lo pescó la Inquisición, no lo iba a atrapar la miserable Ley Mordaza, redactada para blindar las posverdades. Pudo Cervantes dejar caer, en el prólogo del Quijote, sobre el obispo de Mondoñedo el estigma de putañero, de forma tan sibilina que muy pocos lo advirtieron. Y pudo certificar la muerte de Quijano, el Bueno, sembrando dudas sobre “el relato católico”  de la salvación eterna que nos cuenta que, al fenecer, alguien almacena nuestro espíritu hasta el día del Juicio; con sólo esta frase: [Don Quijote] “dio su espíritu, quiero decir que se murió”. Muerto total y para siempre.  Otros méritos de Cervantes es haber hecho de Dulcinea, una mujer sencilla y tosca, una de las mujeres literarias más hermosas, adelantándose siglos a los programas televisivos, en los que entras adefesio y sales divino.  A él le debemos, también, el haber descubierto ese recurso narrativo tan eficaz, del que han echado mano tantos guionistas de películas y de series, como “Luz de Luna”, y que consiste en poner a un hombre y a una mujer a trabajar juntos, sin consumar. Eso lo hizo en “Los trabajos de Persiles y Sigismunda”, sapientísima novela de vejez, en la que los protagonistas recorren juntos miles de kilómetros, deseándose, sin tocarse. Cervantes también fue de los primeros novelistas que quiso vivir de su oficio. Pero  no siempre lo consiguió.  Algo habitual, hoy en día. 

jueves, 4 de mayo de 2017

Venezuela, lugar imaginario

Venezuela no está
Venezuela existe para la mayoría de la gente, incluidos los venezolanos. Y existe en permanente conflicto, enredada en una guerra civil de baja intensidad que dejó la semana pasada 3 muertos en las calles. Pero, para algunos de nuestros compatriotas, Venezuela es, sobre todo, una herramienta retórica, un tropo, una imagen literaria de las que se usaban en las disputationes monacales y universitarias de la Edad Media. En las discusiones escolásticas entre estudiantes o entre aspirantes a clérigo, se repartían los papeles y un día, te tocaba defender la existencia de Dios y, al siguiente, argumentar que Dios no existe. Eran clases prácticas de dialéctica, pensadas para ejercitar a los alumnos en la discusión con herejes y descreído. El bipartidismo todavía no sabe cómo comportarse con los partidos que felizmente han florecido en las últimas elecciones. Todavía no les puede aplicar lo de "y tú más", al menos en lo de embolsarse el dinero público, y usa la retórica de la vieja disputatio medieval para atacar a Podemos. Como escolares aplicados que se hubieran aprendido la lección de carretilla, a cualquier movimiento de los partidos emergentes, mejor o peor planteado, contestan sin mucha fe, sin mucha convicción, siempre lo mismo: "El demonio existe y se llama Venezuela".
Las redes de corrupción política están siendo atacadas últimamente por un virus insidioso y muy eficaz, creado por la Guardia Civil y por los jueces, que está dejando al descubierto su código fuente, programado para el robo sistemático de caudales públicos. Las herramientas de las que disponen estas redes corruptas para protegerse de un virus tan corrosivo no han sido actualizadas. Les ha perdido el exceso de confianza. Pensaron que nunca los iban a trincar. La hoja de ruta de la que echan mano los capos de la red, y sus principales accionistas y portavoces, prescribe que primero se hable de la presunción de inocencia, después, cuando las evidencias se acumulan, que se expulse al infectado, tras blindarlo gracias a la labor de jueces y funcionarios afines. Toca, a continuación, jurar y perjurar que se trata de casos aislados. Cuando este irrisorio cortafuegos tampoco sirve, porque se descubre que los partidos políticos a los que pertenecían los infectados recibían los beneficios que éstos les aportaban religiosamente, es cuando se esgrime en la disputatio, en la pelea, el "argumento Venezuela", ese ente irreal, esa Venezuela retórica, inventada, que no tiene mucho que ver con esa otra Venezuela real que se consume día a día en un enfrentamiento fratricida, al que no se le ve fin. Las mafias, y en esto muestran su obcecación, no valoran suficientemente la delicadeza de Podemos al nutrirse con recursos foráneos, renunciando a esquilmar -si es que queda algo por esquilmar- el cuerpo enteco de la patria.

viernes, 28 de abril de 2017

Los Populares descalzos

Refundemos
Seguro que a Cristina Cifuentes le gustaría fundar, como Santa Teresa de Jesús, una nueva orden, un nuevo partido: "Los populares descalzos", pero no se atreve porque teme encontrar las mismas dificultades que tuvo la Santa de Avila para reformar el Carmelo.