sábado, 23 de junio de 2018

Soraya, y su "Golpe de bolso".

Armas de mujer
En la cópula, la hembra del insecto conocido como santateresa introduce hasta el estómago del macho una lengua tubular por la que le desliza un líquido cáustico que le disuelve los órganos y luego, mientras que le hace gozo, le va sorbiendo su sustancia, tal como ha hecho Sáenz de Santamaría con Rajoy. No sé si la  ex vicepresidenta del Gobierno ha leído “El segundo sexo”, la obra de Simone de Bouvoir -no me consta que en las oposiciones de registradores de la propiedad se dé este tema- pero coincide con la escritora francesa en que las mujeres deben clausurar la época de la queja y, también, la del rechazo de todo lo que proceda del varón. A Rajoy le aceptó la única vicepresidencia de su gabinete, y de quejarse nada: no tiene tiempo para tirarse al suelo y desde allí zancadillear y manejar a los machos, ella viene dedicando todos sus esfuerzos a prepararse para ser la primera presidenta del Gobierno de España. Sólo se recuesta, cuando posa en ropa interior de calidad, negra y bordada a mano, para las revistas. Porque ella, virgen de toda ideología que no sea la del poder, no desaprovecha ninguna de sus gracias. Rajoy no lo supo, pero ella desde el primer momento se afanó en meterle la lengua para sorberle la sustancia del poder. El día de la moción de censura, cuando Rajoy, deshecho, ya cáscara vacía, se consolaba con sus íntimos en un bar cercano al Congreso, Soraya dio el primer "golpe de bolso" de la historia de la lucha por el poder y colocó el suyo en el asiento vacío del presidente. Mejor dicho, como la mantis religiosa, lo que realmente culminó fue un  "golpe de lengua". Mejor será que sus oponentes actuales en la lucha por la presidencia del Partido Popular mantengan la boca cerrada. En boca cerrada no entra lengua succionadora.

viernes, 15 de junio de 2018

Màxim en la Hoguera

San Juan de la Cruz
Hace años estuvo de moda entre sociólogos de la Literatura decir que algunos de nuestros grandes escritores eran conversos o epilépticos u homosexuales, y que, para escribir magistralmente, lo mejor es que la vida te trate a patadas. Las vidas regaladas dan para poco en literatura. De hecho, algún escritor regalón pudo afirmar: "cuando amo, no escribo". O sea, que la felicidad entorpece la creatividad. Generalizar no es bueno. Por eso no voy a aceptar sin más que Fernando de Rojas, Fray Luis de León, Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola, San Juan de la Cruz o el mismísimo Cervantes escribieran sus portentosas obras, simplemente porque no se sentían cómodos en una sociedad que los rechazaba por ser epilépticos, homosexuales o conversos. Porque Fray Luis de León, un reputado profesor universitario del siglo XVI, si bien es vedad que procedía de una familia conversa, también es cierto que tenía muy mal carácter y que era más bien iracundo, bastante intrigante y egoísta. Al final, por lo que lo metieron en la cárcel 5 años -diez meses menos que a Urdangarin- , fue por haber traducido El Cantar de los Cantares (cuyo exaltado erotismo Fray Luis no explica pero no esconde), pero también por la manía casticista de la "limpieza de sangre" del Siglo de Oro. Entonces, se investigaba cuidadosamente a los que iban a ocupar puestos relevantes. Se les sometía a un exhaustivo expediente de limpieza de sangre. Para que no se colara ningún converso, morisco o judío en cargos de la Inquisición, en las cátedras universitarias, en los colegios, en la milicia, en los cabildos catedralicios o en la jerarquía eclesiástica. Hoy la pesquisa se ceba en la clase política. El pecado más grave no tiene que ver con la religión. El mayor pecado: defraudar a Hacienda. A Màxim Huerta se le abrió ayer un tumultuario expediente de limpieza tributaria. Ni Santa Teresa de Jesús ni San Ignacio de Loyola, dos místicos aquejados de epilepsia, ni Cervantes ni San Juan de la Cruz, supuestos homosexuales, ni Fray Luis de León o Fernando de Rojas, de ascendencia conversa, tuvieron que soportar un juicio popular tan virulento como el que ayer sufrió Màxim. Obligado a dimitir, quizá a partir de ahora tenga tiempo para escribir un Persiles y Sigismunda o una Oda a la vida retirada. De la hoguera o del infortunio, a veces, surge el genio.

jueves, 7 de junio de 2018

Cipotillos de solapa

Cipotillos de los Colleoni, en Bérgamo
Las insignias las prefiero pequeñas para que haya sitio para todas. De haber sido nombrado ministro por Sánchez, lo primero que hubiera hecho sería subvencionar las insignias de solapa y gravar con un impuesto especial las águilas imperiales, las cruces del tamaño de una turbina eólica, los monolitos falocráticos, los marcos incomparables y las 'torres eiffeles'; y, por supuesto, toda la chatarrería oxidada de las rotondas. Y de las insignias de solapa, tolero sólo las diminutas. Ciertos colegios notariales y cofradías las encargan en metales nobles, pero minúsculas. Las que llevan en el ojal de la chaqueta los presidentes de USA, muy exageradas. Pero no las vería mal para los políticos españoles, si con ellas eliminásemos la macedonia de banderas que padecemos. Sobre todo, las gigantescas banderas de las patrias que algunos alcaldes colocan en lugares señalados de sus municipios. Ganar unas elecciones democráticas no tiene nada que ver con la toma del pueblo, en modo Reyes Católicos. Los mástiles de estas banderas vienen costando unos 12.000 euros. El precio de la bandera en sí, lo desconozco. Pero, a merced de los elementos, pronto se deshilacha y ensucia. Y también cuesta un dineral adecentarla o comprar una nueva. Y esto no es lo peor, cuando un partido menos fervoroso gana las elecciones, desatiende la enseña y deja que se convierta en un harapo. O le da por sustituirla por la del pueblo, con el daño subsiguiente para la estética y el presupuesto. A nadie se le ha ocurrido comprar mástiles telescópicos que se puedan plegar cuando el partido ganador no sufra lo que Freud llamó envidia de pene, y nosotros, envidia del mástil de la bandera del pueblo vecino. Mejor nanoinsignias para prender en el polo o en la chaqueta. Nada ostentosa. Ni cruces amarillas en las playas de Normandía catalanas; ni señeras enormes, como cubiertas plásticas de invernadero, en los campos de fútbol; ni banderas españolas, grandes como carpas, arropando a los hinchas. La idea del pin la tomo de las cartas que se cruzaron Cela y el poeta malagueño Alfonso Canales que, tras un escabroso incidente en un cine de Archidona (consúltese la nube), propusieron homenajear al macho responsable del suceso, con la creación de cipotillos de solapa que recordaran su gesta. Sería suficiente.

sábado, 26 de mayo de 2018

Reproducción asistida

Jorge Luis Borges
Desde que Jorge Luis Borges, en 1981, enumerara las cosas a las que debía la fama, han pasado muchísimas cosas; hoy casi nadie aspira ni a la fama ni a la gloria eternas. Se contentan con ser felices, intermitentemente. El escritor pensaba que debía su fama al ajedrez y al jazmín, a los tigres y al hexámetro. A haber urdido algún endecasílabo, a no haber salido de su biblioteca, a haber enseñado lo que no sabía a quienes sabrán más que él; a haber vuelto a contar algunas historias, a haber eludido sobornos, a ser ciego o a "ser esa cosa que nadie puede definir: argentino". Pero no es por ninguna de estas cosas por lo que lo recuerdo; lo traigo aquí por haber confesado que su fama podría deberse, también, a "haber ordenado en el dialecto de nuestro tiempo las cinco o seis metáfora" fundamentales. Los columnistas nunca damos soluciones a los problemas del presente, pero sí nos empeñamos en hallar una de esas metáforas capaces de traducir los hechos al dialecto actual. Y pensé en el rabo de una lagartija, tras una semana de confusión extrema, en la que hemos visto al PP situarse a la izquierda de Ciudadanos, al PSOE, colocarse a la derecha del PP y a Podemos, ensimismado en su mansión; a Megan Markle, una feminista confesa, arropada por un predicador del amor, gesticulante y gritón, del que se reían las aristocráticas pamelas de Winsor. A Zaplana, de la corte de Aznar, el guerrero de la dura faz, detenido por un presunto delito fiscal y de blanqueo de capitales. A la Botín, líder del Santander, inquilina constante de los órganos de decisión y poder de su banco, enterándose de pronto de que en los consejos de administración hay pocas mujeres. A un president racista, haciendo de mamporrero de un capitán que abandonó el barco antes de que chocara con el iceberg, dejando a la tripulación y al pasaje, como gilipollas, con el agua al cuello. Pero fue al conocer la caída del PP y el auge de Ciudadanos, cuando me acordé de las lagartijas que cogíamos de pequeños en Loja para estudiarlas en clase de Ciencias. Aunque no tengo muy claro si cuando les cortábamos el rabo, les salía uno nuevo o si, a partir del rabo seccionado, se generaba un clon. Tampoco sé muy bien si Ciudadanos es el rabo de la lagartija, que crece y crece, o es la lagartija del PP a la que le ha crecido el rabo. Como Borges, me sentiría recompensado si se me recordara por haber inventado esta metáfora de reptiles.

lunes, 14 de mayo de 2018

Nunca supe si Celestina era una dulce niña o una verdadera burra.

De "Diario.es"

Hay que estar atentos, como recomienda el apóstol San Pablo, porque el demonio, como león rugiente, da vueltas a nuestro alrededor, buscando la ocasión de devorarnos. Pero mientras ese momento llega habría que hacerle llegar a la profesora ecofeminista Angélica Velasco, que relaciona la violencia machista y el maltrato animal, el poema de Alberti por si quiere integrarlo en alguna de sus presentaciones de Power Point. De mí sé decir que de niño andaba muy enamorado de mi burra Celestina. Y de alberti, que en su "Época vegana" compuso el poema "Buster Keaton busca por el bosque a su novia, que es una verdadera vaca"(1929), del que transcribo a continuación un fragmento que nos ofrece a Keaton sumido en la duda de si su novia -Georgina- es una dulce niña o una verdadera vaca. 
[...] ¿Eres una dulce niña o una verdadera vaca?

Mi corazón siempre me dijo que eras una verdadera vaca.
Tu papa, que eras una dulce niña.
Mi corazón, que eras una verdadera vaca.
Una dulce niña.
Una verdadera vaca.
Una niña
Una vaca.
¿Una niña o una vaca?
O ¿una niña y una vaca?
Yo nunca supe nada.
Adios, Georgina.
(¡Pum!)

jueves, 10 de mayo de 2018

Pobres pero honrados

Burgueses de  Siena
No sé en qué prontuario marxista o en qué manual de historia social de la Literatura leí que el viejo honor caballeresco y feudal tuvo que hacer sitio, en plena Edad Media, a una nueva virtù -a un valor nuevo- la onestà burguesa, el honor del mercader, que venía a competir con la nobleza de sangre, la nobilitas aristocrática. Y que fue en la Italia bajomedieval, con su mosaico de florecientes repúblicas y señorías urbanas, donde comienza a construirse e implantarse este nuevo concepto, estrictamente laico, asentado sobre el poder que otorga el dinero, frente al que, en el antiguo régimen, confería la sangre y la Iglesia. La honestidad, regirá las relaciones de comerciantes, artesanos libres y personas no sometidas a la jurisdicción señorial. Alguna de sus reglas: respeto a la palabra dada, pago puntual de las mercancías, usura prudente, respetar a las mujeres casadas para no liar las herencias ni meter en casa genes callejeros… No me extenderé en esto, que ya lo hizo W. Shakespeare en El mercader de Venecia, y para que me voy a meter en camisa de once varas. Sí conviene decir que esta virtud de burgueses y comerciantes adinerados, después, se convirtió en un modelo para los pobres, que no tenían nada que vender ni nada que comprar ni genes que blindar. Marx y Engels lo explicaron así: "Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante". ¿De qué les sirve a los pobres ser honestos como buenos burgueses? Más bien les perjudica. Tendrían que ser radicalmente deshonestos con los ricos, con los explotadores. Y dirán ustedes, y con razón, ¿y a qué viene este coñazo mañanero? Pues porque los últimos sondeos del CIS me han llevado a hacerme esta pregunta en mi fuero interno -que es donde uno se hace las preguntas-: ¿cómo seguimos votando a partidos que nos roban sistemáticamente? Y es que la apropiación indebida de dinero público se ha convertido en la virtù de nuestros gerifaltes. Y a nosotros, como muy bien explicaron Marx y Engels, los que nos roban y nos dominan, han terminado por meternos en la cabeza que lo que nos conviene es que nos sigan robando. Y que deberíamos imitarlos, aunque carezcamos para hacerlo de las ganzúas que a ellos les sobran.

lunes, 7 de mayo de 2018

¿Memoria Histórica? ¿Memoria Futura?

Y yo me pregunto _en mi interior, que es donde uno se pregunta estas cosas_ ¿hay alguna memoria que no sea histórica, que no se refiera a un "relato" (como se dice ahora) de hechos que pasaron? ¿Hay memoria futura, de hechos que todavía no han sucedido? ¿Existió el feminismo en el siglo XV, o es un fenómeno más reciente? ¿Podemos llamar "feminista", como han hecho algunos críticos, al debate que mantienen Torrellas y Brazaida, abogado, el primero, de Grisel, y abogada, la segunda, de Mirabella, en una novela sentimental del siglo XV? Pese a que se oiga en boca de Brazaida algo tan moderno como que son los hombres los que hacen las leyes y también los que las aplican (son juez y parte). ¿La novelista del XVII María de Zayas escribe sus relatos desde una perspectiva de género, como si hubiera asistido a alguna tertulia con Zapatero? A veces estamos tan llenos de razones que nos olvidamos de que el lenguaje debe ser preciso si queremos convencer a alguien y que nos tomen en serio.